Motivos de TESHUVÁ

Pecar es desviarse del camino correcto, aquel que ha trazado el Eterno para cada uno de acuerdo a su identidad espiritual (sea noájida para el gentil, judía para el judío).
Se puede pecar por:

  • un error involuntario;
  • ignorancia del mandamiento que se está infligiendo;
  • comodidad u obtener algún beneficio (por lo general material) y
  • rebeldía, maldad, deseo de oponerse a Dios y/o de causar un daño a alguien.

Te los he presentado en su orden de menor a mayor gravedad. Si te interesa aprender más, por favor busca en nuestra extensa biblioteca que seguramente encontrarás mucho material que te ayudará a estudiar más y mejor.

Retornar al camino se denomina TESHUVÁ, a la que comúnmente conocemos como “proceso de arrepentimiento”. También sobre ella he escrito en abundancia, lo tienes todo para ti, disponible, gratuito, accesible, solamente debes querer buscarlo y encontrarlo en este hogar. Adelante.

Ahora te voy a añadir una enseñanza más, que espero te pueda servir para mejorar tu existencia y hacerte disfrutar más la bendición que a diario llueve gratuitamente para ti.

Así como hay causas que provocan el desvío, también hay causas que provocarían la TESHUVÁ, y dependiendo de éstas se alcanza un diferente grado de plenitud.

  • Quien retorna porque se dio cuenta o le avisaron que había cometido un error de manera involuntaria. Como su ánimo no es alejarse de Dios, ni de Su camino, como conoce las reglas y trata de cumplirlas, como se esfuerza por mantenerse leal, entonces, quiere regresar a la senda sin complicarse, sin excusarse, sin aumentar con problemas el error cometido.
    A primera vista no implica un gran esfuerzo, ni un sacrificio el enmendar su pecado, puesto que fue más allá de cualquier intención de cometerlo.
    Es una TESHUVÁ simple y al mismo tiempo contiene una grandeza difícil de reconocer con la mirada superficial. Tal como ocurre con la pregunta del hijo “simple” de la HAGADÁ, el cual resulta ser el más espiritual de todos los presentes.
  • Aquel que es informado de su error, del cual hasta ese entonces era ignorante, por lo cual ahora reconoce su falta de conocimiento y trata de corregirla mediante el aprendizaje. Su lejanía del Eterno se debe a que no le enseñaron, a que no tuvo la chance de ser educado con respecto a los mandamientos. ¿Cómo no salirse del camino si ni siquiera se sabe que hay camino?
    Por esto mismo, su TESHUVÁ es honrosa, ya que implica conocer todo un nuevo mundo, adentrarse en él, cambiar una manera de entender la vida que hasta aquí era ajena a los mandamientos pero que ahora comienza a adentrarse en ellos.
    Como el hijo que no sabe preguntar de la HAGADÁ de Pésaj, al cual hay que enseñarle desde cero, todo, hasta el arte y ciencia de preguntar para no dejarse llevar por la ceguera, la buena voluntad, la fe o la copia zonza de los demás.
    Tal vez encuentra la proximidad con el Eterno disfrutable y deje de vivir en oscuridad.
  • Por lo pronto, su interés en la TESHUVÁ suele ser precisamente eso: interés. Ya que peca por comodidad, habitualmente por miedo al castigo o para evitar algún daño es que aviene a cambiar de conducta. No porque sea algo que lo convence ideológicamente, no quiera hacer las paces con Él, ni encontrar SHALOM interno/externo. Más bien el razonamiento es: habrá castigo, pero puedo cancelarlo con este ritual “mágico” de la TESHUVÁ.
    Sí, es muy inteligente, sabe lo qué decir, tiene clase para acomodarse a las circunstancias, inteligencia no le falta.
    Tal vez por ello en alguna ocasión deje de estar mirándose el ombligo y se dé cuenta del tesoro que pueda gozar al aproximarse con inocencia y verdad al Padre Celestial.
    O, quizás mejor no prejuzgar y admitir la posibilidad de que ha despertado su conciencia ética/espiritual y ya no se mueve detrás de la ventaja egoísta sino que su proceso de TESHUVÁ es completo, real. ¿Por qué no?
  • Por último, el que es un hueso duro de roer, el rebelde, aquel que adrede se opone a Dios y muchas veces también al prójimo.
    ¿Qué lo puede llevar a la TESHUVÁ?
    Es común que declare su ateísmo, aunque 100% seguro de que el dios que rechaza no es Dios, y que su no creencia es otro tipo de creencia religiosa más. Como sea, tiene tantas cortinas tapando su LUZ que difícilmente quiera o pueda alumbrarse con ella. Entonces, no será un asunto ético/espiritual el que le infunda la veneración por la TESHUVÁ.
    Al no considerar siquiera la posibilidad de consecuencias espirituales por sus actos, por ahí actúa de manera moral hacia el prójimo, pero no será la ética la que le mueva hacia el camino correcto.
    Tampoco teme a castigos divinos, ni se aterra –o confiesa hacerlo- ante la posibilidad de juicios severos en el más allá.
    Ni verá ventaja alguna en dejar su senda descolorida y llena de manchas, porque es la que considera la válida y verdadera.
    Entonces, es como si no tuviera libre albedrio, como si su corazón estuviera tan endurecido que no hay una salida a su alcance. Como le pasó al Faraón en la historia de la liberación de los judíos de Egipto, el cual tenía el corazón duro, incapaz de escoger el bien por demérito propio y no por algún perverso truco de Dios.
    Tal vez una grave enfermedad despierte un poco su conciencia, o una desgracia a un familiar. ¿Pudiera ser?
    O verse en situaciones límites, cuando ya la impotencia es tan pero tan severa que el EGO trata de manipular a Dios, aunque abiertamente no se crea en Él.
    ¿Qué podría estremecer a esta persona para hacerla reencontrar con su propia esencia y darle el abrazo con el Eterno?
    Porque, de alcanzar el camino de la TESHUVÁ seguramente que será de una altura enorme, inalcanzable por cualquier que nunca haya estado tan hondo en el abismo de la oscuridad.

Estamos en ELUL, el mes dedicado a intensificar la TESHUVÁ, la TEFILÁ y la TZEDAKÁ.
¡A construir SHALOM!

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