Un ídolo moderno

“No os haréis ídolos ni estatua, ni estela erigiréis para vosotros, y piedra grabada no pondréis en vuestra tierra para prosternaros sobre ella. Ya que Yo soy el Eterno vuestro Elohim.
Mis Shabbatot habréis de observar y Mi Santuario habréis de venerar.
Yo soy el Eterno.”
(Vaikrá/Levítico 26:1-2)

Pensemos una forma de actualizar el sentido de este sagrado párrafo de la Torá, con un mensaje que nos alcance a muchos, sea que estemos conscientes de nuestra identidad espiritual y nos comportemos de acuerdo a ella, o estemos un poco más opacados por las máscaras que nos impone el EGO y por tanto no siempre estemos atentos a los preceptos que nos tocan cumplir.

¿Cuáles pudieran ser esos ídolos de este tiempo?
¿Esos que erigimos ante nosotros?
¿Por los cuales nos prosternamos en adoración?
¿Los que mantenemos presentes en todo momento?
¿Aquellos que nos tienen atrapados, nos ofuscan el entendimiento, nos nublan la comprensión, nos encierran en un túnel que obstaculiza la visión divergente? ¿Que servimos desde el despertar y hasta el irnos a dormir? ¿Que son símbolo de estatus, pero al mismo tiempo excusa para ser más productivos? ¿Esos que cambiamos cada poco rato, pero sin dejar de serles fieles?

Sí, los ídolos actuales bien pudieran ser los teléfonos celulares.
Todo un símbolo de prestigio.
Compañeros de cada instante.
Amos en toda situación.
Que nos adoctrinan y distraen, domestican y embrutecen.
Que debieran servir para comunicarnos pero solamente nos informan parcialmente, confusamente, para mantenernos como consumidores.
A los que protegemos y mimamos, por los cuales podemos llegar a dar la vida en ocasiones.

Sí, es cierto, algunas veces son de gran utilidad y poseen numerosas funciones muy ocurrentes y que pueden resultar provechosas.
Pero, el esclavo se levanta como señor y nos somete.

Y no dejo de admitir que no soy inmune a este dios de la era actual.
¿Qué podemos hacer?

En los Shabatot, días consagrados del Eterno, podemos dejar de lado su presencia.
Liberarnos, al menos por ese rato, del imperio del celular.
Lo mismo en los sitios venerables, tales como las sinagogas o en la casa de estudio de Torá; o allí donde el noájida encuentra su lugar para fortalecer su identidad noájica, sea porque está reunido con sus pares, o rezando, o estudiando lo que aporta a su espiritualidad.
Tiempos y lugares sagrados, que son diferentes y nos conducen a un comportamiento diferente.
Que entonces podamos ser libres del dominio del móvil, para encontrar el deleite de la conversación directa, con Dios, con el prójimo, con uno mismo; o la sana lectura de los viejos libros de papel; o realizar actividades de construcción de SHALOM; o simplemente comer juntos; o lo que fuera pero sin el ídolo teléfono ante nosotros.
Y si no podemos todo el día consagrado, cosa que debiera ser acatada por las personas judías, bueno… al menos hacer el esfuerzo que por un rato estaremos apartados del falso dios. Por ejemplo al reunirnos en torno de la mesa sabática. Y que ese modelo sirva para el resto de las oportunidades que tenemos para disfrutar de la presencia de nuestros seres queridos. Que el ídolo no se interponga entre nosotros, que nos nos aliene y exilie.

Podemos hacerlo, encontraremos bendición en esto.
A pesar de lo cual, es necesario admitir que el teléfono inteligente (pero también el tonto) es una herramienta poderosa, no lo dejemos, pero tampoco permitamos que nos aniquile haciendo de nosotros esclavos.

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Jonathan Ortiz
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Desde hace tiempo atrás vengo reduciendo el uso del móvil el séptimo día de la semana, cada vez es menos y espero que pronto sea ninguno. Se siente bastante bien dejarlo de lado.

Muchas gracias Moré

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