¿Con qué vistes tu personalidad?

En nuestra parashá se comienza1 a tratar el tema del "metzorá", que es la persona afectada por la cruel enfermedad de "tzaraat".
Algunos de sus signos y síntomas son similares a los de la lepra, por lo cual es común confundir ambos padecimientos.
Incluso la manera habitual de traducir "tzaraat" es "lepra".
Pero debemos saber que no son idénticas, pues hasta donde conozco la lepra no afecta prendas de vestir y las paredes de la casa, extraños signos que sí aparecían en ocasiones acompañando al mal de tzaraat en la persona:

"del tzaraat del vestido y de la casa"
(Vaikrá / Levítico 14:55)

¿Qué clase de enfermedad humana puede llegar a afectar vestidos y paredes?
Sabemos que los objetos inanimados pueden quedar contaminados y así servir para trasmitir por fomites (esporas, bacterias, parásitos, etc.) que producen enfermedades, ¡pero no se "enferman" los objetos en sí mismos!

Para resolver este asunto, prestemos atención a la declaración de R. Ionatán en el Talmud (Arajín 16a), que surgió del análisis de numerosas fuentes del Tanaj, en donde nos enseña que la enfermedad del tzaraat no tenía un origen material, sino espiritual2:

"Por siete acciones sobrevienen las manchas: lashón hará3, homicidio, perjurio, libertinaje, orgullo, robo y celos"

Son siete conductas/actitudes realmente perniciosas, que corroen el espíritu y destruyen la vida. Es decir, cuando la persona se hunde en la inmoralidad, pues su espíritu no es alimentado correctamente con Torá, cumplimiento de mandamientos y buenas acciones, entonces no solamente se deteriora espiritualmente sino que también en el resto de los planos de su existencia4.
Así es como su cuerpo va perdiendo resistencia, pasando a ser fácil víctima de enfermedades y afecciones de diversa índole.
Algo similar acontece con sus emociones, que están en desequilibrio; con sus relaciones sociales, que se quiebran o se producen vínculos tóxicos; y con sus pensamientos, que no encuentran luz ni establecen orden.
Como es testimonio en el escrito del profeta:

"’¡No hay paz para los malos!’, dice el Eterno."
(Ieshaiá / Isaías 48:22)

El que está apresado por el mal, difícilmente encuentra paz.
Aunque por designios de los Alto viva con holgura material, en su vida hay estrechez de otros tipos. Piensa en ejemplos de personas que tú conoces, o en anécdotas de personajes célebres y comprobarás que es así. Piensa por ejemplo en el famoso futbolista argentino número diez, el que tiene el infame orgullo de hacerse llamar "dios" o "mano de dios"; un hombre de éxitos deportivos en su momento, de gran poder con las muchedumbres, pero de tormentosa vida y escasa luz. Un hombre que desde el punto de vista material podría haber sido feliz, dichoso, pero que su orgullo, uso de "malas palabras"6, celos y otras bajezas espirituales lo ahogan en un infierno personal.

Especialmente negativa es la conducta lesiva con la palabra. Aquella palabra injusta que daña al inocente, en el pernicioso acto que se conoce como lashón hará5. Este acto es tan grave que nuestros Sabios han asociado indefectiblemente al metzorá con el motzí shem rá, con el maledicente.
Es decir, en la antigüedad (en tiempos en los que se manifestaba la enfermedad tzaraat) cuando se investigaba al metzorá casi siempre se encontraba a una persona dedicada abusivamente a las habladurías perniciosas.
Es que, en la raíz de todo murmurador se encuentra una persona moralmente pequeña, tal como ha descrito en breve y magistralmente el erudito Ibn Gabirol:

"Cuando el corazón es estrecho, la lengua es abundante."
(Mibhar HaPenninim #329)

Por esto, en nuestra vida debe ser perenne este pensamiento:

"¿Quién es el hombre que desea vida?
¿Quién anhela años para ver el bien?
[Si eres tú, entonces]
Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela.
"
(Tehilim / Salmos 34:13-15)

¡Qué buen consejo!
Tan simple, tan verdadero, tan santo.
Tan apartado de toda la pedantería y santurronería de los que siendo pecadores se disfrazan de piadosos.
Tan lejano de rituales sofocantes y pensamientos llenos de "infierno" y "culpa".

