El futuro ya está aquí

Pareciera que las nuevas generaciones, esas que nacen con pantallitas por doquier, tuvieran cierta ventaja por sobre nosotros, los más vetustos (soy modelo 1968).
Pues, aquellos (así llamados) “nativos digitales” desde el comienzo de sus vidas están sumergidos en el mundo tecnológico y tecnificado, abundante de ofertas interactivas e interconectadas. Ellos pueden presenciar en directo en sus pantallitas omnipresentes lo que está ocurriendo al otro lado del mundo, o en el espacio exterior, o la habitación de al lado, o en la mesa alrededor de la cual está con su familia.

Pero, cuando lo pensamos con un poquito de detenimiento, podemos ir viendo que los «millenial» se encuentran “naturalmente” en una franca desventaja.

Quizás porque suele ser más atrayente el youtuber (Dosogas, elRubius, Veggetta, Polinesios, Yuya, Pewdiepie,) hueco y espasmódico que comenta tonterías acerca de cortes de pelo, color de uña, alguna broma de mal gusto para hacer, o vaya uno a saber qué poco interesante y constructivo mensaje. Sin embargo, coleccionan ingresos a sus páginas y deditos pa’rriba/corazoncitos/fueguitos o lo que fuera que les da ventajas materiales y sociales.

Tal vez porque este ilimitado flujo de recortes de información, de memes, de habladurías, de videítos, de memeces, satura la capacidad de evaluación y por tanto todo entra por igual y pasa por igual.
Da lo mismo si un grupo de asesinos musulmanes acuchilla a una joven chica en Jerusalén a si otro grupo lo hace con viandantes en Barcelona, da lo mismo si el Barça ganó o si el dictador de Venezuela sigue asesinando a su pueblo, da lo mismo el perreo vil de chicas pequeñitas (en un baile tóxico y mal intencionado) a manifestaciones violentas y malevolentes de izquierda/derecha, da lo mismo quien rescató un gatito de la copa de un árbol a aquel que lo hizo con una persona a punto de ahogarse en el río crecido, da lo mismo si el vecino está muriendo de hambre y soledad o el nuevo corte de pelo del futbolista conquista las crestas de los adolescentes, da lo mismo…
Todo da lo mismo, ya nada importa, solamente seguir enchufado a la pantallita y los oídos taponados por los “air pods” o versiones más baratas.

El pensamiento no se entrena, ni siquiera se trata.
Tampoco se promueve el logro a través del esfuerzo.
Por el contrario, se busca en la tienda de aplicaciones, se ve unos dibujitos, y se da al botoncito de “instalar”.
Sin procesos mentales destacables. Los hay, no lo podemos negar, pero no sobrepasan lo que precisa un primate entrenado… en el mejor de los casos.
Al mismo tiempo, está ocurriendo una revolución en el mundo informático pues la computadora personal se está dejando de lado, en parte porque obliga a instalar programas, hacer que funcionen, aprender a usarlos. Todo ello conlleva mucho esfuerzo, dedicación, aprendizaje, paciencia… mucha paciencia. Además de que no todos los PCs son portables, y aquellos que sí lo son no están tan presentes como los celulares.
Mientras que con en el teléfono “inteligente”, lo único que va quedando de tal es el teléfono.

En una era donde infancia ya no suele disfrutar de jugar al aire libre, de juguetes o juegos físicos, pasando el rato con series animadas de un humor inteligente, o aprendiendo con documentales educativos.
¿Qué pasa el día que WhatsApp (o el que fuera) se cae?
¿Y si se bloquea Youtube?
¿Y si Netflix deja de transmitir?
¿Y si se rompe la pantallita y obligatoriamente uno queda consigo mismo?
¿O por alguna circunstancia se quedó pronto sin batería?
¡Es el fin del mundo!

No hay opciones, no hay libros, dibujar, pasear, conversar, llamar por teléfono, meditar, crear, escribir, estudiar, ayudar en la tarea del hogar, realizar actos solidarios… no hay opciones, solo vegetar esperando a que vuelva la luz, se cargue la batería, se reanude el servicio, alguien tenga una idea salvadora.
Porque mientras tanto, el cerebro sin entrenamiento no sabe cómo ponerse en funcionamiento, ni hay hábitos saludables que permitan una respuesta creativa y realizadora.

