Categoría: CTerapia

  • El consejo diario 611

    Algunos disfrutan de sus siete años de abundancia,
    para luego penar en el tiempo de la miseria.

    Otros llegan a limitarse hasta la penuria rodeados de plenitud,
    con tal de prevenirse para los postreros años de pobreza.

    Y están los que viven de manera espiritual,
    que disfrutan de lo permitido cuando está al alcance,
    se apartan de lo prohibido,
    y cuando llega la hora oscura,
    han ahorrado con sabiduría e ingenio,
    así disfrutan también entonces.

    ¿Cuál es el mejor ahorro, para este mundo y la eternidad?
    Construir SHALOM siempre.

    Ten presente este consejo, tanto para las cuestiones “mundanas” como las espirituales.

  • Enfocarte y triunfar

    Sentimos impotencia, que es algún no-poder, entonces automáticamente se dispara el EGO con sus reacciones.

    Éstas nos llevan a aparentar una fortaleza externa, que no coincide con la debilidad interna. Es solo una máscara, no una realidad. Por tanto, a través de esta impostura de poder estamos embarcados rumbo al fracaso. Sin embargo, puede parecer un mecanismo provechoso, ya que en la actuación de dominio alguno podría, efectivamente, llegar a dominar alguna cosa, aunque solo fuera de manera agresiva, hostil, dictatorial, amenazante, opresiva. Es la estrategia perversa que emplean sicópatas y otros atrevidos para someter al prójimo a vejámenes, maltratos, hostigamientos, esclavitud, y similares.

    Pero también las reacciones automáticas del EGO nos pueden llevar a sumergirnos en la impotencia, aumentarla, a dejar de lado todo disfraz de control para mostrarnos (interna y/o externamente) inseguros, dudosos, empobrecidos, incapaces, inútiles, temerosos, cualquiera fuera la manifestación usada para representar la impotencia. También este camino es de fracaso. Pero con él no se controla directamente, sino a través de trucos, manipulación, engaños, generar lástima, mortificar con lamentos y similares.

    (Serviría que pensaras ejemplos de cada uno de los dos modos, porque a través de ellos tal vez se comprenda más claramente lo que expresé recién.)

    Obviamente que ambos modelos de comportamiento mantienen a la persona, y generalmente su entorno, bajo el mando del EGO.

    También se aprovecha el EGO del miedo, que siempre es una anticipación de un no-poder, el cual aquí y ahora es inexistente.
    Para no dar energía al EGO, que utiliza en nuestra contra, lo mejor es darse cuenta del miedo, admitirlo, y no proveerle más de energía. ¿Cómo? ¡Enfrentándolo!
    Recuerda, aquello que temes no existe en este momento, es solamente una fantasía a futuro.
    Cuando deja de ser una fantasía futura y está aquí y ahora, entonces ya no es más miedo, podría ser susto, angustia, desesperanza, pero no más miedo.
    No regales tu energía, que es tu vida, por cosas que no tienen valor.

    En ocasiones ni siquiera precisas enfrentar aquello que temes, sino sencillamente quitar el foco y concentrarte en lo que realmente te da placer, satisfacción, alegría, bienestar, o simplemente es tu deber.

    Este tema es de una profunda raíz espiritual, aunque no se esté repitiendo párrafos de textos bíblicos, ni se memoricen lemas de sabios renombrados.
    Aunque el carente de sentido no comprenda su poder espiritual, aquí está para el que lo sabe y quiera aprovechar.

  • ¿Prédica de Torá?

    Si el propósito del estudio de Torá esta anudado a los deseos del EGO, no hay un estudio real, pese a que se repitan correctamente textos bíblicos, o se citen explicaciones que, en principio, son acertadas.

    ¿Cuáles son esos deseos?
    Obtener atención para de esa forma sentir que se tiene algún poder que mitiga el sufrimiento por ser impotente.
    Se puede pretender atención y poder engordando el ego (con minúscula), creyéndose mejor y superior a lo que realmente se es, y entonces decretar que se le debe respeto, honor, pleitesía, pagos, etc. Se recurre a gritos, amenazas, presiones, violencia, insultos, hostigamiento, o cualquier otra acción o actitud que haga sentir que uno es fuerte, cuando no lo es, en tanto la “víctima” está en situación de desventaja.
    O se puede pretender esa atención y poder apocándose, degradándose, para conseguir lástima, servilismo por obligación “moral” de parte de aquel que deberá socorrer al abrumado, no por voluntad genuina de hacer el bien, sino a causa de la manipulación que le ha atrapado.

    Este deseo también aparece cuando se plantea estudiar Torá, así como al ejercicio de cuestiones ritualistas, sean que correspondan a la propia identidad espiritual (noájica o judía) o no.
    Así, no se está andando por la senda espiritual, de lealtad a los mandamientos, de construcción de SHALOM por medio de acciones de bondad y justicia; sino usando lo sagrado de manera profana, como instrumento de engaño, para pervertir, para esclavizar.

    Por esto, aunque se aprenda de memoria pasajes y libros, aunque se obtenga una inteligencia referencial, el resultado no enriquece ni permite hacer brillar la Luz de la NESHAMÁ (espíritu).
    Es importante reconocer que llenarse de información no es sinónimo de haber alcanzado el conocimiento, ni habla de estudio, ni hace sabio al que cree poseerla. Porque, si bien sabio es aquel que sabe; en lo que respecta a Torá la sabiduría no se circunscribe a un aspecto meramente intelectual, sino que debe irradiar y ser auténtico en todas las dimensiones de la persona.

