El hombre sufre

El hombre sufre.
El sufrimiento es causado por su impotencia.
Sea que haya tenido alguna oportunidad de ejercer poder antes del sufrimiento, como si no, el hecho cierto es que ahora sufre.
Sea su culpa, o responsabilidad, o que haya sido víctima de otra persona, o como consecuencia de algún evento natural que le aconteció y sumió en el estado de impotencia, lo cierto es que ahora sufre.

Ahora, cuando sufre, ¿cuál es su poder?
Pues, no dejarse llevar por el EGO, es decir, no reaccionar automáticamente con el fin de llamar la atención (de otros seres humanos, o de supuestos seres sobrenaturales, o de Dios) y así tratar de obtener algún auxilio que le salve del sufrimiento.
En este instante de sufrimiento, es que puede ejercer su poder de elección, de libre albedrío.
El libre albedrío es la capacidad y oportunidad que tiene el hombre para escoger entre el bien y lo que no lo es.
Si se deja empujar por su EGO, cancela momentáneamente su libre albedrío, pues no escoge realmente, simplemente se deja llevar o arrastrar de manera ciega e irreflexiva. Pero, si detiene el movimiento automático y toma una decisión, sea esta “buena o mala”, estará ejerciendo esa capacidad única que es propia de nuestra especie.
Si la elección es guiada por la NESHAMÁ, entonces tenderá al BIEN, a la construcción de SHALOM por medio de acciones de bondad Y justicia.
Tal vez el resultado final no sea el que uno escogió, pero debemos saber que controlamos una ínfima porción de la realidad, tan pequeña que ni siquiera controlamos la mayor parte de nuestro organismo.

Por tanto, si detenemos la reacción disparada por el EGO y hacemos el esfuerzo para escoger verdaderamente, eso es lo que controlamos; no el resultado.
Igualmente, somos responsables por lo que hacemos y dejamos de hacer.

¡Así lo decidió el Eterno!
Porque, no nos creó como marionetas de Su poder, ni como autómatas dirigidos por instintos, ni para depender de milagros o maravillas sobrenaturales.
Nos hizo humanos, a Su imagen y semejanza.
Por tanto, con capacidad para discernir –en la medida de nuestras limitaciones- entre el bien y el mal, y también para ser socios en la creación.
Podemos elegir y debemos hacer. Así nos creó Él, ¿alguna queja?

Si nos hemos equivocado, si nos desviamos del camino correcto, la elección inteligente y excelente es la TESHUVÁ.
No escapar de nuestras responsabilidades, ni acusar a otros o a Otro. Como tampoco vivir angustiados en reproches y sentimientos estériles de infelicidad.
No es el desánimo lo que nuestro Padre quiere para nosotros.

Cada persona leal al Eterno y a su propia esencia espiritual entiende que no se debe pretender manipular a Dios, ni por medio de órdenes, ni con rezos, ni con sacrificios, ni con negociaciones, ni con pensamientos mágicos, ni con fe, ni con el cumplimiento de preceptos, ni por seguir costumbres, ni con reverencia a hombres o dogmas.
A Él se le agradece, se le pide como un hijo al padre amoroso, se le alaba como a un Rey que está por encima de todos los gobernantes.
Pero, no se espera que Él esté a nuestro servicio, ni haga nuestro trabajo, ni complete nuestra tarea domiciliaria, ni prepare el examen y lo dé en  nuestro lugar, ni que labore en nuestro reemplazo para traer el sueldo a casa, ni que solucione los que nosotros estamos capacitados para resolver.

El idólatra, incluso disfrazada de piadoso y docto en Ley –Torá- no deja de ser idólatra.
Por tanto, mucho cuidado con la fe; extrema precaución con los que insisten en llevar una vida religiosa que está hueca de todo contenido espiritual. Absoluta claridad para no seguir sufriendo, ni siquiera con la excusa de llevar una sonrisa perpetua en el rostro y proclamar lemas de alegría sin fin con apariencia de Torá.

El sufrimiento es inevitable en esta vida.
Inevitable también es sobreponernos, ser poderosos, construir SHALOM, ser poderosos dentro de nuestras limitaciones para no aumentar el malestar con más impotencia.

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Jonathan Ortiz
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Hoy hablabamos mi esposa y yo acerca de lo justa e injusta que la vida es. La conclusion a la que llegamos fue que la vida no es ni justa ni injusta, sencillamente la vida es.

Ser conscientes de eso hace que se sufra menos quizas en un muy pequeño porcentaje pero es algo.

Abrazos Moré

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