Entrénate para formular verdaderas preguntas,
en lo posible que sean inteligentes.
Éstas te llevan por caminos de conocimiento,
de crecimiento,
mucho más que las respuestas prefabricadas que esclavizan.
Entrénate para formular verdaderas preguntas,
en lo posible que sean inteligentes.
Éstas te llevan por caminos de conocimiento,
de crecimiento,
mucho más que las respuestas prefabricadas que esclavizan.
Por motivos que no vienen al caso, me atraganté con varias películas estos días.
La mayoría de ellas de fantasía, ciencia ficción, que es el género que me gusta a mí.
En todas ellas, todas sin excepción (de las que no interrumpí por hartazgo de mal gusto a los dos o tres minutos), el cuento es el mismo, variando la decoración.
¿Adivinas cuál?
Si tuviera posibilidad y ganas de ver de otro género, estoy casi seguro que la trama sería, en su base, siempre la misma (a no ser que sea realmente malísima, pero incluso en ellas también).
Y en los libros de ficción, novelas, cuentos, etc.; según recuerdo, se encuentra exactamente la misma historia, desdibujada y vuelta a dibujar según criterio y arte del autor.
En la narrativa sacra, del TANAJ (mal llamado “Viejo Testamento”) obviamente, también se descubre; como no podía ser de otra manera.
Yendo un poco más lejos, creo que en cada situación de nuestra vida (aunque quizás exagero), al simplificar la trama, quitar los excesos, evitar las añadiduras anecdóticas, finalmente está el mismo meollo.
La pregunta que te dejo para que tú me respondas, si quieres y puedes: ¿cuál es, esa historia siempre presente, que se repite una y otra vez como en un espejo infinito, aunque varíen los rostros, nombres, disfraces?
Con gusto leeré, y tal vez comentaré, lo que compartas aquí debajo, en la sección de los comentarios.
Luego, otra pregunta: cuando tienes claro esto, ¿cómo te sirve para mejorar tu vida y la de tu sociedad y entorno?
Tú haz tu parte,
y que sea construyendo SHALOM,
por medio de acciones de bondad Y justicia.
El resultado,
en este mundo,
obviamente que no está garantizado,
ni depende de ti.
Pero,
si haces en verdad lo que está a tu alcance,
el camino,
ya es tu ganancia,
llegues finalmente a la meta esperada o no.
¿Quién te dice?
¿Quizás el puerto al que llegaste,
sea el que tú necesitabas realmente?
Además,
ciertamente el beneficio se disfruta siempre
en la vida posterior a esta vida.
Nuestro Padre y Rey
nos ha creado de tal modo
que la vitalidad y
la alegría
sinceras y trascendentes
se obtienen
construyendo shalom en cada momento,
por medio de acciones de bondad Y justicia.
Él es quien ha diseñado este camino
y nos ha ordenado que lo recorramos
de manera constante.
A pesar de las tribulaciones,
debemos seguir con lealtad,
aunque fantasías y delirios reclamen nuestra atención,
incluso si nos prometen lujos y tesoros por medio de la magia o la fe.
El camino es el de la fidelidad,
que se resume en los actos de bondad Y justicia.
Es el único que puede
darnos satisfacción verdadera y no elogios irreales.
Es el que nos habilita para disfrutar
de todo lo bueno,
del deleite del amor,
de la bendición,
del bienestar aquí y el gozo en la eternidad.
En la parashá de esta semana se encuentra el siguiente pasaje:
«(7)Cuando alguien venda a su hija como esclava, ésta no saldrá libre de la misma manera que suelen salir los esclavos varones.
(8) Si ella no agrada a su señor, quien la había destinado para sí mismo, él ha de permitir que ella sea rescatada. No tendrá derecho de venderla a un pueblo extraño, por haberla decepcionado.
(9) Pero si la ha tomado (como esposa) para su hijo, hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas.
(10) Si él toma para sí otra mujer, a la primera no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal.
(11) Si no le provee estas tres cosas, entonces ella saldrá libre gratuitamente, sin pagar dinero.»
(Shemot / Éxodo 21:7-11)
Habría bastante para estudiar y aprender de estas frases, pero, en principio, quisiera concentrarme en estas palabras:
«hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas.»