    Aunque, recordemos que en la sagrada tradición se nos enseña que en ocasiones uno actúa un mandamiento, o ejecuta una acción positiva, pero sin estar motivado sinceramente en hacer la Voluntad Divina; y que al final, de tanto actuar aparentando lo positivo, uno termina andando virtuosamente por el camino correcto.
    Pero, para que esto suceda realmente, es imprescindible que la acción no sea excusando malas intenciones, porque en ese caso difícilmente se endereche lo torcido. Por ejemplo, un pastor que se disfraza de lo que considera “rabino”, para de esa forma predicar su idolatría, con un talit sobre la cabeza, tartamudeando frases que parecen hebreas, haciendo malabares para declarar sagrado lo que es malvado; ciertamente que será casi imposible que encuentre la senda espiritual o conduzca a alguien a ella así. Porque, está motivado por el mal, para corromper, para burlar, para adorar al EGO; lo cual dudosamente termine en encontrar la LUZ.
    ¿Se comprende la idea?
    Es importante tenerlo bien claro, no confundirse.

    No hay que dejarse deslumbrar por aquel que ofrece información, incluso aunque parezca verdadera. Porque el astuto lobo sabe usar un par de frases ciertas, para así esconder el resto del discurso falso y hacerlo pasar por bendito. Más que el disfraz o la repetición de lemas, es imprescindible encontrar qué está motivando la acción, si el EGO o la NESHAMÁ.
    Hay que ser muy cautelosos, porque está lleno, repleto, plagado, de falsos rabinos, falsos maestros, falsos cabalistas, falsos eruditos, falsos, pero que aprendieron un par de palabritas, dibujan interesantes esquemas, saben vender su porquería como si fuera oro y lo cobran con la esclavitud y sometimiento de sus seguidores.

    (Basado en el comentario de Elizabeth Fernández en http://fulvida.com/2015/12/01/estudio-bblico/#comment-62243)

  • Bondad infinita

    Una enseñanza sagrada desde tiempos inmemoriales es encontrar el equilibrio saludable entre la bondad y la justicia, para así desarrollar una vida de plenitud.
    A esto lo denominamos como “construir SHALOM”.
    En palabras, pensamientos y acciones; en cada momento de la existencia.
    Es una tarea pesada, sumamente difícil, pero que sus resultados son enormemente favorables.

    Cuando las personas se manejan exclusivamente con bondad, se ponen en problemas y/o generan inconvenientes a otros.
    ¿Por qué?
    Porque la bondad sin justicia no conoce de límites.
    Por lo cual, la gente se aprovechará y explotará la evidente debilidad del “bueno”, que en realidad no está siendo tal, sino pasto para las fieras. Ni siquiera se precisa de alguien “malo” para aprovecharse, ya que al abierto desprendimiento ilimitado dispone al receptor a obtener más, a reclamar, a demandar, a convertirse en un foco de exigencias para saciar un apetito que parece no conocer fin.
    Pero también el bueno sin contención provoca otra dificultad, cuando ubica al receptor de la bondad en el lugar del dependiente, incapaz, necesitado. En lugar de generar disciplina de trabajo, responsabilidad, compromiso, esfuerzo por avanzar, lo que está provocando es una actitud pasiva, agobiada, falta de creatividad.
    Y surge también otro inconveniente, cuando en nombre de la falsa bondad, la cual es la ilimitada, se excusa cualquier conducta negativa, inventando el pretexto de “todo es bueno”, o “no se debe de juzgar”, o “el juicio es solo del Señor”, o consideraciones erróneas similares. Esto favorece la aparición de mayores conductas nocivas, escudadas en la defensa falta de ética del bueno sin límites.

    A todo esto, las emociones se contaminan por esta ecuación descoordinada.
    El agotamiento físico/material acompaña al emocional/mental. Porque somos humanos, tenemos límites impuestos por la realidad material. No tenemos capacidad para dar sin pausa, solo Dios es proveedor sin precisar algo que reemplace lo otorgado. Nosotros nos vamos consumiendo, apretados por la necesidad natural.
    Entonces, puede aparecer también la amargura, la decepción, la desesperanza, el enojo, la ira, el hastío y otros sentimientos pesarosos.
    Obviamente que éstos deben ser reconocidos, admitidos, hechos conscientes, para así tener una alarma que nos indique nuestra dificultad y tal vez realicemos las modificaciones oportunas para mejorar.
    Pero, como somos “buenos” no podemos hacer los cambios imprescindibles, ya que estamos disculpando la maldad, porque de lo contrario no seríamos tan buenos.
    Entonces, nos empecinamos en mentirnos y decir que no estamos mal, que estamos bien, solo cansados por cosas que no son el verdadero problema.
    O nos sentimos, además de todo, culpables, por ser tan “mala gente” por estar juzgando al prójimo, o por sufrir, o por ser incapaces de colmar el deseo insaciable del taimado receptor, o… no nos faltará motivo inventado para mortificarnos y hacernos presa fácil del EGO que nos esclaviza.

    ¿Así queremos vivir? ¿Ese es el “destino” para el que anhela compartir su bondad?
    Seguramente que el bien no existe para maltratar a quien lo expresa, ni para martirizar a otros.
    Por lo cual, es necesario aprender a usar el bien con bondad.
    ¿Cómo?

    La bondad DEBE estar limitada, codificada, balanceada por la justicia.
    Cuando el límite no existe, o se desdibuja con facilidad, la bondad deja de ser tal y pasa a ser un mal, más o menos encubierto.

    Cuando el bien se equilibra con la justicia, existe el SHALOM.

    Te dejo una tarea para que medites, si deseas y mucho mejor si compartes tus ideas con nosotros aquí.
    ¿Qué sucede cuando la conducta es la justicia extrema, sin equilibrio de bondad?
    Gracias.

  • Luz Espiritual

    Espiritual NO ES:

    • sentimientos,
    • meditación,
    • poses corporales,
    • música introspectiva,
    • música en general,
    • repetición de lemas,
    • memorización de pasajes,
    • pertenencia a una secta,
    • religión,
    • esclavizarse a los mandatos de líderes,
    • hablar de manera ininteligible,
    • murmurar constantes ensalmos, alabanzas, aleluyas o similares,
    • doctrinas esotéricas,
    • mística,
    • alejarse para estar solo y envolverse en contemplaciones de seudo divinidad,
    • vestirse de formas extrañas,
    • tener comportamientos alienados,
    • prácticas supersticiosas.

