Iom Jebrón en llamas

El shabat en el cual se lee la parashá JAIEI SARÁ se ha transformado con el paso del tiempo en un día de especial significado.
Es el IOM JEBRÓN, el día de la ciudad de Hebrón.
Ese terruño sagrado dentro de la tierra sagrada, hoy pisoteada y maltratada por el enemigo colonialista, usurpador y terrorista; los cuales son apadrinados y vivados por todo tipo de malsano, corrupto y auto titulado “derechista humano”.
Allí fueron enterrados los padres de la humanidad, Adam y Javá.
Posteriormente el campo de enterramiento fue legalmente adquirido, y por un precio increíblemente elevado, por el patriarca de los judíos, Avraham, para que fuera el lugar de descanso terrenal de su difunta esposa Sará. Esto es precisamente lo que leemos en la parashá de la semana.
Allí, unas cuatro décadas más tardes, también encontraron reposo los restos mortales del patriarca.
Más tarde Itzjac y Rivá, Iaacov y Lea acompañaron a sus ancestros a ese dormitorio de la almas.

Era tierra prometida por Dios para los judíos, pero igualmente Avraham no quiso tomarla por derecho divino, sino de acuerdo a la ley humana.
Para que nadie pudiera denunciar ninguna cosa extraña.
Pero, los malvados no saben de bondad ni de justicia, por ello abandonan el SHALOM; por tanto, usurparon la tierra querida y la degradan con su presencia y conductas inmorales.

Esos que dicen amar la tierra “palestina”, hoy incendian los bosques trabajosamente plantados, cuidados y expandidos por judíos.
Esos terroristas del conglomerado imperialista árabe-musulmán destruyen los árboles, y no solamente, pues arrasan con estas acciones ecosistemas completos. Individuos perecen, pero tal vez se ponen en riesgo especies enteras.
¿Todo para qué?
¿Para algarabía de sus almas podridas y honra a su dios?
Porque no demuestran amor por la vida, eso seguro. Ni anhelos por la paz, evidentemente. Ni tan siquiera el mínimo respeto por ese pedazo de territorio que dicen ser dueños, pero que sabemos pertenece y pertenecerá a la familia judía.

Hoy sufren los israelíes, seres humanos; pero también el ecosistema completo.
Del lugar, de la ecosfera terrenal.
Porque algunos malparidos pretenden poseer lo que no les pertenece, y hacer de la destrucción una alabanza sagrada.

Mientras tanto, judíos en familias, grupos y solitarios confluyen para elevarse en Jebrón, porque aman la tierra, respetan la vida, tienen presente en todo momento al Eterno.
Si llevan armas, es para defenderse.
Si pegan, es para devolver.
Si se enojan, es porque la injusticia les somete con su risotada indigna.
Pero, la esperanza noble no se pierde, se continúa.
No queda solo en sentimientos, ni en lindas palabras huecas.

Porque el AMOR son hechos.
Estos que festejan la vida en Jebrón, serán probablemente los que planten los bosques inmediatamente se apaguen los incendios causados por los terroristas.
Y si no son los “jebronistas”, serán aquellos hermanos que tienen por tarea construir SHALOM, con acciones de bondad y justicia.

Casi cuatro milenios han pasado desde que el patriarca Avraham adquiriera para la matriarca Sara la zona de Jebrón.
Judíos han permanecido allí. Han sufrido. Han sido masacrados. Han resistido. Han sido expulsados. Han vuelto. Han reconstruido. Han reafirmado su compromiso. No nos iremos.

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