Es magia

La gente quiere magia. Esta es una verdad que tienes que tener bien en cuenta en todo momento, y recuerda que tú y yo también somos gente. Por tanto, todos queremos magia.
Cuando menciono aquí magia, no me estoy refiriendo a la de los shows de ilusionismo, sino en un sentido amplio, a los fenómenos extraordinarios, que demuestran un poder superior, que provocan sorpresa por su falta de naturalidad.

Magia, sea que la llamen directamente así, o de otras maneras más o menos sofisticadas, como por ejemplo ciencia (también las paraciencias) o religión (como cualquier otra superstición).
Es que todos tenemos ese anhelo de control, de sobrepasar los límites de formas insospechadas, de tener un estatus especial que nos asegura un dominio glorioso.
El creernos merecedores de algo mejor, el tener la esperanza de obtener algún beneficio más allá de la acción concreta meritoria, el sentirnos involucrados en un mundo misterioso en el cual hay reglas que no son públicas pero permiten conseguir beneficios y dominios.
En los casos de las personas con baja autoestima, la magia que perjudica, que se pone en contra, que mantiene en un estado calamitoso pero no por causas racionales y coherentes.
Como sea, para bien o para mal, queremos que haya magia y que esté operando en nuestra vida.

Tal vez al escuchar por primera vez que la gente quiere magia, tú incluido, te resulte una afirmación curiosa y errónea, porque no te sientes identificado con ella.
Me parece muy bien, ¡te he pillado por sorpresa!
¿A quién se le ocurre develar así como así esta verdad profunda e intensa que nos maneja?

Por ello te pido que te tomes ahora un rato para reflexionar, verte en el espejo del alma y confesarte si es así o no en tu caso también.
Como ayuda para tu descubrimiento, te sugiero que prestes atención a las obras literarias o show artísticos que tienen alto impacto en el público, encontrarás que el 99% tratan de magia, de obtener el control por sobre lo que es natural; o cómo lo bizarro está actuando para dañar a los protagonistas, que son como títeres, que son cómo víctimas del “destino” (otro apodo para esta magia).
Hay algunas publicaciones que son obvias como Harry Potter o Star Wars o Avengers, cuyas temáticas son magos, súper héroes o gente en mundo hiper tecnológicos.
Pero lo que te digo es que en las otras obras, aquellas que están alejadas de estos temas, allí también se está tratando de la gente y su anhelo de magia.
¿Dónde está la magia en Romeo y Julieta, en el Quijote, La Casa de Papel?
Si prestás mucha atención y la buscas, seguramente podrás encontrar la necesidad de magia de la gente… porque está ahí.
Se aceptan comentarios, aquí debajo en la zona para ellos, donde nos cuentas qué obra analizaste y qué encontraste al respecto.

Todos queremos magia, con el nombre que queramos ponerle y nos desesperamos por ella.
Religión, superstición, brujería, tecnología, ciencia, seudo ciencia, fantasía, videncia, politiquería, mancias, engaños, mentiras… obtener el poder por sobre lo natural.

No estamos haciendo un juicio de valor.
No decimos que esto esté bien o mal, o haga bien o mal.
Simplemente anunciamos un hecho que ocurre en la vida de las personas y que por lo general pasa ignorado, siendo que tiene una importancia radical.

Podemos mencionar ahora al menos tres causas para ello.
Trataré de ser breve, aunque son cuestiones complicadas.

1- Estamos siendo Yo Vivido pero somos Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu).
Hay una infinita brecha entre ambos, por más que trabajemos en lograr la sincronía perfecta, es una meta inalcanzable, porque una es una formación limitada y temporal en tanto que la otra pertenece a una realidad totalmente diferente y hasta incomprensible.
Por tanto, en nuestro interior sentimos la ruptura, el anhelo de esa perfección a la cual no arribamos.
Sentimos intensamente que somos parte de una existencia mejor, en tanto vivimos la montaña rusa de nuestra vida terrenal.
Por esto el querer magia se nos impone como una solución, la clave para acercar lo inabarcable, para completar la imagen que está constantemente quebrada.
El sabernos parte del infinito nos hace sentir con mayor crudeza la impotencia de ser terrenales.
Entonces, con mayor fuerza esperamos la magia que nos asegure nuestro lugar superior.
Es normal.

2- Cuando nacemos en absoluta impotencia estamos a merced del abismo de pesadilla sin sentido ni fin, hasta que somos rescatados por seres o fuerzas que nos resultan incomprensibles, inimaginables pero nos salvan. Nos nutren, limpian, sostienen, calman, dan calor, pasean, divierten, aseguran, entre otras cosas que no sabemos identificar pero que sí de alguna forma nos damos cuenta que están pasando. Muy dentro de nuestra mente oscurecida por su inmadurez natural se nos va grabando el recuerdo de todo esto, tanto del terror de la pesadilla como de la misteriosa salvación que nos abraza.
Ese hábito que se fue formando (sentir impotencia –> nos rescata la fuerza mágica) nos asalta a cada instante, desde las sombras del inconsciente impenetrable por la razón.
Y como vivimos en limitación, soportando innumerables impotencias (algunas reales, otras sentidas), se dispara de manera automática nuestro anhelo de obtener el poder cuando en realidad no lo tenemos.
Es normal.

3- El EGO, ese gran amigo que es parte de nuestro sistema natural de defensa/supervivencia, termina ocupando funciones que no le corresponde lo que lleva a la persona a una vida complicada.
Como lo hemos explicado muchas veces, no lo hago ahora.
El EGO nos lleva a alturas enormes, donde fantaseamos con merecer poder, nos rebuscamos para manipular, hacemos malabares para sostener una fachada que nos resguarde de sentir impotencia; tarde o temprano estas imposturas del EGO chocan contra el muro de la realidad y nos dejan atormentados y sangrando por la impotencia duplicada que padecemos.
O, el EGO también nos aplasta, nos ahoga en terribles pensamientos para no dejarnos levantar cabeza y seguir arrastrándonos pidiendo piedad ante la vida.
En ambas imposturas, el EGO nos atormenta, porque dejó de cumplir su función de alerta ante el peligro para convertirse en el rey de nuestra vida.
En esa vida de fantasías que nos hace llevar también nos hace creer que nos merecemos, solo por ser nosotros, derechos especiales. O que hay esperanzas y que de alguna manera encontraremos la solución a lo que padecemos. Es parte de su instrumentos para someternos, llenarnos de esperanzas, prometer salvaciones, para luego terminar hundiéndonos más en los vasos de agua que sentimos como océanos furiosos que nos tragan.
Entonces, esperar la magia es parte del discurso del EGO.
Es normal.

Ahora que lo sabemos, ¿algo para cambiar?

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