Si me olvidare de ti, oh Sefarad…

Infinidad de libros y artículos, poemas y cánticos, sueños y pesadillas han tratado acerca de la expulsión de los judíos de Sefarad.
Sefarad: el refugio, el hogar, aquel paraíso que súbitamente se transformó en infierno, en pérdida, en exilio y lejanía para más luego ser añoranza y ensueño.
Más de cinco siglos han transcurrido desde aquel marzo-agosto de 1492, desde aquella fatídica jornada del 9 de Av, cuando los expulsados tuvieron que afrontar innumerables tragedias, terrores, acechanzas, hasta finalmente encontrar un sitio de reposo.
No fue un periplo fácil ni rápido, ya que debieron pasar más tormentos, trampas, acosos y angustias. Más traiciones y desesperanzas les golpeaban sus almas y cuerpos, pero ellos no abandonaban su bien más preciado: su tradición y familia.
De a poco lograron afincarse, rearmar individuos, familias y colectividades. Fieles a sus tradiciones, sin abandonarse a la herejía, fuertes en su apego al judaísmo al que no renunciaron a pesar de las tentaciones, a pesar de las desgracias.
Por el norte de África, por toda Europa y hasta en la lejana tierra asiática los judíos que fueron una vez acunados por los reinos de España se arrimaron y moraron.
Muchos afortunadamente fueron acogidos por el soberano turco, el que con astuta galantería los recibió en sus señoríos intuyendo la ganancia que aquellos apesadumbrados judíos le reportarían.
Y no se equivocó el noble sultán permitiendo poblar sus tierras con los sefaradim anhelantes de resguardo y tranquilidad.
Por alguna incógnita misteriosa, para una gran porción de sefaradim Sefarad permaneció como un recuerdo amable en sus corazones, dibujada con dulzura en sus anécdotas y canciones. Las atrocidades y vejaciones, el calvario injusto y soez, la exigencia de abotonarse el disfraz de una extraña fe, la malvada traición y vaya a saber uno cuánta amargura y silencio fueron escondidos, acallados. Simplemente se aferraban a la imagen de la dulce Sefarad de antaño, sin olvidar pero sin ánimo de vengarse o revancha.
Cada año el recuerdo se repite, la lección trata de no olvidarse, para ser mejores judíos, mejores personas.

En esta ocasión el marco de encuentro tradicional en la Comunidad Israelita Sefaradí del Uruguay no puedo concretarse.
Pero no se ha dejado de lado la importancia del evento y el compromiso para con nosotros y el futuro.

Para ayudarnos económicamente: https://serjudio.com/apoyo

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