Shabbat: Kislev 18, 5767; 9/12/06
Un comentario de la Parashá Vaishlaj (Bereshit 32:4 – 36:43)
Para vivir con plenitud
Dice nuestra parashá:
«Entonces Iaacov [Jacob] dijo a su familia y a todos los que le acompañaban: -Quitad los dioses extraños que hay en vosotros, purificaos y cambiad vuestros vestidos.
Levantémonos y subamos a Betel; allà haré un altar a Elokim, que me respondió en el dÃa de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado.»
(Bereshit / Génesis 35:2-3)
El patriarca se dirige a sus hijos y a los «conversos» que les acompañaban.
A los de su estirpe les ordena que eliminen las estatuas de los dioses falsos del botÃn capturado a la ciudad de Shejem. Recién culminó la batalla en contra de esa ciudad, y los vencedores tomaron botÃn, el tesoro de los despojos. HabÃa muchos objetos de finas joyas y metales onerosos, entre estos también habÃa Ãdolos. Recordemos que en la tierra de Canaan la corrupción era grande, la gente estaba hundida en el fango de la creencia en falsos dioses, su conducta era inmoral en grado sumo. Dedicaban su existencia a lo perverso, sin piedad, sin pausa, sin retorno.
El patriarca no admite ni siquiera una partÃcula de ofensiva idolatrÃa entre los suyos.
Todo lo enfermo tiene que ser extirpado, para que lo puro alumbre con su hermosa claridad.
Sin manchas, sin heridas, sin escombros, sin arrugas, solamente la pureza de la espiritualidad pura, lÃmpida, la que aúna con el prójimo y vivifica el lazo con el Eterno.
Por esto también le ordena lo mismo a los «conversos», a los que aceptaron el mensaje del noajÃsmo que el patriarca llevaba.
En aquel antiguo mundo, tal como en el nuestro, existÃa el noajÃsmo, la única espiritulidad que el Eterno decretó para las naciones del mundo. Y en aquella época, tal como en ésta, la gente se perdió de ese precioso camino, se desviaron detrás de sus creencias, de sus religiones, de sus falsas espiritualidades. Los patriarcas judÃos servÃan como faro para las naciones, para que los gentiles redescubrieran su senda, el abrazo con el Eterno. Es por esto que habÃa «conversos», que en realidad eran «retornantes», gente que volvÃa al buen camino del Padre celestial.
Eran por propia decisión fieles al Eterno y por tanto habÃan limpiado su alma de Ãdolos y falsas creencias.
Sin embargo, entre estos noájidas habÃa algunos que se guardaron sus Ãdolos, no con el fin de adorarlos o rendirles culto, sino como recuerdos sentimentales, o por su valor de mercadeo.
Hace pocos meses, estuve de visita en una comunidad de gentiles retornantes en el Táchira, Venezuela.
Era una nueva comunidad de noájidas, que antes habáin sido cristianos que se hacÃan pasar por judÃos, y se autoproclamaban como «mesiánicos», de la siniestra organización AMI.
Algunos de estas buenas personas retornantes, de estos valerosos gentiles que descubrieron su identidad de noájidas, me preguntaron si podÃan conservar los CDs de música «cristiana» alias «mesiánica», o las «biblias» crasamente traducidas por cristianos y que tiene acoplada esa farsa mitológica que llaman «nuevo testamento». La respuesta fue un rotundo, unánime e inamovible: «NO. Absolutamente no deben quedarse con esas cosas. Sino que deben quitar todos los dioses falsos de su interior. Hasta esos falsos dioses que se presentan en ropajes de santidad, con nombres de pureza, con ideales de superación, pero que no dejan de ser los corruptos e infames dioses de la inmundicia. Todo eso debe desaparecer de la vida del fiel a Dios (en realidad, debe desaparecer del mundo).»
Y de acuerdo a esta enseñanza procedieron los buenos y nobles retornantes. Extirparon los residuos de su manchado pasado.
Es que, tal como aprendemos del patriarca en nuestra parashá, estas cosas tampoco deben quedar en posesión de un devoto del Eterno, pues el objeto idolátrico desprovisto de su simbolismo religioso nefasto, igualmente sigue siendo perjudicial para la salud espiritual e integral de la persona y la sociedad. Todo rastro de la hedionda idolatrÃa debe desaparecer, hasta el último rincón debe estar purificado de la inmundicia idolátrica. Se la reverencia o no, se crea en ella o no. Todo esta podredumbre debe expulsarse de nuestras vidas, los objetos y especialmente las ideas y creencias enfermizas de la idolatrÃa.
De no ejecutarse esta limpieza obsesiva, no se recibe todo el influjo de bendición desde lo Alto. Cada cosita idolátrica que poseemos, es como un gran paaraguas abierto que no deja fluir la pura lluvia de bienestar graciosamente venida de los Cielos.
Tal es lo que expresa la Torá.
Prestemos atención a las palabras del patriarca: Quiten los dioses, purifiquense, cambien sus ropas de muerte y recién entonces podemos levantarnos e ir al lugar para adorar al Eterno y recibir Su respuesta.
Antes no.
Pero, tú que eres completamente leal al Eterno, que sigues Sus mandamientos, que conoces Su Torá, que no afeas tu alma con la podredumbre de la idolatrÃa explÃcita. Tú que jamás teñirÃas tus manos con la suciedad de estatuas de falsos dioses. Para ti también es este mandato del patriarca. Porque hay otras máculas que impregnan el alma y quitan su pureza. Está la ira, el afán desmedido por dinero, el orgullo, la corrupción, el engaño, la inmoralidad, la falsedad, la impaciencia, en fin una serie de conductas negativas que apartan a la persona de la senda correcta, y que en alguna medida se asemeja a la idolatrÃa, tal como enseñan nuestros sabios en el Talmud (Shabbat 105b).
Asà pues, ya lo sabes, debes buscar en tu interior y en tu conducta aquellos objetos, hechos, sentimientos, pensamientos, creencias que pueden ser idolátricos, es decir, que falsean tu relación con el Eterno. Y si los encuentras, tu deber es extirparlos de raÃz, sin compasión.
Elimina todo atisbo de falso dios, y vivirás plenamente.
¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Qué sepamos construir shalom!
Moré Yehuda Ribco
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