Shabat del Eterno

«Seis años sembrarás tu tierra, seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año será para la tierra un completo descanso, shabbat consagrado al Eterno…»
(Vaikrá/Levítico 25:3-4)

El año sabático es uno consagrado al Eterno, así queda específicamente declarado en el versículo.
Por tanto, la explicación de que se hace como un astuto mecanismo agrícola para darle reposo a la tierra y que renueve sus nutrientes, no es tal. Simplemente es un beneficio secundario.
Se debe cumplir porque es un mandamiento del Eterno para la nación judía, solamente por ello y sin esperar ningún tipo de retribución como consecuencia.

Están los que explican que era un antiguo método de consideración social, por darle a los esforzados trabajadores de la tierra todo un año de licencia, pudiendo así volver a las tareas con ímpetu renovado y más eficiencia. Pero, tampoco es esto otra cosa que un beneficio secundario.
Se debe cumplir porque tal es la ordenanza del Eterno para con el pueblo judío.
Los que esperan recibir algún premio por su obra, no están actuando de acuerdo al principio establecido aquí por el Eterno.

La idea entonces se puede hacer extensiva al resto de los 612 mandamientos de la Torá para la Familia judía.
Todos ellos dados por el Creador, de acuerdo a Su Voluntad y para que sean cumplidos por ello, y nada más.
Si bien es cierto que muchas veces podemos descubrir ventajas en el cumplimiento de los preceptos, no ha de ser por ello que estemos comprometidos con su cumplimiento.

Más bien, poner nuestra voluntad bajo la Divina Voluntad.
Hacer nuestras obras en sintonía con sus designios.
Convertir al Yo Vivido en un reflejo leal de la NESHAMÁ.

Todo ser humano, por serlo, es una NESHAMÁ, por tanto una chispa del Creador.
Esa identidad sagrada nos marca un camino de actuación (para pensamiento, palabra y acción) al que podemos denominar ético.
Tal debiera ser nuestro código de conducta en todo momento.

Pero, como son abundantes y variados los obstáculos para tomar conciencia de esa LUZ, el Eterno nos ha dado un regalo, una guía, una brújula, que permite aprender lo que por herencia llevamos en nuestra esencia.
Cada uno de los gentiles poseen el Código Noájico, compuesto por los Siete Mandamientos para las Naciones.
En tanto que los hijos de Israel están comprometidos con el Código llamado Torá, con sus 613 mandamientos para el pueblo judío.

Al saber esto, ser conscientes y activos en nuestra identidad y metas; es como podemos llevar a cabo nuestra tarea sagrada en el mundo y por lo tanto en la eternidad.
Siendo coherentes con nuestra Identidad Esencial, conociendo y cumpliendo con nuestros mandamientos correspondientes.
Porque es lo que Dios ha ordenado, y así es como nos consagró a Su servicio.

Sin esperar nada a cambio, pero teniendo confianza que es un Rey amoroso y justo, por tanto no pierde ni olvida el registro de lo bueno en nuestra conducta; así como la misericordia resplandece oportunamente cuando no hay tanto bueno que exponer de lo que hayamos hecho.
Trabajemos los años que tenemos de existencia, sean plenos y muchos, o escasos y magros. Porque al final, tendremos la Era Sabática, consagrada del Eterno, para disfrutar de los frutos que nos corresponden.

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