Tampoco el cuerpo encuentra placer en el movimiento, que fue reemplazado por ver pasivamente a otros hacer actividad física. Sea en deportes, o en bloopers, o en otras cuestiones que de a poco van quedando relegadas para aquellos que aún saben ejercitarse y movilizar su físico.
Porque el resto se entrenó para digitar rápidamente, mover el dedito en el control de la consola de juegos, pasar el otro dedito por la pantallita o tan solo pulsarla sobre pelotitas de colores. Engordando el trasero aplastado de tanto estar sentado y sin movimiento. Mientras se consume calorías en alimentos poco nutritivos y bastante peligrosos para la salud. En todo esto, se acumula energía en forma de grasa, que luego no es convertida en acción y allí se sigue apilando, engrosando miembros, rodeando órganos vitales, taponeando arterías. Pero, nada importa sino solamente el ficticio placer de colorcitos y ruiditos que entretienen sin contenido ni sentido, en la formación de individuos súper conectados pero inmensamente solitarios. Gente con súper poderes, que se descartan en las tonterías del momento fugaz y sin valor.

Gente que dice que no va a mirar una película si no sabe antes de qué se trata antes.
Y si la ve, depende de lo que otros comenten para dar una opinión.
¿De dónde surge la misma, si todos estamos pendientes de fuera?
¿Será que algunos son formadores de opinión en tanto que el resto es la masa que forma el rebaño de ovejas?
O quizás no es para tanto, probablemente algunos sean más fuertes en sus suposiciones a las que atribuyen valor de verdad y sabiduría, por tanto las expresan con una convicción y seguridad personal que atrapan las mentes maleables y débiles de aquellos que están a su alcance.
No sé, son los misterios del EGO involucrado desde lo físico hasta lo mental, pasando por lo emocional y lo social. Complicados laberintos, pero que dan como resultado la sensación generalizada de impotencia que deja paso a las manifestaciones automáticas del EGO, tanto las instintivas como adquiridas.
Pero, no profundizaremos en ello ahora.

Entonces, estamos viendo cantidad de gente con problemas de atención, y no por un déficit orgánico, sino a causa de los procesos de aprendizaje.
¡Cómo atender si estamos saturados de información, en su mayor parte que desinforma!
Sin tomarnos el esfuerzo, dedicación, empeño para formarnos siquiera un poquito.
Todo pasa, todo es como pelotitas de colores que revientan cuando están en línea.
O cubitos que van cayendo o subiendo, depende de cómo tomemos el celular, indefinidamente en un juego sin más elaboración que esa.

Se reemplazó la conversación por el traspaso de emojis y memes.
Ponerse filtros en las caras, las cuales obviamente están haciendo muecas, son la sustancia básica de la expresión del ser alguien.
Todo es hueco y vacío, pasajero y sin sentido.

Entonces, no tenemos elementos para formar pensamientos más allá de las creencias, a su vez basadas en sentimientos y fragmentos mal construidos de conocimiento.
No sabemos formular dos frases seguidas, las cuales necesariamente contarán con saturación de faltas de ortografía.
Y por supuesto las temáticas serán tan superficiales que parecería que no existe siquiera un milímetro de profundidad.
¿Para qué, si todo da lo mismo?
¿Para qué esforzarse, si alguien ya lo hará? Y si no ocurre… da lo mismo.

Las preguntas no se arman.
La crítica es inexistente, aunque la criticonería puede evidenciarse sin retrasos.
La pereza está al firme, tanto mental, emocional como física.
La diversión precisamente divierte, en vez de servir como mecanismo para reforzar la inteligencia y acompasar las emociones.
Los gustos se achatan, el cartón de relleno está por todas partes.
No se socializa, no se inventa, no se discute con fundamentos.

Sí, ya sé que es una imagen muy grotesca, que no es tan así.
Sí, ya sé que hay excepciones, que no todo es tan dramático.
Sí, sueno a los viejos (como lo soy yo ahora) de cuando yo era joven, que carraspeaban criticando aquella pasada modernidad y previendo el fin del mundo también.

Pero, no puedo dejar de pensar en la acertada visión de la humanidad del futuro en la película Wall-E.
Un mundo destruido por la dejadez de la gente, abandonada, inútil, consumista, incapaz de reaccionar.
Gente gorda que están anclados a su silla, tullidos sin serlo, dependientes al extremo de la atención de servidores autómatas.
No hablan cara a cara, ni tampoco tienen interés en saber cómo funciona la realidad y construir sentido a su vida.
Simplemente están siendo eso que son, consumiendo, siendo permeables a los colores y formas musicales que penetran sus sentidos y rebotan en sus calamitosos cerebros.

Pareciera que hacia allí estamos yendo, o tal vez al mundo de Skynet (en Terminator).
Sea una y/o la otra, es el fin de la humanidad.
Es el traspié del plan divino para que seamos Sus socios en la tarea de perfeccionar el mundo según Su Voluntad.

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Jonathan Ortiz

Qué gran analisis Moré. Muy fuerte aquello de que se reemplazó el dialogo por un emoticón (detesto el del mono tapandose la boca).

Como padre me preocupa que mis hijos están a tan solo un clic de cualquier porqueria de contenido.

Recien vi como personas se divertian viendo páginas del fb de temática gore, un asco la página y una lastima por la gente.

Agradecido y un abrazo.

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