    Espiritual ES:

    • lo que resalta la conexión constante que nos une con el Eterno.

    Por tanto:

    • cumplir los mandamientos que nos corresponde (los siete de las naciones si eres gentil; los que te incumban dentro de los 613 para los judíos, si eres judío),
    • construir SHALOM, que es una actitud y acción de bondad Y justicia,
    • estudiar aquello que nos ataña de TORÁ, para apartar errores, consolidar el bien, conocer nuestra porción, dedicarnos a ello.

    El mundo, todo en él, es el lugar para ejercer la vida de espiritualidad.
    Sea cuando nos abstenemos de lo prohibido,
    o andamos con cautela ante lo que pudiera llevarnos al error,
    o para rescatar las chispas de divinidad en todo lo creado,
    o ejercemos nuestros deberes y potestades de manera leal.

    Por tanto, es bueno tomar conciencia de que toda la creación es parte del campo de desarrollo de lo espiritual.
    Como una línea sin cortes que une lo más etéreo con lo más grotesco, en todo ese tramo está la posibilidad de expresar nuestra conexión constante con el Padre Celestial.

    Algunas sugerencias:

    • estudia aquello que te nutre realmente de TORÁ, y que es apropiado de acuerdo a tu identidad espiritual,
    • conoce tu ser, en su multidimensionalidad,
    • integra tu multidimensionalidad sin quebrantos artificiales,
    • admite tus defectos,
    • acepta tus virtudes,
    • vive construyendo SHALOM, con bondad Y justicia, en todo momento,
    • haz TESHUVÁ,
    • controla aquello que está en tu dominio,
    • no te desgastes en pretender controlar lo que no puedes controlar,
    • deja fluir lo que es improductivo mantener asido,
    • vive aquí y ahora a pleno, con memoria y proyección saludable,
    • disfruta de lo permitido,
    • apártate de lo prohibido,
    • comunícate auténticamente,
    • sé simple,
    • agradece,
    • haz tu parte, es tuya y de nadie más,
    • siembra para recoger en esta vida y en la siguiente, pero no seas como el necio que sirve a su amo solamente a cambio de la magra paga,
    • ampara al desprotegido, pero no lo conviertas en un lisiado emocional,
    • conversa con el Padre Celestial.

    Con estas conductas seguramente la Luz de la NESHAMÁ (espíritu) poblará más tu existencia y la de tu entorno, apartará sombras del EGO, te hará crecer en verdad y poder.

  • La herida en el miembro

    La noche antes de encontrarse con su hermano, Iaacov lucha contra un “hombre”.
    Varias son las identidades que le han atribuido a esa presencia contenciosa, entre otras con su EGO (Ietzer haRá).
    Iaacov esta vez no escapó, ni elaboró excusas, ni evitó con estratagemas, sino que se enfrentó a lo que le aterraba y esclavizaba.
    Fue una batalla dura, pero finalmente prevaleció. Una de sus victorias fue adquirir un nuevo nombre, el que lo identificaría como triunfador, ISRAEL.
    Sin embargo, la batalla también resultó en una herida que le acompañaría, porque se perjudicó su nervio ciático, en hebreo denominado “guid hanashé”.
    Es esa zona que desde entonces los hijos del pueblo judío no deben consumir del animal kasher.

    Es muy interesante saber que nashé, como es denominado ese nervio, se asocia directamente con el nombre de uno de los que serían sus nietos y posteriormente una de las tribus de la nación judía: Menashé.
    Nombre que significa: “’Elohim me ha hecho olvidar todo mi sufrimiento y toda la casa de mi padre.’” (Bereshit / Génesis 41:51).
    Vemos que simbólicamente, o no, el guid hanashé es el órgano del olvido. Allí fue herido Iaacov cuando luchó contra su EGO.
    ¿Por qué?
    O mejor aún, ¿para qué?

    Una de las respuestas es para que aprendamos a recordar cuando es meritorio hacerlo y para que no se nos obligue a recordar por las malas.
    Mejor tener conciencia antes, sea de las memorias positivas o negativas, y tomarlas como modelo para una conducta constructora de SHALOM; en lugar de permitir que el olvido, la pereza, la desidia, la torpeza nos lleven al error y que se nos despierte la conciencia a través del sufrimiento.

    Quedó herido el miembro del olvido, para que lo tengamos presente y no permitamos a la tonta desmemoria conducirnos hacia la oscuridad.
    Seamos atentos a las historias de nuestro pasado, colectivo, familiar, personal, para estar sensibles a la  hora de felicitar, festejar, agradecer, pagar; también para ser cautelosos, sabios, compasivos, firmes, poderosos, emocionados.

    Que no nos obliguen a recordar por las malas.
    Que no nos despierten los golpes.
    Tengamos memoria y con ella construyamos SHALOM.

  • La huída de Iaacov hacía Israel

    Cuando leemos:

    «Iaacov [Jacob] engañó a Labán el arameo al no decirle que se iba.»
    (Bereshit / Génesis 31:20)

    Quizás podríamos suponer que al patriarca Iaacov le faltó valor para enfrentar a su tío/suegro para declararle que lo dejaba, para volverse a su hogar en la tierra prometida por Dios a su familia.
    Si no, ¿por qué habría de huir cual si fuera un ladrón?
    Sería la observación llana, obvia, casi infantil de la acción.
    Y tal vez sea la respuesta correcta que explique esta conducta.

