Las parshiot Tazría y Metzorá comparten un tema en común, la enfermedad de tzaraat que afectaba al מצורע – metzorá, que se manifestaba con espantosas manchas y lesiones en la piel de la persona, sus ropas y/o las paredes de su casa.
Se suele traducir como “lepra”, pues ambas presentan feas laceraciones cutáneas que suelen provocar aversión y horror en quien las observa, pero son diferentes afecciones.
Según dicen los Sabios, en el Talmud (Erajín 15b), tzaraat se producía como resultado del conflicto espiritual provocado por alguna de estas conductas reprobables: maledicencia, asesinato, inmoralidad sexual, falso juramento, arrogancia, robo y avaricia.
Aunque, el midrash (Tanjuma Metzorá), considera que el foco principal es el מוציא שם רע – motzi shem rá, difamar, que es decir públicamente falsedades o verdades a medias respecto de otro, con la intención de perjudicarlo injustamente. De cierta forma, se provoca que la víctima sea foco de atención negativa, para que la rechacen o aíslen.
Es interesante advertir que el “castigo” espiritual hace que el culpable sufra lo que pretendía ocasionar en su víctima. Resulta que no era un médico sino el cohén (ministro del Eterno, sacerdote) quien debía diagnosticar esta dolencia y diferenciarla de otras que pudieran parecer similares. En caso afirmativo, se debía confinar al afectado por una semana fuera del poblado. Luego volvía a ser revisado, y se lo aislaba nuevamente si no había evolución favorable.
Además, el afectado debía llevar la ropa desgarrada, dejarse crecer el pelo y anunciar claramente a los que se cruzaran con él que sufría tzaraat, para que evitaran entrar en contacto con él.
Como hizo, le era hecho; porque como el metzorá había agredido y hostigado a un inocente, luego le sucedía a él a causa de su enfermedad: era marcado, rechazado y confinado a la soledad.
Luego de la mejoría de los signos físicos, se debía proceder a un ritual que incluía korbanot (ofrendas) e inmersiones en la mikve (piscina ritual), tras lo cual el cohen podía declararlo «puro». Obviamente que el proceso era incompleto si carecía de TESHUVÁ, completo y sincero retorno a la senda de la corrección.
Había otros procedimientos para realizar en el caso de que hubieran aparecido manchas de tzaraat en las prendas de vestir y las paredes de la casa.
Esta enfermedad tan particular ya hace milenios que no se manifiesta, por tanto, pareciera que no recibe el difamador un castigo por sus actos reprobables.
Pensemos entonces, ¿qué herramienta tan eficaz y drástica contamos nosotros para evitar y para detener la habladuría perjudicial?
Piensa, actúa y habla con armonía,
Juzgarte, o juzgar al prójimo,
La cualidad natural y necesaria de juzgar
Día 16, que corresponde a dos semanas y dos días del Omer (1 Iyar).
Es tan abusivamente imperfecto el dar por demás,
Día 15, que corresponde a dos semanas y un día del Omer (30 Nisán).
Sin límites y sin ejercicio justo de poder,
Día 14, que corresponde a dos semanas del Omer (29 Nisán).
El rigor ejercido con propiedad, en su justa y correcta medida,
Día 13, que es una semana y seis días del Omer (28 Nisán).