El premio

"Hicieron el efod de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido."
(Shemot / Éxodo 38:2)

En épocas del Beit HaMikdash, cada una de las 12 tribus de Israel estaba representada por una piedra preciosa adherida al Efod, que era una de las vestimentas del cohen gadol, el sumo sacerdote judío. En cierta oportunidad, faltó una de esas 12 piedras; sin la cual, la ropa del sacerdote era inservible. Por lo cual, los más importantes representantes de Israel recorrieron varias localidades en su procura.
Se enteraron que cierto gentil de la ciudad de Ashkelón, era poseedor de tan valiosa joya.
Así pues, un día tocaron a la puerta y un joven llamado Damá ben Netiná los atendió.
Los señores le dijeron: _ Estamos buscando una piedra preciosa (tal y cual) que sabemos que está en su posesión, ¿nos la vendería por cien monedas de oro?
_ Estoy de acuerdo en la transacción, pasen, aguarden, que ya les entrego la joya.
Fue Damá a buscar la piedra, pero, su padre dormía la siesta encima de la llave del cofre en el cual estaba guardada. Como al sacar la llave despertaría a su padre, retornó el joven a los sabios para informales que no podría satisfacer su pedido en ese momento.
Los sabios interpretaron que era una manera de negociar el precio, así que dijeron: _ Mira, nosotros te daremos mucho oro y dinero por ella. 
_ No, no Uds. no lo entienden yo no puedo entregarles la piedra porque eso despertaría a mi padre. 
Y así continuaron un rato ese regateo, hasta que los hombres se fueron muy decepcionados.

Al día siguiente el joven fue en busca de los hombres que todavía permanecían en el pueblo y les dijo: _ Mi padre estaba durmiendo. Ni por todo el oro del mundo yo hubiera interrumpido su reposo. Pero, cuando despertó, no tuve problema en buscar la llave y luego la joya que ustedes precisa.
Los hombres le dijeron: _ Tu hiciste un acto muy valioso, cumpliste con una mitzvá de inigualable 
importancia: “KABED ET ABIJA VE ET HIMEJA”, “RESPETARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE”, y por esto te daremos una bendición, y también todo el dinero que te ofrecimos.
Y el buen hijo, muy complacido regresó cargado en dinero y dichoso en bendiciones a la casa de su padre.
Al poco tiempo, las riquezas de esa familia aumentaron, al mismo tiempo que la felicidad.

(Versión libre basada en Ierushalmi Pea 81)

Shabbat Shalom les desea Yehuda Ribco

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Destellos de la parashá

Las obras de construcción del Mishkán se ponen en marcha, de acuerdo a los planes y ordenanzas dispuestas por Dios.
Las personas generosas contribuyen con sus donativos; en tanto que los sabios expertos son los encargados de dar forma y cumplimiento a la minuciosa elaboración.
De esta manera son puestos en juego dos aspectos básicos: el sentimiento (por la generosidad), y la razón (por el cumplimiento).
Cuando se hace así se promueve la formación integral del individuo y de la sociedad, pues tanto el sentimiento como la razón deben necesariamente complementarse.
En otro aspecto, podemos mencionar que con estas obras de edificación y creación, se le está dando a los Hijos de Israel una especie de cierre a su período de Exilio; puesto que en Mitzraimy hasta este momento no contaban con un símbolo de la Presencia de Dios; pero, a partir de la erección del Santuario, tendrían objetos físicos que les recordarían su especial relación con el Eterno.

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