    Pero Iaacov Abinu no era un niño, no actuaba como tal. Él tenía astucia pero también integridad. Podía engañar sin ruborizarse pero también reclamar por rectitud.
    Bien pronto luego de este párrafo él pondría de manifiesto su lucha interna, entre su EGO y su NESHAMÁ, en el episodio en el cual lucha una noche con un ángel. Combate del cual saldría victoriosa su Esencia, dejando en claro que los rostros que había estado usando en verdad ocultaban una NESHAMÁ pura, que estaba a cargo de su vida.
    Así pues, no podemos quedarnos con la sencilla explicación de imaginarlo un patancito abrumado por el miedo, que escapa para cuidar su dinero y su vida.

    Tal vez no temía por él, ni por sus posesiones legalmente habidas, sino por otros que pudieran resultar perjudicados por el proceder odioso del arameo.
    Eso es exactamente lo que Iaacov expresa:

    » -Yo tuve miedo, pensando que quizás me arrebatarías a tus hijas.»
    (Bereshit / Génesis 31:31)

    Está claro que Iaacov no estaba angustiado por sí mismo, sino por lo que pudiera ocurrirle a la gente inocente e indefensa a su cargo.
    Y si prestamos atención al texto, el temor del patriarca no es alejado de la realidad, pues Labán declara:

    «-Las hijas son mis hijas, los hijos son mis hijos y las ovejas son mis ovejas. ¡Todo lo que tú ves es mío! ¿Qué puedo hacer hoy a estas hijas mías o a sus hijos que ellas han dado a luz?»
    (Bereshit / Génesis 31:43)

    En la egoísta mente de Labán todo le pertenecía, incapaz de reconocer los límites, de aceptar el derecho, de vivir con justicia.
    Para él, nada era de Iaacov, ni tampoco de sus hijas.
    Según creía Labán, todo lo que estaba allí, lo material y lo humano, lo que conformaba la familia y posesiones de Iaacov.
    ¿Cómo lidiar con un sujeto así, explicarle y que acepte que la realidad es otra?

    Iaacov venía curtido de dos décadas de soportar hostigamientos, maltratos, engaños, burlas, acosos, robos por parte de Labán y sus hijos.
    Tenía muy claro que si le revelaba amablemente su proyecto de partir en paz y rodeado por su familia, así como con sus bienes, Labán lo impediría a cómo diera lugar. Sea a través de estafas, amenazas, agresiones, o cualquier otro mecanismo malvado a su disposición.

    Podría haber iniciado una apelación judicial Iaacov reclamando por su derecho a retornar a su patria, acompañado por su familia y por su bienes.
    Pero, no solamente la ONU actual está decidida a causar daños a Israel, sino también los jueces en la localidad de Labán se confabularían para beneficiar al pillo Labán en detrimento de la justicia y del derecho. Porque, cuando el EGO está a cargo, no hay bondad ni justicia, sino solamente ataques desde la impotencia para someter al ser/colectivo y así mantener cercada a la NESHAMÁ detrás de las murallas de oscuridad que siembra el pecado.

    No, Iaacov no podía esperar que el tribunal actuara con rectitud, estaba decididamente corrompido por la lujuria que proveía el arameo ricachón. Por lo cual, Iaacov debía afrontar la lucha frontal, que no temía, pero la cual resultaría en daños tremendos contra su familia y bienes. O podía actuar con astucia y evitar así males mayores.
    Claro, la moralina pamplinesca, seudo progresista y santurrona tendría motivos para acusarlo por su desviado proceder, ¡pero de qué vale la imputación de los corruptos y éticamente pervertidos!
    Hay momentos en los cuales se debe hacer lo que se debe hacer, sin esperar la miserable aprobación del infame o del apático.

    Y eso hizo el patriarca de Israel, tomó la decisión que evaluó como menos dañosa para todos los implicados.
    Creemos que acertó, aunque a primera vista surja la recriminación infantil con la que comenzamos este encuentro.

    Pero el Eterno dejó bien en claro:

    «Aquella noche Elohim vino en sueños a Labán el arameo, y le dijo: ‘Ten cuidado, no hables a Iaacov [Jacob] ni bien ni mal.’»
    (Bereshit / Génesis 31:24)

    Si Iaacov hubiera actuado incorrectamente, ¿no habría tenido Labán el derecho divino y humano para “al menos” recriminarle su acción?
    Evidentemente que así es.
    Pero, Elohim pone en claro que él no tiene ningún derecho aquí, nada para reclamar, ni siquiera algo para elogiar.
    Silencio debería haber sido el único discurso de Labán ante “la ONU” al respecto de Israel.
    Pero, Labán no pudo con su malgenio e incumplió la orden directa del Creador para tratar de embaucar nuevamente a Israel y llevarlo a la perdición.
    Pero esa, ya es otra historia.

  • La senda del guerrero espiritual

    Encontramos en la Torá que Iaacov Abinu amaba a Rajel Imenu, pero no era así con su primer esposa Lea Imenu, a la cual no amaba tanto ni tampoco consideraba atentamente.
    No está sugerido, sino explícitamente redactado:

    «Iaacov [Jacob] se unió también a Raquel [Rajel], y la amó más que a Lea. Y trabajó para Labán otros siete años.
    Viendo el Eterno que Lea era menospreciada, le concedió hijos.»
    (Bereshit / Génesis 29:30-31)

    «Y dijo Lea: ‘Elohim me ha dado un buen regalo. Ahora me honrará mi marido, porque le he dado seis hijos.’»
    (Bereshit / Génesis 30:20)

    ¿Es extraño que ese fuera el sentimiento de Iaacov por Lea?
    Recordemos que ella participó activamente del engaño, cuando Labán le dijo que ocupara el lugar de su hermana al momento de desposar a Iaacov.
    Ella podría haber dicho algo, insinuado alguna cosa para advertir a Iaacov, pero escogió callar y hacerse pasar por otra hasta que las luces de la mañana develaron su verdadera identidad.
    Sí, Iaacov bien podría estar resentido con ella.
    Igualmente la perdonó, se mantuvo a su lado, fue un marido digno, aunque no expresara amor ferviente, sin embargo está escrito que “la amo”, aunque no tanto como a aquella que verdaderamente amaba, que era Rajel. Mantenían contacto íntimo y una relación habitual, ¿qué tan diferente a la de tantos matrimonios monógamos de la actualidad?
    Hablando de Rajel, ella también fue cómplice del engaño en la noche de bodas, sea por temor al padre o piedad por su hermana, lo cierto es que tuvo una participación en la tramoya contra su pretendiente, aquel que le había dedicado fielmente siete años para merecer desposarla (y luego dedicaría otro tanto más).

