La magia y la religión

Dice el dicho: «No por mucho madrugar, amanece más temprano».
Es un hecho cierto.
El día no cambia su duración de acuerdo a nuestro punto de vista, pues hay una maquinaria sincronizada que funciona más allá de nuestra opinión.
Estaría bueno tenerlo muy presente para ubicarnos en nuestro rol, con humildad, con plena autoestima.

Sin embargo, la gente adora creer en la magia.
La gente, quiere magia.
Por tanto, creerá que en verdad tiene de alguna forma el control sobre aquello que no controla.
Y, por más que la realidad le abofetee abundandantemente demostrando su incapacidad para dominar lo que está fuera de su control, igualmente se empecinará en pretender el control de aquello que no controla.

De cierta forma, por ello nacieron los rituales religiosos, desde el padre de la religión, aquel Caín del cual nos habla la Torá.
Desde ese mismo instante mágico el ser humano pretendió dirigir el destino de lo que no controla, y por tanto hacer de cuenta que tenía poder allí en donde era impotente.
El Creador le deja bien en claro a Caín que esa no es la forma.
¿El resultado de la lección de Dios al creador de la religión?
Pues… el primer asesinato, con su posterior intento de encubrirlo, y por tanto el engaño y la mentira que se sumaron al crímen horrible.

Sí, ese nefasto origen tiene la religión, que no ha variado mucho desde entonces.
Lo cierto es que el humano se ha perfeccionado en el cruel arte de asesinar y corromper, así como en fantasear con súper poderes de los cuales carece.
Hasta se ha inventado trucos para pretender someter al Creador al deseo patético del miserable humano.

El camino dado por el Eterno no es el de la religión, sino el de aplicar las reglas de la espiritualidad a nuestra vida.
Algo muy, extremadamente muy, sencillo y efectivo.
Porque, cuando vivimos de esta forma limpiamos nuestra mente de delirios agobiantes que nos encierran en una celdita mental de sufrimiento.
Pero, el corazón del humano sigue atrapado por el deseo turbio y por tanto, sigue empujando la religión queriendo suplantar así la espiritualidad.

El día que entendamos que no es así la cuestión, empezaremos a tener verdadero poder, y no solamente algunos restos de fuerza que se impone como si fuera poder.
Dejaremos de sufrir por nuestras limitaciones y encontraremos el canal para manifestar el poder Divino que nos forma.
Esa será la Era Mesiánica.

¿Estás preparado para hacerla realidad?

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