¿Quieres el bien para tu vida?
Entonces la cuestión es simple:
aléjate de la "mala palabra".
Si estás lejos de la "mala palabra", también automáticamente te has apartado de los celos, la rivalidad, los engaños, las falsas promesas, los deseos libertinos, los ataques contra personas inocentes, la sustracción injusta de bienes ajenos7.
En palabras del sabio e inspirado salmista:

"Las palabras de su boca son maldad y engaño; ha dejado de ser sensato y de hacer el bien."
(Tehilim / Salmos 36:4)

Porque en su boca hay maldad y falsedad, entonces el desorden se apodera de su mente y ya no actúa con bien.
¿Algo para agregar?

Ahora, habíamos quedamos en la duda de cómo la casa y el vestido "se contagian".
Y una de las respuestas es que el tzaraat por ser enfermedad de origen espiritual, no solamente tiene alcance para afectar el cuerpo sino también las posesiones del que las provoca.

¿Y por qué precisamente vestimentas y paredes de la casa?
¿Por qué no se trasmite a otras pertenencias del metzorá?

Una de las respuestas es muy sensata, a pesar de ser simple: la vestimenta y la casa son coberturas, añadidos superficiales que protegen y distinguen a la persona.
Uno no suele llevar su ropa por dentro del cuerpo, ni la casa tampoco; son elementos que permanecen por fuera, aunque les tengamos gran aprecio y sean valiosos.
Si lo meditas un instante, te puedes dar cuenta de que esta idea también se aplica al cuerpo.
Mientras estamos en Este Mundo somos cuerpo, ¿quién en sus cabales lo puede negar?
Pero, ¿somos realmente este cuerpo que estamos viviendo?
Supón el siguiente ejemplo de ciencia ficción, aunque quizás no esté muy lejano el día en que sea posible.
Alguien que ha sufrido un terrible accidente, y solamente queda indemne su cerebro. Se lo conecta a una computadora, se le alimenta por medio de una compleja maquinaria, se le dota de mecanismos para comunicarse con el entorno. O, se hace un trasplante de cerebro, por medio del cual se conecta éste al cuerpo entero de una persona recién fallecida.
El cuerpo original de la persona ha desaparecido, pero el cerebro mantiene intactos todos sus datos, recuerdos, referencias, etc.
¿A qué llamará "yo" ese cerebro reconectado?
¿A la maquinaria que le sustenta y conecta con el mundo?
¿Al cuerpo del donante fallecido?
¿Solamente al cerebro original?
¿A sus recuerdos y datos preservados?
¿A nada?

Piénsalo y dime entonces, este cuerpo que somos, ¿en realidad no es la primera de las vestimentas físicas que contienen a ese "yo" intocable e inaprensible que somos?
¿Lo llegas a entender?
Reléelo por favor si no te ha quedado claro.

Somos cuerpo, ¡sin dudas!
Pero el cuerpo es una vestimenta, un poco más "personal", más compleja y sagrada que la ropa y la vivienda (Iyov / Job 10:11).
El cuerpo es una vestimenta que se daña, por diversos factores, pero también cuando desde lo espiritual la afectamos por no nutrir adecuadamente nuestra espiritualidad.

Es este uno de los mensajes de eso tan extraño de que ropas y paredes se afecten con tzaraat; es para que recordemos que si ponemos toda nuestra atención solamente en lo superficial, en lo que nos recubre, tarde o temprano estaremos con las vestimentas ajadas, sucias, pobres y casi inservibles y quizás sin capacidad como para mudarnos de ropa.
Si nuestro eje de vida es nuestro cuerpo, o el materialismo, tarde o temprano esta vestimenta nos traicionará y nos quedaremos "desnudos" y sin nada8.

Recuerda, el cuerpo es polvo y allí regresa tarde o temprano.
Y para los que duermen en el polvo ni siquiera hay recuerdo…

Pero mientras esto no acontece, el cuerpo y todo lo material que posees está a tu disposición para ayudarte a encontrar al Eterno.
Son vestimentas que sirven para una finalidad trascendente, no para meros caprichos superficiales.

