El poder del SHOFAR

El shofar está hecho de cuerno de ciertos animales kosher, por lo general de carnero.
El humilde animal provee del cuerpo de este instrumento musical y comunicación muy primitivo.
El hombre le brinda trabajo, al agujerarlo, limpiarlo, ponerlo en condiciones para que el viento que lo atraviese sea transformado en sonidos. A veces esos sones tienen sentido. En ocasiones incluso es un sentido trascendente, que conecta con el Eterno.
Porque, el hombre también sopla a través del shofar y puede formar melodías, más o menos afinadas y armoniosas. Puede hacer que el evasivo aire emita claves, que permiten establecer una comunicación a distancia, sin presencia directa.
Esa es, tal vez, una de las frecuencias “místicas” del toque de shofar ordenado por el Altísimo al pueblo judío para que se cumpla cada comienzo del séptimo mes, lo que conocemos nosotros como mes de Tishrei, en la festividad de Rosh haShaná. Antiguamente el toque se realizaba solamente en el Templo, no fuera de él. Era parte de un ritual muy concreto, que no se propagaba fuera de las paredes templarias. Pero luego, por cuestiones históricas y culturales, el toque del shofar quebró los límites del Templo y la fecha prescrita, para tener una presencia más extendida.

El toque establecido para la fecha designada se compone de tres sonidos característicos, que en la antigüedad eran códigos de conocimiento público.
TEKIÁ: sonido pautado para anunciar la unción de un nuevo rey.
SHEVARIM: alerta de que había una plaga o calamidad social, que debía ser combatida a través de la TESHUVÁ, TEFILÁ y TZEDAKÁ.
TERUÁ: llamado imperioso al pueblo para tomar las armas y los elementos defensivos, pues se estaba ante una inminente batalla contra el enemigo.

Estos mismos sonidos nos sirven a nosotros para:
TEKIÁ: reconocer que el Eterno es el Rey, el Soberano que dirige los destinos del Universo.
Cada nuevo Rosh haShaná celebramos el aniversario de su primer coronación, cuando ADAM se elevó por sobre la animalidad y merced a su NESHAMÁ tuvo la capacidad para reconocer la existencia de Dios, Su Presencia en el mundo, y Su Autoridad suprema. Eso ocurrió el primer Rosh haShaná de la humanidad, que será el aniversario 5775 en pocos días. El universo tenía una inmensidad de siglos de existencia, otros seres hacían sus vidas en la tierra, algunos en casi todo idénticos a ADAM y su descendencia. Pero no fue hasta él cuando el mundo tuvo consciencia de Dios, el hombre recibió su NESHAMÁ.
Esto también celebramos en Rosh haShaná, junto a la coronación del Amo. Quien nos juzga, como corresponde al Rey. Porque solamente por ser NESHAMÁ es que estamos en condiciones de recibir mandamientos y luego ser responsables por lo que hacemos con ellos.

SHEVARIM: por quebrar las vías, por desviarnos de las buenas sendas, llevamos miseria a nuestras vidas. Nos colmamos de sufrimiento y miedo. Es imperioso despertar para permitir que alumbre la luz de la NESHAMÁ.

TERUÁ: es necesario encontrar estrategias para reducir la manipulación a la que nos somete el EGO, para que de esa forma podamos vencer en la batalla que tenemos en nuestro interior, entre tendencias naturales (y adquiridas) que resultan contradictorias y nos confunden en conflictos dolorosos. Si alcanzamos a ubicar el EGO en su correcto lugar, y por tanto la NESHAMÁ recupera el liderazgo de nuestra existencia, daremos salud y shalom a nuestra vida y a nuestro entorno.

Así, podemos convertir cuestiones primitivas, naturales, sencillas, como cuernos de carnero, en vehículos para la elevación.
Porque la NESHIMÁ hace que la NESHAMÁ reluzca en su esplendor.

Tal como el humilde aceite de oliva permite alumbrar desde la MENORÁ. O el cuero del castizo animal se transforma en TEFILÍN o pergaminos que contienen los textos sagrados.
Porque está en lo simple, conectado a lo espiritual, el camino de la elevación multidimensional.

No en grandes catedrales, ni en rituales complejos y absurdos, ni en bailoteos y parloteos, ni en visitas a tumbas de misteriosos santos, o en llenarse de ideas bizarras y apartadas de este mundo.
Sino, en conectar el mundo material con su esencia espiritual.

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Shaul Ben Abraham

Excelente e interesante escrito, que ilumina para compartir en esté año. Entre otras me llamó la atención esta sutileza que menciona el Moré: «El universo tenía una inmensidad de siglos de existencia, otros seres hacían sus vidas en la tierra, algunos en casi todo idénticos a ADAM y su descendencia. Pero no fue hasta él cuando el mundo tuvo consciencia de Dios, el hombre recibió su NESHAMÁ». Detalle que como antropólogo resalto por varias razones: una de ellas, la más importante, por que no por parecer se llega al ser

Shaul Ben Abraham

Muy simple Moré: a los antropólogos que nos gusta saber sobre el origen del ser humano siempre nos hemos perdido entre huesos y definiciones; pero resulta que de eso no se trata ya que el SER Humano lo hace la Neshamá y no es cuestión del aspecto físico, que por otra parte, gustele o no a los dogmáticos, genéticamente tiene una relación filogenética con nuestra especie; en estos días se ha probado esto: Gente que tiene aspecto humano pero realmente no lo son, lo digo por estas cosas terribles que están pasando en Siria en medio del silencio del mundo,… Read more »

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