La bondad que se extiende y supera todo infierno

Esta historia es parcialmente real, pero lo que importa es su mensaje.
Es la leyenda acerca del Dr. Howard Kelly, uno de los fundadores del famoso hospital Johns Hopkins, en EUA.

Allá, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, él era un niño pobre que estaba vendiendo productos de puerta en puerta para pagar la escuela, la cual estaba con ganas de dejar, porque le era muy difícil continuar con sus estudios y trabajar para sostenerse con tantas penurias.
Una tarde solo le quedaba una pequeña moneda de diez centavos y tenía hambre, ese día aún no había probado bocado. Decidió que pediría comida en la casa de al lado.
Abrió la puerta una hermosa joven, y a él le dio mucha vergüenza, por ello pidió un vasito de agua. Ella lo vio hambriento y comprendió que sentía humillación de pedir, así que le trajo un gran vaso de leche y galletas. Ella le dijo que en su casa no se tomaba agua, sino leche, y con ella siempre se come unas galletas.
Él estaba confundido pero se lo bebió muy despacio y luego preguntó: ¿Cuánto te debo?

No me debes nada, -respondió- mi madre nos ha enseñado a no aceptar nunca un pago por una buena acción.

Él dijo: Entonces te agradezco de todo corazón.
Se alejó de allí sintiendo que estaba más fuerte físicamente, pero especialmente agradecido a Dios y con más confianza en que el ser humano puede ser bueno. Por ello estaba dispuesto a no darse por vencido ni a renunciar a sus estudios.

Muchos años después, esa joven, ya madura enfermó de gravedad. Los médicos locales estaban desconcertados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad.

El Dr. Howard Kelly fue llamado para la consulta. Cuando escuchó el nombre del pueblo de donde venía, una luz extraña llenó sus ojos.
Inmediatamente se levantó y fue por el pasillo del hospital a su habitación.
Vestido con su bata de médico, entró a verla. Los años habían pasado para todos, y la enfermedad había marcado ese bello rostro, pero él tenía bien grabada esa cara en su memoria y la reconoció de inmediato.
Se hizo cargo del caso y después de una larga batalla, ella logró recuperarse.

El Dr. Kelly solicitó a la oficina comercial que le pasara la factura final para su aprobación. Él lo miró, luego escribió algo en el borde y la factura fue enviada a su habitación.
Ella temía abrirlo, porque estaba segura de que le llevaría el resto de su vida pagarlo todo. Finalmente miró y algo llamó su atención en el costado del billete. Ella leyó estas palabras: ‘Pagado en su totalidad con un vaso de leche y unas galletas’.

(Firmado) Dr. Howard Kelly.

Lágrimas de alegría inundaron sus ojos mientras su corazón feliz oraba: ‘Gracias, Dios, que tu amor se ha extendido por los corazones y las manos de los humanos’.

No sabemos hasta dónde alcanza cualquiera de nuestras acciones, por tanto, la tarea es tratar de elegir siempre realizar buenas obras.
En nuestra parashá lo demuestra Abraham Avinu.
Estaba ardiendo de fiebre, porque era el tercer día desde que él mismo se circuncidó, siguiendo la orden de Dios.
Ya tenía 99 años de edad y para colmo el calor era insoportable.
Nadie se atrevía a andar por esa zona, cercana a lo que es el Mar Muerto, porque fue el día más caluroso de la historia.
Sin embargo, ahí estaba nuestro patriarca, a la puerta de su carpa a la espera de algún viajero para recibirlo y convidarlo con agua y comida, sombra y descanso, y lo mejor con la presencia, alguien con quien conversar y ser escuchado.
Porque para nuestro patriarca eso era mucho más importante que quedarse en la cama sufriendo y quejándose, encontrando excusas y no haciendo lo poco o mucho que podía hacer.
Para él recibir huéspedes, atenderlos como si fueran príncipes y acompañarlos un rato tanto en la casa como por el camino para despedirlos, era maravilloso. Porque con ello hacía su parte para mejorar al mundo.
Y realmente, hizo la gran diferencia para bien.

Es un excelente modelo para todos nosotros.
Como enseñó Maimónides: «Debemos considerarnos que el mundo está equilibrado entre el bien y el mal, será nuestra próxima acción la que determinará hacia que lado se moverá la balanza».

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