Resp. 6138- como se hace actualmente con el pecado

Davirias nos consulta:

Como hacen los judíos con el pecado, es decir según he leído, debía hacerse expiación por este y para ello el sacerdote entraba al templo, expiaba sus pecados y luego los del pueblo, realmente no sé si estoy herrado en esto, como se hace ahora que no hay acceso al templo y que entiendo es el único lugar en que se puede hacer, y que es por mandato del Dios le Moisés.
Marcos Irías, 31 años, Ingeniero, Managua, Nicaragua

Shalom, gracias por su pregunta.
Creo que entre los miles de posts que tenemos publicados ya hemos trabajado este tema, pero lo haremos nuevamente siendo sintéticos.
Más allá de la actual respuesta, le sugiero que se ponga a leer, si gusta, los cientos de textos publicados en este hogar que tratan de TESHUVÁ, que entre otros aspectos responde a su duda. Use el buscador integrado al sitio.

Pero antes, sería interesante para mí saber qué le mueve a preguntar esta temática.
Porque supongo, y no es lo más acertado actuar basado en supuestos acerca del otro, que tendrá alguna relación con la fantasía idolátrica de que la muerte de un sujeto hace siglos expía por los pecados del mundo. Y, por tanto aquella inventada muerte reemplazo mágicamente al servicio de sacrificios expiatorios en el Templo.
Como dije, no es bueno actuar basándose en prejuicios, por tanto quedo a la espera de su información.

Como habrá leído unas líneas antes, existe el concepto de TESHUVÁ, que pobremente se traduce como “arrepentimiento”.
En realidad es el regreso al camino correcto y no se ejerce solamente para restablecer el desvío que es el “pecado”, sino para llevar a la persona a estar en sintonía con su NESHAMÁ (espíritu).
La TESHUVÁ es la conducta habitual para todo aquel que anhela estar sinconizado con el Eterno, sea que haya cometido algún acto prohibido o no.
Pero muy especialmente precioso para el que los ha cometido.
Sea por rebeldía, o por alguna ventaja, o por ignorancia o por error; para todos está disponible la TESHUVÁ.

Los sacrificios en el Templo NO eran los que expiaban, ni tampoco la sangre del animal que se salpicaba, ni cualquier otro ritual.
Lo que en verdad corregía el pecado era la TESHUVÁ.
Por más animales degollados, por más asados al Padre, por más malabares religiosos si faltaba la TESHUVÁ de nada servía el derramamiento de la sangre.
Nunca, jamás.
Por eso mismo con punzante claridad declaró el profeta:

«Dice el Eterno: ‘¿De qué Me sirve la multitud de vuestros sacrificios?
Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de machos cabríos.
Cuando venís a ver Mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras manos, para que pisoteéis Mis atrios?
No traigáis más ofrendas vanas.
El incienso Me es una abominación; también las lunas nuevas, los shabatot y el convocar asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva! Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de soportarlas.
Cuando extendáis vuestras manos, Yo esconderé de vosotros Mis ojos.
Aunque multipliquéis las oraciones, Yo no escucharé.
¡Vuestras manos están llenas de sangre!
Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de Mis ojos. Dejad de hacer el mal.
Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda.»
(Ieshaiá/Isaías 1:11-17)

¿Entiende la queja del Señor?
La gente confundida, o adrede malintencionada, se portaba mal y luego corrían religiosamente a traer ofrendas y cumplir con rituales… ¡como si el judaísmo fuera una religión! (cosa que absolutamente NO LO ES, ni nunca lo fue).
Ellos querían hacer de cuenta que era posible comprar el perdón sin hacer ningún esfuerzo personal, sin cambiar de conducta, sin comprometerse con el Eterno para ser leales a Su Instrucción.

Entonces, el profeta (todos ellos en realidad) les dejan bien en claro que Dios no quiere sacrificios, detesta los rituales, aborrece la sangre derramada, no está interesado en lo absoluto en toda la payasada religiosa.
Él dice exactamente lo que quiere: que construyamos SHALOM, por medio de pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.
Por tanto, que nos apartemos del mal y que hagamos el bien.

