El motivo para caminar la senda sagrada

El mundo es una creación del Creador, sustentada en Su Amor y Sabiduría.
Existe porque constantemente Él lo recrea.
Es decir, a cada infinitésima de segundo se está produciendo el acto fundamental de la creación del universo.

Esto quiere decir que el Creador está sosteniendo al mundo, que no lo abandonó a su suerte.
Que es obra de Sus Manos (lenguaje poético) y no de la casualidad.
Que existe porque Él así lo decreta en cada milésima de momento.

Esta es una creencia sustentada en la Tradición milenaria, resguardada por los Sabios, que son estudiantes de los Sabios anteriores y así hasta el Origen.

Cuando requerimos el servicio de las ciencias modernas, nos encontramos con imágenes sorprendentemente semejantes.

Obviamente que la mayoría de los científicos no pondrán “la variable divina” en sus ecuaciones, porque no entra dentro del marco de las ciencias… ¡y está bien que así sea!
Porque Dios no es, ni puede ser, objeto de estudio de las ciencias, por el simple hecho de que es absolutamente diferente a absolutamente todo.
No hay ciencia que tenga la capacidad para estudiarlo, y menos aún las supersticiones de circo de las religiones.

¿Entendiste?
¡NO busques a Dios y Sus cosas en los circos perversos que son todas las religiones!
Recordemos que ni noajismo ni judaísmo son religiones, aunque tristemente muchos las vivan así o las consideren como tales.

A Dios no se lo encuentra en las religiones, aunque quizás indirectamente y luego de muchos fracasos algo del destello sagrado se puede encontrar allá.
Pero, ¿para qué arruinarse la vida, ponerse en riesgos, desviarse de la senda sagrada para quizás tener un leve reflejo de santidad?

Mejor andar por al camino sagrado, el que el Creador diseñó y sigue sosteniendo.
El noajismo para el gentil, es decir el 99,8% de la humanidad.
El judaísmo para el judío, el 0,2% restante.

Porque ambos caminos son el mismo, el del Eterno.
Nos ponen en la tarea sagrada de construir SHALOM, en pensamientos, palabras y acciones.
Por tanto con efectos inmediatos de bienestar y alegría.
Se disfruta la armonía y la bendición.

Porque a través de este camino sagrado es como descubrimos al Creador sosteniendo al mundo a cada instante, con Su Amor y Sabiduría.
Hacemos de Su Voluntad nuestra voluntad y nos comportamos de la forma que Él quiere: como Sus hijos.

No es por un deber extraño, ni porque te lo ordene algún clérigo, ni para sentirte especial.
Andar por la senda sagrada es tu obligación ante tu Padre y ante tu propia esencia.
Ir por este camino es tu derecho, el que te acerca a ser la mejor y más dichosa versión de ti mismo.

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