Perder para ganar

Perder es parte de la vida.
El fracaso es una opción siempre presente.
El tropiezo es una posibilidad.
¿Por qué?
Pues, por el Creador, en Su infinita Sabiduría y Bondad, así lo determinó.
Nos creó en este mundo como seres limitados, con muchísimas impotencias, las cuales nos obligan a esforzarnos para superarnos hasta el máximo de nuestro potencial.
Mira como cuando nos creó, como especie, enseguida nos dijo que estábamos limitados, por Él, así como por las circunstancias. Él nos dijo que comiéramos de todo árbol, pero aquel que era del saber bien y mal quedaba vedado. No nos dijo porqué, ni por cuánto tiempo; pero nos impuso ese límite, el cual conllevaba otros muchos más.
Así pues, la impotencia nos acompaña cada día, desde la concepción y hasta cuando partimos de este mundo. No hay día, o hasta instante, en el cual no esté actuando la impotencia, la falta de poder, en nuestra vida.

Por ello, es saludable y sabio aceptar las pérdidas y realizar el duelo necesario.
Cuando aceptamos realmente, es porque hemos podido descubrir cómo nos transforma esa pérdida y a la vez nos habilita a darnos cuenta qué podemos ganar.
Pongamos un ejemplo, por desgracia muy corriente en esta época de COVID-19, cuando alguien pierde el trabajo al mismo tiempo queda abierto a nuevos horizontes y nuevas oportunidades. Que en principio suponemos mejor no padecer esa amargura, sin dudas. Pero, cuando la impotencia nos vence, no podemos permitir añadir sufrimiento, desesperanza, aniquilación y otras cosas negativas sino, que por el contrario, ser hábiles para aceptar y generar una nueva y mejor realidad.

Por supuesto que el dolor es respetable, e incluso es saludable no prohibir a la persona que haga su duelo.
No debemos decirle a la gente: «todo es bueno», «no sufras», «no seas débil llorando», o cosas por el estilo; ya que es muy humano sufrir y expresarlo. Pero, hay que aprender a poner límite a la limitación y no dejarnos corroer por la amargura.
Por ello, pasado el momento trágico, es imprescindible levantarnos y seguir avanzando, lo que fue… fue.
Aprovechar la oportunidad para crecer, para ampliar el horizonte, para generar nuevas y mejores realidades.

Sano no es intentar escapar del dolor inevitable, sino saberlo manejar para que sea una fuerza que opere constructivamente.
Cuando perdemos tenemos la oportunidad de ganar algo inesperado.

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