El modelo del Creador para ser feliz

Con absoluta claridad la Torá afirma que el universo fue creado por Elohim, el Todopoderoso.
¿Cómo, cuándo, por qué, dónde?
No lo dice.
De hecho, cuándo y dónde no tienen sentido como pregunta al respecto de la creación, puesto que antes de el inicio no había ni tiempo ni espacio.
¿Qué había?
Adonai, el Eterno, es lo que había.
Por tanto, el manto del absoluto misterio se extiende alrededor de la creación.

En cuanto al cómo de la creación, tampoco nos da pautas, pues no brinda un relato histórico ni una referencia científica.
No es la idea de la Torá el aclarar lo que es incomprensible, sino darnos la sucinta información que nos confirme al Creador y su actividad sin pausa en el mundo.
Que no estamos solos, que no somos resultado de eventos fortuitos, que no hay una pandilla de diositos chapuceando en la realidad.
El relato de la creación no es historia ni ciencia, pero sí nos brinda la idea de que fue un hecho inédito, irrepetible, una “explosión” de creatividad.
De acuerdo al midrash todo fue creado en el momento inicial, en el instante cero del nacimiento de tiempo y espacio. Desde la perspectiva del Creador, todo fue creado en ese momento, el universo en su extensión material y temporal. Por supuesto que esa perspectiva es inaccesible a nuestra limitada mente, porque no podemos entender todo el tiempo comprimido en un infinitésimo instante ni todo el universo en un ridículamente pequeño punto energético.
Desde la visión humana lo comprendemos como un proceso de desarrollo, de irse manifestando paulatinamente todo aquello que potencialmente estuvo en el momento de génesis. ¿Evolución? ¡Por qué no!

En cuanto al motivo de la creación, la Tradición cabalística nos dice que fue para que el infinito Amor del Todopoderoso tuviera receptores, porque el amor necesariamente precisa de un otro (u otros) que son el destino de las acciones de bondad desinteresada.

El universo, y en particular el ser humano, hemos sido creador por amor y para un propósito.
Para que las criaturas, en especial los humanos, disfrutemos de la bondad del Creador.

En caso del humano, el máximo de bondad lo recibimos cuando preparamos nuestro receptáculo, a través de perfeccionarnos con el cumplimiento de los mandamientos que el Eterno nos ha comandado. Siete para los hijos de las naciones, y el conjunto de 613 para el pueblo de Israel.

Al perfeccionar nuestro receptáculo nos abrimos a cumplir nuestro destino, de ser beneficiarios del mayor bienestar, como individuos y colectivo.

¡Esto es lo que te deseo, que puedas disfrutar de las bendiciones de Dios para ti!
¡Haz tu parte para que eso sea en su mayor grado posible!

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