El Mesías y el Estado de Israel

Entre tantos conceptos manoseados y travestidos por la religión, se encuentra el de Mashiaj, que se traduce correctamente como Ungido, pero se le dice Mesías.
De hecho, ya he caído un poco en la incorrección pues he escrito la palabra con Mayúscula Inicial, cuando en realidad debiera ir en minúsculas.
Porque mashiaj significa ungido, es decir, aquella persona a la cual el profeta enviado por el Eterno ha embadurnado con aceite de unción su cabeza como acto simbólico de proclamarlo como rey, por lo general del reino judío, aunque en algunas ocasiones profetas del Eterno han ungido a gentiles para ser reyes de sus propios países.
Porque no es ni más ni menos que eso el mashiaj, el rey de los judíos, o el rey simplemente.
Saúl fue mashiaj, porque fue ungido por el profeta Samuel.
David también lo fue, ungido por el mismo profeta.
Su hijo Salomón también fue mashiaj, ungido por el Sumo Sacerdote acompañado por el profeta Natán.
Posteriormente, cada uno de los reyes de Israel o Judá fueron mashiaj, es decir, reyes a los cuales se los ungía físicamente cuando había alguna dificultad de orden política que pudiera generar controversias. De no haber contratiempos, todo el mundo sabía que no se precisaba ungir al heredero al trono de los judíos, pues la unción en sí no es un acto mágico, sino solamente un acto simbólico y el poder no se transmitía por ese acto sino por mecanismos legales, como en toda monarquía estable.

Pero, en determinada época en el pueblo judío se comenzó a esperar a ese rey que haría la diferencia, que establecería el reino firme, poderoso, próspero, estable para los judíos en la tierra de la nación judía.
Pasaron cerca de 3.000 años y seguimos a la espera de ese gobernante, del cual no hay que esperar ninguna magia, ni milagros alocados, ni cuestiones metafísicas disparatadas.
Sino el retorno de una gran masa de pueblo judío a su tierra, un país judío en la tierra de Israel, leyes bondadosas y justas que establezcan el Shalom, poder para defender a la nación de los extranjeros, prosperidad y avance, armonía interna y tratados de paz con el mundo. Nada fuera de lo mundano, aunque en cierta medida sigue siendo fuera de lo «normal».

La Era Mesiánica ha comenzado, porque luego de millones de torturados y masacrados, los judíos han vuelto en gran medida a su tierra, ésta es próspera y andando hacia la estabilidad y armonía. El Estado de Israel, con sus defectos y virtudes es la base para que finalmente reconozca el mundo el lugar del pueblo judío como maestro de espiritualidad para las naciones.
De a poco vamos avanzando, con altibajos, pero ya cada vez estamos más claros y cercanos.

No se precisa la alharaca de los religiosos, ni la palabrería de los charlatanes de la fe, ni los malabarismos de los engañadores ideológicos.
Solo se precisa seguir en el camino de estabilizar y hacer más poderoso al Estado de Israel y mejorarlo en aquellos aspectos que requieren mejoría.

Estamos en eso y no hay religión o ideología que pueda revertir este nacimiento de la Era Mesiánica, la cual probablemente no dará un rey, pero sí estará claro que estaremos en la Era Mesiánica tal cual fuera profetizada.
Sin idioteces de supersticiosos, sin fantasías de los de mente perturbada, sino con el poder de Dios manifestado en lo mundano, como fue profetizado.

Así que, en pocas horas cuando estemos celebrando otro día de la independencia de Israel, tengámoslo en cuenta.

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