Parashat Vaiakel comienza con la orden de Dios a Moisés de reunir a todos los hijos de Israel y ordenarles varios mandamientos.
El primero de ellos se trata de que los israelitas deben de guardar el dÃa de Shabat, es decir, hacer del sábado un dÃa de abstención de melajá, que podemos traducir como actividad creativa. Dios también prohÃbe explÃcitamente encender fuego en Shabat.
En la continuación de la parashá, Dios continúa con una mitzvá: Todos los hijos de Israel deben hacer una contribución para la construcción del Tabernáculo. Se les pidió que donaran principalmente materiales costosos como: oro y plata y cobre, diferentes tipos de colorantes, lienzos que cubrirán el tabernáculo, madera de árbol de acacia, aceite y perfume que se usaron para alumbrar y aromatizar, y piedras preciosas para las diversas vestiduras sacerdotales.
¿Quién fabricará todos los artefactos y utensilios del santuario? Se les pide a los artistas que vengan y los creen de acuerdo con las pautas que les serán suministradas.
¿De dónde tendrÃan los israelitas conocimientos de orfebrerÃa, carpinterÃa, joyerÃa, etc.? Eran artistas y artesanos que aprendieron su oficio en Egipto, trabajando para los patrones que dispensaban gran importancia a sus ropas, viviendas, templos, ornamentos, etc.
Estos expertos se presentaron de manera voluntaria, hombres y mujeres, para dedicar su tiempo, conocimiento, experiencia, experiencia y otros recursos colaborando en la fabricación y edificación del santuario y sus objetos sagrados.
Tras las órdenes vertidas por Moshé, de acuerdo al mandato del Eterno, se comenzó la operación de movilización general para la construcción del Mishkán: los hombres y mujeres donaron el oro que tenÃan, con gran generosidad hasta se desprendÃan de sus joyas personales para participar en esta campaña sagrada. Proveyeron los materiales necesarios, mientras los presidentes y lÃderes de la multitud traÃan el aceite, las especias y las piedras preciosas más sofisticadas.
El director general de la obra fue escogido por Dios, quien seleccionó a Betzalel hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Yehudá , pues: «el EspÃritu de Dios lo llenaba de sabidurÃa, dándole inteligencia, ciencia y destreza en todo arte».
A su lado trabajaban personas con grandes talentos, muchos de los cuales estaban siendo iluminados por la sabidurÃa del Eterno para realizar estas tareas. Asà pues, lo que aprendieron en Egipto, más la inspiración celestial dotaban a los encargados de la manufactura de una capacidad increÃble para conseguir concretar el diseño artÃstico Divino.
Moshé instruye a los artistas para que comiencen a trabajar. Primero, se prepararon las láminas que cubrÃan el tabernáculo y se conectaron entre sÃ. Posteriormente, se hicieron los tablones y los antepechos que los conectaban. Luego el Parojet, la cortina que separaba el Lugar SantÃsimo del resto del Tabernáculo. En este punto llegó el turno de construir los artefactos sagrados: el arca, la mesa, el candelabro, el altar del incienso, el altar ascendente en el que se ofrecÃan los sacrificios y el lavatorio. El final de la construcción se dedicó a la preparación del atrio que rodeaba el tabernáculo: las columnas, clavijas, antepechos y paredes.

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