Las tres calamidades que no dejan ser feliz

Nuestros Sabios (Mishná Avot 4:21) nos enseñan que tres vicios del alma “quitan a la persona de este mundo”, es decir, la trastorna, le amarga la existencia, la llevan a una vida desequilibrada: la envidia, la ambición material desmedida y el deseo intenso por recibir honores.

Una persona que es invadida por estas imperfecciones emocionales, tiene su mente prisionera de oscuras creencias, maquina negativas conjuras, inventa tramoyas llenas de maldad y terminan por dañar a otros y a sí mismos.

Es por ello que la sabiduría tradicional las ha señalado con tanta potencia y sin dejarnos dudas la influencia maligna de estas actitudes y conductas.

Detrás de las tres se encuentra el odio y el desprecio hacia los demás.
Te envidio porque creo que no te mereces eso que tienes.
Quiero y quiero y quiero, porque yo no me lleno y detesto a los que están felices y satisfechos.
Me desespero por reconocimiento, por alabanzas, por elogios, por ser aplaudido pero en el fondo detesto a todos esos de los cuales mendigo y exijo honores. Es que, mi subconsciente sabe que dependo de los otros, que por mí mismo no valgo, que si me dejan solo me desparramo desamparado y sin vigor.

Y más atrás de este odio hacia el otro, está el profundo e intenso sentimiento de la propia falta de valía.
Se presiente, se siente la impotencia.
Aunque se ande haciendo alardes, se vaya gritando los éxitos, se ostente trofeos y medallas… allá en el fondo, donde la NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) habla, se escucha la vocecita que afirma que todo eso es vanidad, que se está careciendo de lo que realmente vale en este mundo y en la eternidad.

Entonces, el enfermo de estos vicios se afana por conseguir lo que su Sistema de Creencias corrupto le obliga a obtener, como para sentirse seguro, protegido, en control. Y es todo falso, es un delirio, es solamente ilusión de poder. Se conseguirá algo de fuerza, se someterá a otros con autoritarismo o engaños; pero poder, lo que se dice poder… ¡no! Eso no se tiene.

Al llegar hasta acá nos damos cuenta de que no descubrimos nada nuevo, pues la propia Mishná Abot (2:11) ya nos lo estaba enseñando: “el mal de ojo, la inclinación al mal y el odio por la humanidad sacan a una persona del mundo.”

Por supuesto que el enfermo de esto mentirá, se mentirá, para negar a curarse.
Pero si se atreve a salir de su celdita mental podrá ser ayudado y ayudarse a estar mejor.
Entonces, podrá volver a estar en el mundo y así disfrutar de la bendición que de Arriba le dan, sembrar bienestar para este mundo y enviar buenos dividendos para el goce en el mundo de la eternidad.
Vale la pena romper con el Sistema de Creencias podrido y atreverse a ser una mejor versión de sí mismo.

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