    Por otra parte, tal parece que en el idioma de la época del Tanaj cuando un hombre tenía más de una esposa, aquellas que no eran la principal se denominaban como “despreciada” (Devarim / Deuteronomio 21:15), aunque no hubiera en realidad menosprecio, ni maltrato, ni rechazo ni cualquier otro sentimiento vil hacia ellas. Pero, al existir una que ocupaba el lugar principal, por el motivo que fuera, las otras necesariamente estaban en una situación secundaria.
    Es triste que haya sido así, por eso alegrémonos que ahora (y desde hace milenios) en el judaísmo se prioriza la monogamia así como la estricta fidelidad matrimonial de ambos cónyuges.

    Con cada nombre que Lea ponía a sus hijos, vemos en el texto de la Torá que ella amaba a su marido, lo deseaba, requería su presencia, y en parte por ello se dolía de esa distancia emocional que los separaba.
    Sí, también la competencia con su hermana, la preferida. Sí, también le dolía, sea porque anhelaba para ella a su marido, sea porque no quería estar en desventaja con su hermana. Como fuera, el marido era un atractivo para ella, alguien a quien “conquistar”, para ser amada y amar.
    ¡Qué difícil que es el humano!

    Y en estas relaciones atormentadas, encontramos:

    «Viendo Raquel [Rajel] que ella no daba hijos a Iaacov [Jacob], tuvo envidia de su hermana y decía a Iaacov [Jacob]: -¡Dame hijos; o si no, me muero!
    Entonces se encendió la ira de Iaacov [Jacob] contra Raquel [Rajel], y le dijo: -¿Estoy yo en lugar de Elohim, que te privó del fruto de tu vientre?»
    (Bereshit / Génesis 30:2)

    Sí, es difícil ser humano. Estamos tan limitados. Aunque tengamos confianza en el Eterno, recemos, seamos bondadosos y justos, aunque nos dediquemos a construir SHALOM, las limitaciones nos recuerdan nuestro carácter pasajero, nuestra impotencia.
    A veces estallamos, cuando el EGO se dispara con sus respuestas automáticas e inconscientes.
    En oportunidades podemos dar un paso atrás, al darnos cuenta de que “hemos metido la pata”. Porque existe la TESHUVÁ, el arrepentimiento sincero.
    Y en esta ocasión parece que estamos ante el EGO de ambos, una sintiéndose morir por no ser parte de la conformación de la nación de Israel, pero también por cosas más cotidianas, como la incapacidad de dar a luz, como estar en desventaja con respecto a su hermana.
    El otro por no tener empatía por el dolor de su esposa. ¿De qué sirve mencionar a Elohim si no se vive de acuerdo a Su Voluntad? ¿De que sirve llenarse la boca de alabanzas, amenes y aleluyas cuando se es incapaz de demostrar humanidad hacia el prójimo, y especialmente a la propia esposa, quien sufre por su circunstancia?

    A pesar de tanto drama, tan real y sincero, tanto Lea como Rajel podrían haber expresado su descontento hacia su marido, tal como sentían desprecio verdadero, hacia su padre y que está explicitado en Bereshit/Génesis 31 del 14 al 16.
    Pero no lo encontramos, por el contrario, es una familia que se está construyendo con altibajos pero con el compromiso de permanecer unidos.
    Y sin embargo, tampoco encontramos que Iaacov se esforzara por contener las disputas entre sus mujeres, o el descontento que generaba con sus preferencias manifiestas.
    ¿Será que no sabía cómo hacerlo? ¿Acaso él tenía experiencia con mujeres, o algún sicólogo o asesor a mano para consultar? ¿Tal vez eso era lo corriente en su época y lugar?
    ¿Tal vez ni siquiera tenía conciencia de lo que estaba sucediendo? ¿Acaso él estaba todo el día en casa para saber qué pasaba tras bambalinas?
    ¿Habría alguna otra explicación para esto? ¡Seguramente que varias más!
    Quizás algo en su propia crianza, con sus conflictos con su hermano, con su obediencia permanente a su madre, con su engaño a su padre, con su cautela para no ser maldecido en lugar de actuar por derecha para ser bendecido (Bereshit/Génesis 27:12).

    La Torá no quiere que tengamos imágenes fantasiosas de nuestros antepasados, ni oculta eventos relevantes pero que pueden mostrarlos en sus puntos oscuros.
    Ciertamente escoge la Torá el relato fiel, sincero, aunque pueda incomodar.
    Porque nuestros ancestros son personas, no personajes mitológicos; personas comunes, aunque destacadas.
    Por ello vemos estas narraciones con ojos compasivos, comprensivos, atentos, no buscando señalar y acusar, ni pretendernos superiores en algún aspecto.
    A diferencia de los inquisidores religiosos, debemos encontrar en estas historias las enseñanzas que nos motive a construir SHALOM, con acciones concretas de bondad y justicia, siendo leales al Eterno.
    La Torá nos está enseñando que tenemos nuestra tarea por hacer, y tendremos altibajos. Caeremos en situaciones de impotencia y responderemos desde el amargo EGO. Saldremos victoriosos, pero luego también caeremos bajo las insinuaciones del EGO. Porque somos humanos y como tales debemos vivir. Sin depender de milagros, sin esperar que una mano mágica nos rescate o nos sostenga en todo momento. Porque no es ese el camino espiritual.
    El camino espiritual está esbozado en estas palabras:

