EGO zombi

Un apreciado amigo publicó esto en su FB hoy de madrugada:

1:21 am, completa y absolutamente solo en casa,
totalmente oscuro,
lloviznando afuera,
y viendo una película de terror, La noche del demonio, empecé a oír sonidos extraños en el techo.
No sé si es «ego» reaccionando en mi cuerpo ante un peligro irreal, pero estoy en alterado. ¿Será que el espíritu maligno de la peli me anda en en techo?, o, ¿será que nadie le tiene de tonto ver películas de terror a esta hora de la madrugada y ponerle alterado?
Creo que es el espíritu

Hasta aquí lo comentado por el joven señor.
Comencemos por un simple y real hecho, los demonios, fantasmas y aparecidos no existen.
De existir, tampoco serían como los de las películas.
Así que vayamos por la explicación más sencilla, que suele ser la mejor habitualmente.
Para lo cual es imprescindible quitar el peso de la superstición así como las imaginaciones cautivadas por el EGO y desplegar un poquito de racionalidad fortalecida con investigación científica.

El cerebro es un aparato brillante, majestuoso, maravilloso.
Al igual que nuestro sistema nervioso en general, dentro de esa máquina esplendida que es el cuerpo.
Pero, no resulta perfecto nada de ello.
En esta realidad material, el error es parte de la ecuación.
No solo ello, la imperfección, la impotencia, las limitaciones, todo ello integra fundamentalmente lo que somos en este mundo.

Ocurre que para el cerebro, en primera instancia, no hay manera de diferenciar entre un hecho verídico y uno ficticio.
Por ello, cuando en una película ocurre algo que nos emociona… nos emocionamos.
Porque, el cerebro recibe la información de que algo emocionante está ocurriendo, por tanto se ponen en funcionamiento las regiones dedicadas a trabajar con ello.
Son otras áreas las que evalúan la realidad del asunto, cosa que no siempre puede suceder por falta de datos, o por otros motivos que no vienen al caso.
Lo cierto es que las áreas “elevadas” de evaluación son más lentas que las de reacción, las cuales están programadas para dispararse de inmediato. Es bueno que así sea, porque son nuestros recursos en situaciones de emergencia, cuando no hay tiempo ni energías disponibles para la medida y consideración, sino para la acción rápida y que supone sobrevivencia.
Por ejemplo, si escuchamos el tremendo chirrido de unos frenos a nuestras espaldas, no nos ponemos a evaluar si será una película, un celular, un camión, o un delirio; simplemente el cuerpo reacciona automáticamente, y entre otras cosas es probable que hayamos saltado instintivamente en dirección a un sitio seguro. En cuestión de nada el cerebro tomó una acción salvadora, para bien o para mal. Luego, podemos conjeturar, evaluar, razonar, decidir… si es que no nos pisó el camión, o no nos caímos a un pozo abierto que no percibimos por saltar automáticamente.
Algo similar sucede cuando una película nos estimula con sonidos, luces, imágenes, ambiente y el cerebro está en modo alerta; el pobre está trabajando a full para protegernos de esa sensación tremenda de peligro, a causa de las impotencias múltiples que nos están acechando. Mientras, otra parte del cerebro –más lenta y menos potente en el momento- clama que todo está bien, que es una impotencia sentida nada más, que es ficción y no un hecho peligroso inminente veraz. Se estresa nuestro cerebro, perdemos energía, estamos alterados y alertados. Entonces, cualquier otro estímulo externo, por fuera de la película no solamente se suma, sino que viene a multiplicarse. Siendo lo cual, los efectos pueden llegar a ser desde devastadores hasta irrisorios, dependiendo del resultado posterior y su evaluación.

Todo esto puede ser mejor entendido y explicado por los expertos, entre los cuales están los neurocientíficos.
Sin embargo, creo que esta exposición es comprensible y atiende a los hechos racionales y ya estudiados y corroborados por los profesionales.

Ahora, apliquemos este paradigma a lo sucedido al buen amigo.
Era de noche, por tanto impotencia.
Estaba solo, impotencia.
Solo en la casa, lo que suma impotencia.
El clima no es agradable para él, impotencia.
Encrespado por una película de terror, dedicada a llenar de pavura al público y realizada por gente que se supone eficiente en esta tarea, por tanto, más impotencia.
El cerebro trabajando a ritmo veloz, para manejar todas las sensaciones e inputs que se están recibiendo.
De pronto, un sonido que es perfectamente natural y se acomoda a la escena, pasa a ser interpretado de acuerdo al guión de la película.
Me explico, probablemente el ruido fuera causado por la llovizna, o tal vez el viento, o algún otro factor natural que en otra situación pasaría como un ruido de fondo, o sería rápidamente encajonado en lo no peligroso y hasta quizás no molesto.
Pero ahora el cerebro no está en calma, ni prioriza el trabajo racional, sino que está controlando el que llamamos nosotros EGO. Es decir, el sistema natural responsivo ante las impotencias.
Esto provoca que lo sentido sea incorporado a la narrativa de la impotencia continua que se está soportando adrede (ver la película de terror).
Por lo cual, el EGO dispara alguna de sus reacciones automáticas también ante estas percepciones.
Se produce una desconexión de la realidad, pasando a ser el ruido considerado como la manifestación de una entidad sobrenatural, en lugar de las ramas movidas por el viento, gotas de agua golpeando, o cualquier otra cosa verídica y comprobable.

Yo supongo que mi amigo al cabo de un rato se dio cuenta de que realmente era una reacción del EGO, aunque algo de miedito le quedó, por ello jugó con esto y lo comentó en su FB.
Ahora, ¿por qué yo lo comparto aquí y lo estoy explicando?

Respuestas en la zona de comentarios.
Una última observación, por favor, no me vengan con preguntas o cuestiones que involucren seres descarnados, mitologías, cuentos del Talmud con origen babilónico acerca de demonios, o lo que fuera porque no serán atendidas.

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Personalmente, me resulta una maravilla nuestro funcionamiento; es algo casi milagroso entender, en parte, el funcionamiento psiquico, el funcionamiento del propio «yo vivido».
Cuan más maravilloso sería poder entender, en parte, el funciomaniento de nuestros «Yos» mas elevados ¡

El observarse y analizar luego de la reacción automática, no solo resulta un apoyo para ir eliminando esas creencias que formaron los hábitos, sino que además ponen a soñar al observador sobre las potencialidades que como hombres aun nos esperan para descubrirlas.

Muchas gracias More, por sacar una gema de una piedrita.

Delallel

Por otro lado, me alegra tener la seguridad de que al menos mi pequeña hija no va a vivir con ese tipo de fantasmas o miedos absurdos.
Por eso tb, muchas gracias estimados socios y Moré

Delallel

Cuando era peque, temía de los demonios que podrían andar deambulando. Cuando pasaba por lugares oscuros, «sentía» una presencia que me asustaba y me «obligaba» a huir hacia un lugar más luminoso o habitado.
Ahora, me asusto mas por los «vivos» que por los muertos y mas miedo me da perder a un cercano a que me contacte algún ser lejano.
Grazie

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