Llueve bendición

Si tienes sed y llueve fresca y saludable agua,
lo razonable, lo esperable,
sería que la recogieras para poder saciar tu sed.
Quizás hasta puedas guardar algo para más tarde,
cuando ya no caiga más el sustento desde lo Alto,
mientras esperas con confiada paciencia el próximo aguacero.

Si tienes necesidades materiales y llueven monedas de oro,
creo que no dudarías en tomar algún recipiente,
cuanto más ancho y profundo mejor,
para cargarlo con la dorada provisión celestial
y así estar provistos para el aquí y el mañana.

Si supieras que eres bendito en todo,
que caen sobre ti bendiciones constantes,
pero en lugar de abrir los brazos para recibirlas y gozar con ellas,
de cierto modo te cierras y te abrazas al EGO,
¿qué pensarías?
¿Qué sentirías?
Si te vieras que estás aferrado a él,
adormecido entre sus engaños,
envuelto en sus manipulaciones,
herido por sus agresiones,
mutilado tras sus coletazos,
en sufrimiento y dolor,
lleno de sentimientos de culpa, angustias, miedos y quejosas excusas.
Se diluye el éxito para fortalecerse el fracaso.
Se limitan las ideas para fanatizarse en ciertos dogmas.
Se paraliza el movimiento para detenerse en rituales.
Se esquiva el placer para regodearse en el dolor.
Se inventan excusas para no ser creativo.
Se escapa del amor para torturarse en soledad.
Se escoge al EGO, una y otra vez, en lugar del AMOR.

Allí está, goteando la dicha, la bendición, allí mismo,
hasta en los momentos de mayor perplejidad,
pero no traemos el recipiente para guardarla,
porque estamos llenos de EGO.

El verdadero conocimiento está en la simpleza.
En abrir la conciencia.
En despertar.
Entonces, se deja de pretender dominar aquello que no puede ni debe ser dominado.
Se disfruta de la bendición.

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