    «Él (ángel) le dijo: -No se dirá más tu nombre Iaacov [Jacob], sino Israel; porque has contendido con Elohim y con los hombres, y has prevalecido.»
    (Bereshit / Génesis 32:29)

    El hombre espiritual deberá contender, luchar, contra Elohim (Dios, dioses, ángeles, jueces, líderes, seres con poder) y contra hombres comunes, y prevalecer en la lucha.
    Porque no está en la pasividad mortuoria de la fe religiosa la respuesta, sino en la conciencia del Eterno, la certeza y confianza en Él, a la que se le debe sumar la acción de construcción de SHALOM.
    Como un gran, pequeño, personaje nos lo mostró en su momento:

    «Entonces David dijo al filisteo: -Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. Pero yo voy contra ti en el nombre del Eterno de los Ejércitos, Elohim de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado.
    El Eterno te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré. Te cortaré la cabeza y daré hoy los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a los animales del campo. ¡Y toda la tierra sabrá que hay Elohim en Israel!
    También todos estos congregados sabrán que el Eterno no libra con espada ni con lanza. ¡De el Eterno es la batalla! ¡Y él os entregará en nuestra mano!
    Aconteció que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando al encuentro de David, éste se dio prisa y corrió al combate contra el filisteo.
    Entonces David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada en su frente, y éste cayó de bruces en tierra.
    Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, golpeó al filisteo y lo mató. Como espada no tenía en su mano, corrió David, se puso sobre el filisteo, y tomando la espada de éste, la sacó de su vaina y lo remató cortándole la cabeza con ella. Cuando los filisteos vieron muerto a su héroe, huyeron.»
    (1 Shemuel / I Samuel 17:45-51)

    Ésta, y no otra, es la forma de ejercer el verdadero poder.

  • Modos poco saludables de lidiar con el miedo al abandono

    Hemos estudiado muchas veces acerca del miedo, de su importancia en nuestra vida.
    También estudiamos acerca del miedo básico y de los cinco miedos fundamentales, que forman parte de todos los seres humanos.
    Hoy quiero detenerme brevemente en uno de estos cinco, en el miedo al abandono/soledad y en particular las creencias inconscientes que sustentan las acciones que se acometen para tratar de controlar este miedo y que llevan al dolor, a la desesperación, a la vida en oscuridad y falta de claridad emocional.
    Para entender cada una de éstas, debemos tomar en consideración tanto la estructura/organización síquica de la persona así como su crianza, puesto que somos seres complejos, multidimensionales, que no podemos ser explicados con etiquetas fijas.
    Por tanto, no todas las que presentaremos a continuación se adecuan para cualquier individuo en cualquier momento de su vida.

    1. No hay abandono porque no existe yo-otro.
      Es un  mundo confuso, caótico, quebrado y al mismo tiempo fundido.
      No hay posibilidad de distinguir entre individuos, pues todos somos parte de la misma mezcla.
      De hecho, ni siquiera se podría decir que en este estado de la consciencia existan individuos, sino tan solo una masa.
    2. No hay abandono porque yo soy otro.
      Mi creencia es que yo soy otro, un otro poderoso, amado, respetado, temido, anhelado, el cual no padece ni es abandonado.
      En caso de darse el abandono en la realidad compartida, la “real realidad”, ésta es ignorada, tal vez incluso ni siquiera es percibida como abandono. Se introduce dentro de la metáfora que se está viviendo y pasa a ser una observación más del poder supremo que se delira poseer.
    3. No hay abandono porque hay un Otro perpetuo que me ama.
      Si bien esta fantasía se sustenta en una realidad, la existencia del Eterno; se aparta de la realidad para convertirse en una vida alternativa, mística, negadora de los eventos compartidos o asumidos como mensajes extrasensoriales de una presencia mágica. Por supuesto que esto forma parte del corazón de las religiones y de creencias de similar tenor, que como sabemos son una construcción social del EGO que subvierte la naturaleza sagrada de la espiritualidad.
    4. No me puedes abandonar porque yo tengo el control.
      La persona fantasea y/o lleva a la práctica acciones que someten al otro a todo tipo de manipulaciones, extorsiones emocionales, agresiones, vejámenes, humillaciones, privaciones, en lo que se convierte en una relación de sometimiento.
      No sería raro que se llegara al crimen en este tipo de vínculos.
    5. No me puedes abandonar porque tú tienes el control.
      La persona se somete a otro, abandonado toda aspiración personal, identidad, deseo, derecho en pos de servir al deseo del otro.
      En esta relación no es extraño el suicidio y otras formas de autoeliminación.
    6. No me abandonas ni te abandono, porque merecemos sufrir.
      El vínculo es altamente inestable, padeciente y sin embargo se realizan sacrificios inimaginables con tal de perdurar en un relación que no tiene beneficio.
    7. No me puedes abandonar porque yo te abandono primero.
      O ni siquiera comienzo una relación.
    8. No me puedes abandonar porque no eres nadie en mi vida.
      Estoy en una relación pero hago de cuenta, y me creo, que no me afecta ni es un elemento relevante en mi vida.
      Si se va, es como si pasara un ómnibus en la calle.
    9. ¿Abandonarme? ¡Es algo evidente!
      Hago y dejo de hacer todo lo posible para resultar detestable, poco atractivo, repudiable, abandonable así no sufro por el motivo verdadero cuando éste se diera.
    10. Merezco ser abandonado.
      Declaro que no temo a la soledad, al menos eso es lo que digo, puesto que excuso los abandonos a los que me veo sometido, ya que me declaro culpable de merecerlos.
    11. Si tú te vas, que seas feliz.
      Canto y festejo el abandono, antes y/o después del mismo, porque enumero razones y motivos para que se produjera y las ventajas de la nueva situación.
      En el fondo, estoy roto, como muerto, en impotencia pero fingiendo una realidad que es falsa con tal de no quebrarme en una realidad que es cierta.

