Perashat Nasó

 

La individualidad dentro del colectivo

 

En esta semana se lee la perashá/porción semanal de la Torá de: “Nasó”

Quien quiera conocer un resumen de los temas tratados en estos capítulos de la Torá puede ver:  http://serjudio.com/tora/bemidbar/02naso/parashat-nas-resumen

 

Con la perashá anterior se comenzó el libro de Bamidar/Números. En este libro se nos narran las vicisitudes vividas por el Pueblo de Israel en su travesía por el desierto. El vivir en un desierto es algo poco común, una experiencia anormal. No es usual que un pueblo viva en uno de los lugares menos habitables del mundo, con todas las dificultades que ellos conlleva: comida, bebida,  obtención de recursos, climas extremos, etc. En otras palabras en este libro se trata acerca de los quiebres de la normalidad, que pasa cuando la persona se encuentra en situaciones no ideales y atraviesa problemas. Y a diferencia del resto de la Torá donde siempre se toca cualquier temática en forma colectiva, acerca del Pueblo de Israel, en este libro se hace mucho hincapié en el individuo. Los censos son hechos “según sus nombres” es decir, se cuenta el colectivo, al Pueblo de Israel, pero sin dejar de lado la individualidad de cada uno. Esto no viene a enseñar que para llegar a ser parte en forma armónica del Pueblo de Israel, del colectivo, previamente debemos resolver nuestros problemas internos en forma individual. Cuando la Torá toca los problemas,  entornos y escenarios no ideales (lo que es representado con el desierto) se debe hacer hincapié en la individualidad de la persona, para una vez resuelto se debe pasar a ser parte del colectivo.

Y es justamente ese el mensaje del judaísmo, relacionarse con Dios sin perder la individualidad, nuestra propia belleza, nuestra riqueza interior. Conozco varias personas que han atravesado crisis incluso luego de haber vuelto en Teshubá justamente por haberles faltado esto. Sintieron anulada y suprimida su personalidad, sus propias cualidades. Aspiraron a seguir o emular un dibujo externo y extraño de ellos mismos anulando su verdadero Yo. Y la Torá nos enseña lo contrario, ilumina al mundo con tu luz, tu propia riqueza, tu tesoro personal, sé tu mismo!

 

Durante las travesías en el desierto, el Pueblo tomaba una posición específica en la que cada tribu y tribu poseía su lugar y en el centro se encontraba el Mishkán-Tabernáculo, la fuente de la santidad. Allí se especifica la anatomía del Pueblo de Israel

En nuestra perashá se nos narran las problemáticas del acercamiento en demasía hacia la santidad cuando se posee una impureza personal. Es por ello que la Torá ordena apartarlo del dentro de la santidad, recluirlo unos días, formar nuevamente su identidad en condiciones que no lo fuerzan a encontrarse cara a cara con foco de la santidad, debe tomarse unos días para tratar sus problemas personales, días de reflexión e introspección.

 

“Ordena a los Hijos de Israel que envíen fuera del campamento a todo individuo aquejado de tzaráat, a todo el que tenga una emisión, y a todo aquel que haya sido contaminado por un cadáver” (Bamidvar/Números 5:2)

 

Aquel que estaba quejado de Tzaráat que era una enfermedad que venía a la persona por haber hablado lashon hará-calumnias y maledicencias. Quien tenía problemas de ética y moral hacia la sociedad debía de apartarse unos días del campamento del resto del pueblo para resolver sus problemáticas y purificar identidad.

Quien era zav, es decir una persona quejada de impureza a raíz de una emisión seminal. Si bien su impureza no era voluntaria, de todas maneras el hace recordar la bajeza, y la indecencia humana. Es por ello que se lo alejaba del campamento de los levitas, que era el campamento donde se debía poseer pureza en el pensamiento, en la mente.

Y “quien haya sido contaminado con un cadáver”, si bien su impureza no venía por falta de moral, o falta de pureza en el pensamiento, sino que su impureza derivaba del su encuentro con la muerte. En un mundo donde la muerte era posible, (debido a los errores de la persona) se le prohibía ingresar el campamento de la Shejiná-la Presencia Divina. Ya que este era el campamento de la eternidad, y el se acercó justamente a la falta máxima de vida, la muerte.

 

Hasta aquí la Torá habló de las problemáticas que derivan del acercamiento hacia la santidad sin el debido cuidado o preparación personal. De aquí en más la Torá habla de los problemas que derivan del alejamiento en demasía de la fuente de santidad, al punto tal que su falta de moral lo lleva a pecar en contra de su compañero.

 

“Un hombre o una mujer que cometa cualquiera de todos los pecados del ser humano al cometer un delito contra el Eterno…” (Números 5:6)

 

Ante todo vemos que quien comete un “pecado del ser humano” más específicamente el robo al prójimo, también comente “ un delito contra el Eterno”, este enfoque es un poco diferente a la teoría de ciertos “religiosos” que dividen entre su relación con el Eterno y su relación con el prójimo, como si fuesen dos cosas desvinculadas, e incluso se pueda estar con excelente relación hacia Dios, faltando de ser una persona ética y digna hacia el compañero. Este postulado si bien puede parecer interesante vemos claramente que va en contra de la Torá y el judaísmo.

Pero retomando el tema, aquella persona que se alejó tanto de la santidad hasta llegar  la falta de moral básica de la propiedad ajena y pecó. ¿Qué se debe hacer? Se lo obliga a acercarse hacia el Tabernáculo y traer un sacrificio de culpa. Ya que fue justamente este alejamiento lo que causó la falta, de aquí también vendrá la cura.

Y así mismo la temática de la mujer Sotá. Una mujer que fue celada por su esposo, y se comportó en forma incorrecta. Es también este un caso del alejamiento, en un hogar que no reina la paz es justamente por la falta de cercanía hacia el Eterno, y ¿Cómo se soluciona? Se los hace acercarse al Tabernáculo, hacia la santidad, y arreglar los problemas.

 

Pero la perashá finaliza el tema con la bendición sacerdotal, que hace reposar la santidad en el Pueblo de Israel. No sea que la persona se exceda en su búsqueda personal, y se aleje del pueblo por demás. La Torá nos dice: NO! La santidad recae en el Pueblo.

 

“Habla a Aharón y a sus hijos, para decir: Así bendecirán a los hijos de Israel” (Números 6:23)

 

La bendición reposa únicamente cuando se es parte de “los hijos de Israel”. La bendición viene para unir al pueblo. Hay que trabajar en forma personal, incluso desvincularse (sin excesos) pero sin perder el norte. La pertenencia al Pueblo de Israel es la que nos une al Eterno.

 

Que nos deleitemos de un hermoso Shabat.

 

Shabat Shalom para todos!!

 

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