El poder del habla

Contamos de manera natural con 3 modalidades para expresarnos voluntariamente:

  • gestualidad facial
  • sonora
  • corporal.

Algunas de ellas son compartidas por otros seres vivos, por ejemplo:

Los links sirven solo como ejemplos de que no es algo exclusivo del ser humano.

Lo que nos diferencia, al menos que lo sepamos, es que tenemos la capacidad de expresarnos verbalmente, empleando lenguaje, penetrando en lo abstracto y por tanto despegándonos de las circunstancias del momento.
Esta capacidad natural del humano necesita del contexto cultural, para simplificar lo complejo: podemos hablar porque nos criamos donde se habla.
Podemos hablar de nosotros, cada uno de sí, porque nos han enseñado a reconocernos, a tomar conciencia de que cada uno es un individuo.
Podemos hablar de lo que nos une, porque se han encargado de instruirnos acerca de yo y tú y lo que hay en medio.
Podemos hablar, no solamente porque tenemos las estructurales físicas que lo posibilitan, sino también porque infinidad de lazos nos conectan con redes sociales que nos forman y formamos.
Podemos hablar porque no solamente sirve para expresarnos, sino también para pensar, pensarnos, formar pensamientos.
Y también, de acuerdo a nuestra Tradición, porque somos NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) lo que nos posibilita esta facultad.

Podemos hablar, pero en muchas ocasiones no alcanzamos a usar esta habilidad, ni a desarrollarla.
Probablemente porque nos quedamos estancados en las modalidades que compartimos con nuestros hermanos animales.
Entonces, cuando debiéramos pensar y hablar, nos quedamos sumergidos en morisquetas, muecas, movimientos de brazos o dedos, palpitaciones de piernas, malestares físicos, sudoraciones, lágrimas que ruedan, groserías, insultos, carraspeos, suspiros malintencionados, silbidos, gritos, golpes… es decir, no decimos (y hasta no llegamos a pensar) aquello que DEBE ser dicho, o al menos pensado para ser debidamente elaborado.
Dejamos la palabra muerta, esclavizándonos con ello al silencio que mortifica.
Censuramos el pensamiento.
Negamos la emoción, la escondemos, no le damos la palabra, ni siquiera le damos un nombre para reconocerla y estar en capacidad para trabajarla positivamente.
Nos acurrucamos detrás de las puertas de las celditas mentales, y tristemente repetimos lemas, adherimos a consignas que vociferamos, difundimos creencias que son pesadas cadenas para el alma.
Usamos el divino don de la palabra de manera grotesca, rebajada, mancillando con eso su potencial sagrado. Hablamos mal, mal hablamos, gritamos, agredimos, mentimos, engañamos, silenciamos lo que debe ser dicho, decimos lo que debe ser silenciado, nos apuramos en alabanzas a ídolos, irrespetamos la intimidad, murmuramos, nos quejamos vilmente y muchísimas otras maneras de prostituir el carro de santidad.

Pero no debiera ser así.
El ser humano tiene la herramienta para realizar un cambio positivo, que dé lugar a la NEHSAMÁ en este mundo y con ello una vivencia de SHALOM.
Entonces, aprendamos a ser amos de nuestros gestos, sonidos y movimientos; pero también a revelar nuestras emociones y creencias transformándolos en pensamientos y estos en las palabras buenas y justas, que sean necesarias para un avance solidario.

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