    Hasta aquí la breve lista de modos poco saludables de creer/obrar con respecto al miedo al abandono.
    Será un honor si compartes conmigo tus comentarios y si te animas también tus experiencias.

  • Hablar asertivo y bienestar

    Hay zonas del Sistema Nervioso (SN) que no distinguen entre realidad y ficción, sino simplemente reaccionan automáticamente a partir del estímulo que están recibiendo de afuera.
    Es por ello, por ejemplo, que cuando estás viendo una película de terror te asustas. Porque una parte de tu SN está consciente de que estás cómodo y seguro en tu casa, o en la butaca del cine, pero la otra parte no tiene cómo hacer esa contextualización. Ésta simplemente reacciona de acuerdo a lo que recibe del estímulo. Entonces, saltas por el susto por tal escena de la pantalla, aunque sigues acomodado y sin padecimientos mirando una película que en nada realmente te está afectando.
    ¿No te está afectando “realmente”?
    Pues, ¡por lo visto sí!
    Tu realidad también se compone de varios factores, entre otros de como tú percibes y como tú interpretas.
    Por tanto, cuando te encuentras en una situación imaginaria de estrés, tu cuerpo responderá estresándose; si es de ataque, defendiéndose; si es de pesadilla, agobiándose; etc.

    Esas porciones pequeñitas pero poderosas de tu SN sueltan un inmediato «amén» a todo lo que dices y se ponen en el estado que tú te has condicionado con tu decir.
    Es por ello que actúas, sientes, piensas, y sigues hablando movido de acuerdo a la realidad que tú mismo te has creado con lo que dices.

    Si te llenas de palabras negativas, estás generando un contexto de impotencia, por lo cual te introduces en un estado propicio para esclavizarte al EGO.
    Aunque tus dichos no se cotejen objetivamente, recuerda que esa porcioncita del SN no la puede distinguir de la realidad, sino que admite que eso que has dicho es la realidad.
    Por lo cual, si te tratas de estúpido, te sentirás, actuarás, hablarás y empezarás a pensar como tal.
    Si dices que eres un perdedor y que todo te sale mal, ¿cuál crees que será la respuesta de tu automatismo?

    Te has condicionado a una existencia acorde a como las has expresado.
    Cuidado, no supongas que esto es una mojigatería mística, porque en realidad es neurociencia.

    Siendo así, si crees que no puedes, y lo expresas, seguramente que no podrás.
    Y, si dudas si puedes, pero dices que no puedes, seguramente que no podrás.
    Y, si dices, con mayor o menor convicción, que sí puedes, es muy probable que puedas realmente, aunque el resultado final no depende totalmente de ti (es que somos limitados y el hablar asertivo no modifica el universo a nuestro antojo, pero sí modifica nuestra respuesta ante él).

    Ten presente, en gran medida armamos nuestra experiencia por como la interpretamos y por como la describimos.

    Entonces, exprésate positivamente, incluso cuando pareciera que no hay a simple vista mucho para hacerlo.
    Así estarás sintonizado con aspectos saludables en ti, que buscan el crecimiento, la armonía, la estabilidad.
    Con esa convicción fortalecida por tu buen hablar, estarás en condiciones de hacer tu mejor parte, y el resultado júzgalo también positivamente aunque no fuera el esperado.

    Hablar positivo, te llevará a pensar, sentir, actuar y decir más en positivo.
    Sé asertivo en tu discurso, busca los puntos fuertes para destacar, aunque sinceramente no pienses tan positivamente; pues como resultado terminarás desbloqueando la LUZ que te aligerará el pensamiento de oscuridades innecesarias.

    Y si no aprendiste a hablar bien de ti, como un pasito hacia el lado correcto, al menos deja de expresarte negativamente.
    Si no tienes nada bueno para decir, nada digas.

  • Tener la última palabra… ¿no?

    Un querido amigo y discípulo, Edgar, publica textos de mi autoría en Facebook de manera constante.
    Es una forma que tiene para compartir el buen pan espiritual y hacer el bien a más personas.
    Aprovecho ahora para agradecer una vez más tu incansable y desinteresada labor, eres ejemplo e inspiración para los nobles noájidas que aprenden de ti en tu México querido, como en todas partes gracias a la magia de la tecnología.
    Que el Eterno te dé de todo lo bueno y más también.
    Que el nuevo proyecto de expandir el noajismo puro y sagrado en México prospere con tu liderazgo intachable.
    Gracias.

    Uno sus recientes posts en FB consistía en un párrafo de mi artículo “Haciendo valer la relación” (el cual te recomiendo leer, estudiar, vivir, compartir y agradecer):

    Atiende cuando hablen contigo.
    El otro y su mensaje debiera ser tu foco de atención en ese momento.
    No estar pensando en qué responderle, mucho menos cómo rebatirle, y aún menos que decir para tener la última palabra.”

    Otro de mis apreciados amigos comentó ahí, en Facebook: “Ceder al otro la última palabra”.

    Cuando lo leí, de inmediato respondí: “No necesariamente.
    Tampoco ceder es el verbo
    ”.

    Como no me expliqué, quisiera hacerlo ahora brevemente.

    Cuando estamos comunicándonos auténticamente no pretendemos disputar por el poder con el otro.
    No somos contrincantes.
    No buscamos vencer, ni tener razón por sobre la verdad, ni aplastar al otro, ni hacer del diálogo un ejercicio del EGO monologante.

    Cuando nos comunicamos auténticamente estamos construyendo SHALOM, es decir, obrando con bondad y justicia.
    La intención es expresarnos al tiempo que comprendemos lo que el otro quiere expresar. Obviamente que somos limitados, tanto en conocernos a nosotros mismos, ¡cuánto más en conocer al prójimo, así como al lejano!
    Por lo cual, habrá puntos ciegos, tanto en lo que es propio como en lo que es del otro.
    Por ello, debemos andar con cuidado, para no herirnos, ni a uno, ni al otro, ni a ajenos.
    Pero, que ello no sirva como excusa para dejar de ser auténticos.

