Blog

  • El consejo diario 513

    Las creencias no son pensamientos racionales,
    a los sumo son lemas repetidos,
    prejuicios,
    imaginaciones deshilachadas faltas de sustento,
    nociones preconcebidas,
    mandatos sociales no filtrados,
    sentimientos apropiándose de palabras,
    una manera imperfecta de emplear nuestra menta en un intento por controlar las situaciones.

    Dale paso a la luz intelectual para que alumbre sus oscuridades;
    mejor aun,
    permite que la LUZ (del espíritu) sea la que guíe tu razonamiento.

    Transforma las creencias en conocimiento,
    si fuera posible;
    en divertimento,
    si fueran inocuas;
    o en ilusiones para evaporar,
    en su defecto.

  • El consejo diario 512

    ¿Te crees que eso que obtuviste gritando, amenazando, presionando, castigando, atemorizando, es una victoria?
    Quizás realmente sientas que lo sea.
    Pero, estaría buenísimo que probaras el otro método, el de estar plenamente atento, comunicar auténticamente, agradecer, pedir amablemente, respetar, elogiar sinceramente, criticar con deseo de mejorar, aprobar con amor… por ahí lleva más tiempo y un poquito más de esfuerzo dedicado, pero el resultado es probablemente mucho más valioso y duradero que el otro.

  • El consejo diario 511

    Cualquiera puede quejarse y lamentarse al día siguiente,
    pero es de sabios tener los ojos al frente y predecir lo que acontecerá.
    Para lo cual, es imprescindible tu atención plena aquí y ahora.
    Recuerda que tienes poder limitado, haz tu parte, el resto no te corresponde.

  • El consejo diario 510

    Si tu hijo consigue al fin tu atención por medio de conductas negativas,
    ¿te parece que las dejará para volver a estar ausente de tu conciencia?

  • El consejo diario 509

    Vale infinitamente más
    un minuto de atención plena a tus hijos
    que diez horas de gruñidos, regaños, castigos, regalitos nacidos en sentimiento de culpa, payasadas huecas y malabares varios.

  • Resp. 5927 – Que significa perdonar?

    1- Que significa perdonar?
    2- Que ya no sientes mas dolor?
    3- Que ya no importa lo que te hicieron?
    4- Que ya No eres mas una victima de una creencia errada que te llevo al error?
    5- Que ya no sientes dolor por esa persona porque comprendiste desde donde actuo ya que tu también has estado ahí?
    6- Desde donde construyes shalom para perdonar?
    lissettBaez,49 años, Idiomas, Santo Domingo, Republica Dominivana

     

    (más…)

  • El consejo diario 508

    Una forma excelente para liberar tu LUZ de sus cáscaras y máscaras,
    es participando en la redención de la LUZ de los otros
    de su encajonamiento detrás de sus propias limitaciones temporales.

  • El consejo diario 507

    ¿Te preguntaste si lo mejor para la relación en este momento es que tú seas el protagonista que parlotea constantemente,
    o el protagonista que es receptivo y escucha atentamente?

  • Miedo al abandono

    Uno de nuestros cinco miedos básicos es el del abandono, cosa que tarde o temprano sufriremos realmente.
    Todos somos abandonados en algún momento de nuestra vida, sea que el otro quiera o no hacerlo. Porque, somos mortales, porque somos limitados, terminamos siendo abandonados o abandonando.
    Por más que nos esforcemos en no sentir ese miedo, allí se anida, como sus cuatro hermanos que forman la base de todos nuestros miedos.
    Y nutriendo todo el sistema de miedo, la expectativa al no poder, a no tener el control, a estar a merced de otro, sea éste un ser vivo o un elemento inerte, sea que adrede se nos someta a impotencia o sin ninguna intervención consciente.