Para nada pide fe, ni menos la ordena.
Ni requiere que pongamos nuestra vida en manos de un salvador crucificado.
Ni tampoco que con rituales pretendamos estar a la altura de nuestra tarea sagrada.
Ni que hagamos sacrificios de animales.
Nada de eso le interesa a Dios, ni nada de eso nos aporta realmente.

Lo que Él manda es que actuemos con bondad y justicia, siendo leales a Él.
Para lograrlo podemos hacer las cosas “a ojo”, o podemos dejarnos conducir por el código ético/espiritual que Él nos ha dado.
A ustedes, los gentiles, Él entregó Siete Mandamientos, que componen el núcleo de lo que es conocido como NOAJISMO.
A los judíos, y solamente a nosotros, nos entregó la Torá con sus 613 mandamientos que corresponden a mi pueblo, no al suyo.
Cuando conocemos nuestros mandamientos, usted los 7, yo los 613; vivimos de acuerdo a ellos; nos dedicamos a una vida de lealtad; finalmente estamos haciendo lo que Él manda y que nos sirve aquí y en la eternidad.

Pero usted, u otra persona, puede decir que la Torá (que es judía, para judíos) dedica montón de capítulos a los sacrificos, a las cuestiones del Templo, a cosas rituales. Que allí se lee que el sacrificio expía; por ejemplo (uno de varios):

« Así el sacerdote hará expiación por él, por su pecado, y será perdonado.»
(Vaikrá/Levítico 4:26)
Y es cierto, pero sin embargo no contradice en nada lo que le vengo explicando.
Permítame que le revele la cuestión, que es muy sencilla y para nada contradictoria.
Para los antiguos, hace 33 siglos, era una práctica corriente y necesaria la del sacrifico. Ellos experimentaban la naturaleza, entendían su realidad, de una manera diferente a la nuestra. Para aquellas culturas milenarias (no solo entre los judíos, cabe aclarar) el camino para acceder a los dioses (estoy hablando de los antiguos, no de los judíos) implicaba el contacto con los elementos naturales y físicos: ver, tocar, oler, comer, saborear, oír, beber, derramar sangre, matar, quemar, abrazar, tener sexo, etc. Para sus mentes no había opción a rezos, o a filosofar, sino que eran mucho más concretos.
A nosotros nos puede resultar muy extraño, primitivo, incomprensible; tal como para ellos les resultaría que alguien se dedique a murmurar palabras comunicándose con los dioses (rezar) o a meditar en temas metafísicos.
Entonces, para aquellos habitantes del mundo antiguo, los sacrificios y otros rituales eran parte sustancial de su camino a las deidades. Algo similar acontecía con los judíos, que en definitiva estaban sumergidos a pleno en la mentalidad y sentimiento de su época.
Por tanto, para ellos todos estos rituales eran accesorios, nunca lo esencial, y sin embargo muy necesarios para ponerse “en onda”. Todo el impacto del sufrimiento del animal, el show de la sangre derramada, lo auditivo, lo sonoro, lo que se olía, todo confluía para poner a la persona en estado de “trance” para motivarlo a cambiar y ser mejor. Así marchaban las sociedades antiguas, ¿qué podemos hacer nosotros? No las podemos juzgar de acuerdo a nuestra sensibilidad, sino comprender la suya.
Llegó una época en la cual la percepción colectiva fue variando, ya no solamente entre los judíos se percibía como grotesco sacrificar animales a los dioses; no es coincidencia que por aquel tiempo el Templo perdiera su centralidad y pasará a fotalecerse otra manera de enfocarse en las cosas del Padre.
¿Se comprende?
¿Se entiende que en verdad el sacrificio en nada expiaba?
Lo que era indispensable era el hacer TESHUVÁ para luego dedicarse con mayor energía a construir SHALOM.
Eso es lo que hacemos también ahora, corregir nuestra conducta, mejorar lo bueno, rectificar los erróneo, aproximar nuestro Yo Vivido al Yo Esencial.
Nos resulta bizarro suponer que el sacrificio tenga actualmente alguna finalidad motivacional.
Está por fuera de nuestro marco de referencia y por tanto nos sirve para conocer del pasado, comprenderlo, ver como las cosas han cambiado y asumir que tenemos nosotros por delante la tarea de construir SHALOM.

Le deseo lo mejor y que pueda construir SHALOM a cada momento, siendo consciente de su identidad noájica y viviendo de acuerdo a ella.

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