Recuerda:

"Es que el polvo vuelve a la tierra, como era; y el espíritu vuelve a Elokim, Quien lo dio."
(Kohelet / Predicador 12:7)

Si no alimentas correctamente tu espíritu en Esta Vida,
¿qué vigor tendrá cuando sea el momento de morar en la vida Venidera?
Si te afanas solamente por lo que es vestimenta,
¿a qué estás alimentando finalmente?

Pero si nos dedicamos a preservar en correcto estado nuestras vestimentas (cuerpo, ropa casa, mobiliario, etc.), a nutrir equilibradamente nuestras emociones, a mantener vínculos sociales positivos, a ordenar nuestra existencia y especialmente a dedicarnos al cumplimiento de los mandamientos; entonces por más que nuestras ropas se ajen, seguiremos preservando lo que es más valioso.

Así pues, ya lo sabes:

  • estudia lo que te corresponda de Torá,

  • cumple cabalmente con los mandamientos que están a tu alcance,

  • provee de bienestar a tu prójimo,

  • ten limpio el corazón,

  • cuida mucho tus palabras,

  • preserva en buen estado tu cuerpo

y entonces no serás afectado por males morales y estarás viviendo una vida de plenitud.
Contéstate por favor:
¿Qué ropa crees que te acompañará en la eternidad9?10

¡Te deseo a ti y los tuyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Cuídense y gocen de lo permitido para qué sepamos construir shalom!

Notas:

1- Se continúa en la parashá siguiente, que recibe como nombre "Metzorá". Algunos años estas dos parashot se leen en el mismo día, tal como ocurre en esta oportunidad.

2- Otros sabios que tienen un punto de vista divergente, pues reconocen solamente un aspecto físico en estos padecimientos, que tienden a desgastar y deteriorar los objetos.

3- "Mala lengua", literalmente. Que comprende calumnia, murmuración, maledicencia, todo tipo de daños que se causa a un inocente con el uso de la palabra.

4- Recordemos que son cinco los planos humanos: espiritual, intelectual, social, emocional y físico.

5- Denunciar a los delincuentes, señalar a los que provocan voluntariamente miserias, desenmascarar por ejemplo a los fantoches falsos-judíos mesiánicos (Imperio del Mal, IMA por sus siglas) no es lashón hará, sino que es parte del cumplimiento del precepto de "no poner obstáculos delante de un ciego". Cuanto más denunciemos a los perversos, menos daño provocarán a los inocentes y justos. Recuérdalo y no permitas que los IMA prosperen.

6- "Malas palabras" no son las obscenas solamente, sino también las que insultan aunque no sean malsonantes, las que engañan, las que llevan al error, las que están llenas de bajos deseos, las que atentan contra el inocente, las que alaban la idolatría.
"Yeshua hamashiaj" es una "mala palabra", por ejemplo, Y disculpen que la use, pero precisaba dejar en claro el asunto. Esta "mala palabra" es mala por diversos motivos: es una mentira, lleva al error, promueve la idolatría, atenta con Dios y Sus fieles. En fin, ¡ten cuidado extremo mi amig@!

7- No te daré argumentos que te demuestren esto que te acabo de enseñar, sino que te pido que lo pienses con detención y madurez y luego me envíes un e-mail confirmándome la enseñanza que te he dado.
Si te apartas de la "mala palabra", te apartas de malas acciones.

8- Quizás por esto en el Zohar se tilda a la enfermedad de tzaraat como una muestra de amor por parte del Eterno. Ya que como toda señal de alerta está para despertar a la persona y darle oportunidad para modificar lo que lo está afectando, y de esa manera prevenir males mayores.

9- En el pensamiento jasídico a partir del Alter Rebbe, y en el pensamiento cabalístico en general, se denominan "vestimentas de la personalidad", o del espíritu -"malbushei haneshama"-: al habla, pensamiento y acción. Son los medios para expresarse la persona, tanto con los otros como consigo mismo.

10- Si tus ropas son "mala palabra", acciones negativas, pensamientos rebeldes, ¿acaso crees que estás vistiendo ropas de realeza? ¿Cómo es la alimentación de tu espíritu si esas son tus vestimentas?

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