    El miedo al abandono suele producir alguna de las siguientes respuestas automáticas, cual si fueran mecanismos mágicos para evitarlo, contenerlo, minimizarlo, negarlo:

    • Abandonar antes de ser abandonado.
    • Ser sumiso, hasta grados inconcebibles, con tal de mantener al otro a nuestro lado.
    • No formar ningún vínculo emocional, porque si nadie nos quiere y no queremos a nadie, nadie nos abandonará.
    • Obligar a ser abandonado con una constante conducta displicente, ofensiva, desagradable, molesta, pero que nunca da el paso de activamente abandonar.
    • Estar pero no estar: te quiero, pero te maltrato; estoy contigo, pero añoro a otra pareja; estoy casado, pero le soy infiel; detesto mi vida contigo, hasta tu nombre me repulsa; pero sigo a tu lado.

    Cualquiera de estas produce miseria, sufrimiento y por supuesto ¡abandono! Sea durante la relación, o posteriormente. No cura el malestar, lo empeora. No brinda satisfacción, la aleja. No espanta el miedo, lo aumenta.

    Esta cuestión no se circunscribe a relaciones familiares, incluye noviazgos, amistades, e incluso relaciones laborales.
    Ésta última pudiera parecer ajena, porque supuestamente no debiera incluirse en las que están cargadas emocionalmente. Pero, muchas  veces se generan vínculos afectivos por la gente del trabajo, por la empresa, pero también está el dinero y las emociones que éste conlleva.
    Por lo cual, debemos atender con atención para descubrir hasta dónde el miedo al abandono está pautando nuestras relaciones personales en todos los ámbitos.
    Luego de identificado, quizás podremos hacer para librarnos y disfrutar de la compañía y también de la soledad.

  • Humildad es la clave

    Es muy frecuente que nos acordemos de Dios al momento de pedir, pero muy raro hacerlo presente cuando disfrutamos de lo que tenemos.
    Porque, sentimos que estamos en control, que nuestro es el poder, que tenemos derecho y que somos dignos de recibir y de que nos agradezcan; ¿cómo vamos a menoscabar nuestro sentimiento de poderío siendo humildes ante el Señor?
    ¡Cuando mayor debiera ser nuestra cercanía con la LUZ, pareciera que abrimos más las ventanas para que ingrese la oscuridad!
    Ponemos al Yo en el lugar de Dios, como si de esa manera tuviéramos mayor posibilidad de gozar y no sentir nuestra finitud, que pronto lo bueno también se acaba.

    ¡Cómo cambian las cosas cuando surge la falta, cuando sufrimos del hambre y no hay qué lo extinga, cuando luchamos débilmente y seguimos sometidos a la impotencia!
    Nos arrebata la ira, nos enfurecemos, rugimos, gritamos, insultamos, golpeamos, nos quejamos, nos lamentamos, lloramos, nos encerramos en un silencio quebrado por el suspiro insolente, destrozamos llenos de agresividad; y entre esto y aquello, nos viene a la mente que podemos manipular al Creador con rituales, con petitorios que suenan a mandatos, con reclamos en formas de rezos, con extorsiones mágicas de apariencia espiritual.
    Hacemos pactos, negociamos, ordenamos que el Cosmos se ponga en marcha según nuestra infantil mirada de las cosas; porque en nuestra impotencia y limitación, tenemos la trastornada idea que podemos usar a Dios como si fuera un títere sometido a nuestro servicio.

    ¿Te suena conocido?
    ¿Es lo que haces?
    ¿Lo has visto en otros?

    A veces, nuestra desesperación y enojo llega al punto de la ruptura con la Deidad.
    No queremos saber nada de ese Dios que permite que A NOSOTROS nos pase cosas malas. ¿Cómo se atreve ese Dios? ¿Acaso Él también es impotente que no actúa para librarnos del mal? ¿Somos tan insignificantes que no merecemos milagros y salvaciones mágicas celestiales? ¿Cómo vamos a adorar o siquiera creer en un Dios que demuestra que no puede, y si puede, no quiere ayudarnos? ¡Porque somos el centro del universo y ese Dios debiera saberlo y actuar en consonancia!
    Así, nos abstenemos de Dios, de tanta impotencia que sentimos, de tanto afán de control que abruptamente todo se descontrola.

    ¿Conoces gente así?
    ¿Te pasa a ti?
    ¿Lo has vivido en carne propia?