    Entonces, cuando nos hablen, atendemos.
    Porque realmente queremos comprender al otro, luego sentir cómo lo que percibimos nos impacta.
    De allí encontraremos qué responder, pero no con preconceptos, ni tampoco desde la respuesta automática del EGO.
    Así, atender es un punto básico.
    Esto incluye el respeto, pero no lo es completamente, ya que el respeto implica otras acciones.

    Entonces, cuando estamos comunicando auténticamente no estaremos haciendo el gesto de ceder la última palabra, porque estaríamos actuando desde un preconcepto sin fundamento. La última palabra surgirá cuando deba ser y de quien venga. Seas tú o yo, eso no hace a la cuestión.
    Pero, si o planteamos como una exigencia a priori, la última palabra la debe tener el otro, entonces ya estamos encaminados hacia un desastre, porque estaremos incitados a no atender, a no corresponder, a no comprender, sino a permitir que el otro termine la charla.
    ¿Se comprende lo que estoy intentando enseñar ahora?
    Me encantaría saber cómo lo entiendes, para lo cual es necesario que me retroalimentes con tus comentarios en la zona dedicada para ello, aquí debajo del texto.

    Además de lo anterior, cuando está en uso el verbo “ceder”, estaríamos incurriendo en otro error comunicacional, y probablemente a cargo del EGO.
    Pues nos vemos en la posición de poder, aquel que cede a quien no está a cargo.
    Como si dependiera de nosotros esa concesión y no brotara naturalmente del desarrollo de nuestra charla.
    Entonces, no usurpemos el poder que no tenemos, no juguemos a tener el control que nos es esquivo.
    Mejor estemos plenamente involucrados en el proceso de comunicación auténtica, convirtiendo ese espacio de intercambio en uno de crecimiento, de construcción activa de SHALOM.
    Es de esta forma que los involucrados se ejercitan en su real poder, lo descubren en conjunto, lo aplican para el beneficio no egoísta.
    ¡Todo lo contrario a cuando somos manejados por las imposturas del EGO!

    Recuerda, el EGO busca (no es un ser, ni una inteligencia, ni un demonio, es una zona de nuestro sistema nervioso así como una “personalidad” que hemos ido creando) mantenernos en sentimiento de impotencia, para de esa manera someternos.
    Podemos sentirnos impotentes por estar en un estado de tal.
    O por creernos en control de aquello que no controlamos, por lo cual tarde o temprano nos toparemos con la maciza muralla que nos demuestre nuestra tremenda debilidad.
    Por ello, abstenernos la máximo de emplear las herramientas del EGO cuando éstas no son las indicadas es una demostración de fortaleza, salud y bienestar.

    Nuevamente te pido que compartas tu comentario, así puedo recibir un feedback que me ayude a seguir difundiendo estas enseñanzas.
    Además, agradezco que las compartas en tus redes sociales, sean las online o las del mundo “real”.
    Y si tienes ganas y posibilidad, colabora también económicamente con nosotros para que podamos seguir dedicando tanto tiempo, energía, esfuerzo, dedicación a esta sagrada tarea de despertar conciencias para ser mejores socios del Gran Socio.

    Hasta luego.

  • Haciendo valer la relación

    Atiende cuando hablen contigo.
    El otro y su mensaje debiera ser tu foco de atención en ese momento.
    No estar pensando en qué responderle, mucho menos cómo rebatirle, y aún menos que decir para tener la última palabra.
    Tampoco es prudente interrumpir, a no ser que la catarata verbal del otro parezca interminable y se convierta en una falta de respeto hacia ti estar soportándola. Porque, una cosa es ser comprensivo y amable, otra permitir que abusen de tu tiempo, tu confianza, tu conocimiento, tu presencia o lo que sea.
    Seguramente que si el otro actúa de esta manera tendrá sus motivos, ya que algo causa lo que acontece, pero no sé si te corresponde a tu indagar en ello o permitir que se extralimiten en tu bondad.
    Mejor te concentras para captar sus palabras, para comprenderlas, para ubicarlas en su contextos y para preguntar amablemente si te quedan dudas.

    El contexto del mensaje incluye aquello no verbal que lo acompaña, que suele tener una importancia fundamental, incluso más que las propias palabras expresadas.
    Sus gestos, sus miradas, sus silencios, la entonación, la postura corporal, todo ello forma parte del acto comunicativo.

    Pero, así también es de tu parte.
    Tus muecas, desinterés, tonos, etc. también están manifestando tu atención, tus sentimientos y/o pensamientos.
    Así también aquello que expresas verbalmente, por ejemplo si recargas las tintas en la criticonería, o en regaños, o en apesadumbrar y tratar de someter al otro por medio de la manipulación emocional. Mejor controla tu habla, no todo es para ser dicho, así como tampoco todo es para ser callado. Debes evaluar aquello que sirve para la real construcción de SHALOM, que se consigue con obras de bondad y justicia.

    Dicho lo anterior, recuerda, no supongas sus intenciones, y si lo haces cerciórate de que no respondes a partir de tu prejuicio.
    Mejor es preguntar, pero no a partir de tu suposición, sino para entender, conocer, atraer claridad y encontrar puentes para la comunicación.

    Si tú estás realmente PRESENTE para el otro, eres su mejor presente.
    Presente que significa regalo.
    Presente que significa el único tiempo que tenemos para vivir y compartir.
    Sé un presente para tu prójimo.

    De esta manera podrás sintonizar con su estado emocional, ya no solamente compartir un código idiomático, sino entrar en una comunión más profunda.
    Estarán comunicando auténticamente, en plenitud.
    Fortalece al otro, así podrás fortalecerte.