    Humildad es la clave.
    Para poder estar feliz por el disfrute de nuestro éxito material, con orgullo y alegría; pero sin por ello dejar de agradecer y bendecir al Aquel que permitió que sucediera.
    Humildad en los momentos de quiebre, para sobrepasar la automática respuesta furibunda del EGO, y no envolvernos en un ciclo negativo de mayor impotencia-agresión.

    Humildad, para actuar con bondad Y justicia, como constructor de SHALOM, en las buenas y en las no tan buenas.
    ¿Sabes quién obtiene beneficios siendo así?

    (Humildad: tomar conciencia y admitir los propios límites, reconociendo lo positivo así como lo negativo, descubriendo el potencial para hacer lo posible para desarrollarlo. Es hacer sin prometer, sin hacer demostraciones, sin reclamar la atención).

  • El orden de los factores

    A veces puedes pensar que tendrás ese elusivo éxito, tan esperado, cuando comiences a hacer dinero, o cuando seas admitido en determinado grupo, o cuando esa persona te acepte en matrimonio, o cuando te mudes, o cuando cambies de trabajo, o al divorciarte, o al jubilarte, o cuando… y pospones el verdadero factor del éxito detrás de ilusiones.

    La cuestión es simple: mientras el miedo siga entorpeciendo tu avance, ninguna de los factores externos conducirán al verdadero éxito.
    Podrás amasar una fortuna, pero no estarás satisfecho.
    Serás miembro de ese grupo, y todavía se escapará tu aprobación social.
    Convivirás con esa persona especial, y aunque te duela confesarlo, seguirás sintiendo la soledad.
    Comprarás una bella casa en el barrio de tus sueños, para amargarte por la hipoteca, la distancia, la inseguridad.
    Te contratarán de aquella empresa, pero no sabrás mostrar tus dotes y crecer.
    Así con cada una de las otras falsas premisas del éxito, porque en tanto el interior no esté en paz, no sea receptivo al bienestar, no podrás disfrutar.

    Puedes hacer diferente.
    Está bien que hagas dinero, te mudes, te amigues, te asocies, esto y aquello, pero no como el único y principal paso a dar.
    Tienes que tomar conciencia de tus miedos.
    Admitir que ellos te dominan.
    Encontrar qué los motiva.
    Tomar medidas para actuar con cautela, pero no con miedo.
    Avanzar allí en donde el miedo te dice que caerás o serás destruido, para darte cuenta que el miedo era una fantasía terrible, que te anclaba e inmovilizaba a una situación dolorosa.

    Ese miedo delimitaba tu Zona de Confort a un espacio falsamente confortable, que te daba la impresión fantasiosa de que estabas bien. Te proponía un mundo terrible más allá de su límite, y te prometía entonces resguardo en tu parálisis y atontamiento. “¡Quédate aquí, aunque no estés tan bien, porque allí seguramente estarás peor! ¡Más vale malo conocido que bueno por conocer!”. Así te asfixiaba en tu pobreza, soledad, envidia, rencor, amargura, ira, ignorancia, idolatría, reverencia a pastores-lobos, aceptación de maltrato, etc.

    Tus dones, regalos de Dios, se marchitaban sin ser usados.
    Tu poder se anulaba, te sentías impotente.
    Tu ansiedad por controlar, te dejaba cada vez más débil, incapaz de dominar lo que naturalmente estaba en tu potestad.
    Te amargabas, enojabas, encerrabas, esperanzabas vanamente, más y más; para tropezar una y otra vez, confirmando aquello que tu miedo vociferaba.
    Eras el motor de tu fracaso, dándote cuenta o ignorándolo.

    Puedes dar el pasito más allá del límite impuesto por el miedo.
    Una buena idea, cuando ayudas a otros de forma desinteresada, estás salteando por encima de tu miedo, desplegando tu capacidad, manifestando tu poder. Por si fuera poco, estás sintonizando con la Voluntad del Eterno.

    Estarás en la senda del éxito al no desesperarte por poseer, por controlar; sino al aceptar lo que sucede, controlar lo que está en tu dominio, disfrutar sanamente lo que te corresponde.

  • El consejo diario 506

    La luz ya está alumbrando,
    ahora es cuestión de abrir los ojos y aprovecharla.