(Shemot / Éxodo 21:9)
¿Qué quiere decir?
El sentido llano es evidente: existían costumbres, claramente conocidas en su tiempo y lugar, de cómo tratar con las hijas propuestas para matrimonio. Tal cual también debe hacerse con esta chica, aunque hubiera sido vendida anteriormente por su padre como esclava al padre del “novio”. El exégeta Ibn Ezra lo remarca sencillamente: se la debe tratar tal cual se hace habitualmente con las chicas vírgenes judías propuestas para matrimonio. No se la discrimina por su condición social, a causa de las acciones de su padre, el cual se vio en una situación extrema y desesperada para llegar a hacer lo que hizo con su hija. No es aquí el momento ni lugar para profundizar más sobre esto, continuemos con “lo que se acostumbra hacer con las hijas”.
RASHI nos amplía con su explicación, que está vinculada al siguiente versículo, cuando menciona:
«no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal.»
(Shemot / Éxodo 21:10)
Es decir, actuar con la joven tal como se acostumbra hacer con las esposas, como es obvio y evidente.
La chica fue esclava pero ahora es esposa, con los mismos derechos y obligaciones.
Su pasado no marca su presente, ni su futuro.
Es esposa, como toda hija de Israel que ha llegado al matrimonio, y como tal debe ser cuidada y valorada.
Profundizando, podemos encontrar en el libro del Zóhar (II, 97a) la siguiente enseñanza:
“Dentro de una roca poderosa, un cielo/paraíso escondido, se ubica un palacio llamado el Palacio del Amor. Allí, hay tesoros ocultos y todos los besos de amor del Rey. Las almas queridas del Rey entran allí. Y cuando el Rey entra al palacio, “Iaacov besa a Rajel” (Bereshit/Génesis 29:11). Él descubre cada alma, la besa, la abraza, la lleva con Él, se deleita en ella. Esto es «hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas.», así como un padre trata a su amada hija, besándola y abrazándola, y dando sus regalos…”
Te lo explicaré rápidamente.
La NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) que somos reposa, habita, se conecta, da sentido, al ser que estamos siendo en este mundo. Somos humanos porque somos NESHAMÁ.
Esa NESHAMÁ es la hija vendida como esclava, que ya no disfruta de los placeres del palacio paterno, de las delicias de su vida plena en el mundo del espíritu.
Ahora está confinada a las limitaciones de ser humano encarnado. Entre otras cosas, debe soportar un duro capataz, el EGO, el cual se las rebusca para dominar y hacer sentir su apariencia de poder. Pero, realmente no tiene autoridad sobre ella, el EGO es en verdad el esclavo, el que está al servicio, aunque se rebele y se transforme en un usurpador y déspota.
NO es gobernar y maltratar su finalidad, por el contrario, la misión del EGO es cuidar de la NESHAMÁ, al preservar al cuerpo de los ataques de la impotencia, otorgándole un lugar para que resida y pueda desplegarse; para que durante el pasaje terrenal la NESHAMÁ adquiera la conciencia y memoria de las experiencias sensoriales, y puedan éstas luego ser disfrutadas en el mundo espiritual con mayor deleite que meramente como datos teóricos.
El Padre ha hecho “descender” a Su hija a este mundo, de entrecruzamiento material-espiritual, para otorgar mayor beneficio y bienestar a la chica.
Pero, las leyes del mundo pueden causar dolor, malestar, sufrimiento, agotamiento, lo cual podría hacer creer a la doncella que merece el mal que está padeciendo. Pero, ¡no es así!
Ella tiene el derecho a disfrutar de lo permitido, a gozar a pleno de las bendiciones que le son propias.
Tenemos derecho a llevar una buena vida, a pesar de los inconvenientes.
Debemos encontrar el camino para que la NESHAMÁ gobierne, con su LUZ iluminando cada rincón de nuestro ser y del entorno.
Cuando el EGO se imponga, es necesario darse cuenta para desarmar su falso poder, ubicándolo en su correspondiente sitio de servidor y no de amo.
Para lograrlo, es imprescindible aprender del EGO y sus herramientas, así como los mecanismos y costumbres para dotarnos de poder y no caer en sus engaños.
Las “costumbres de las hijas” son (entre otras):
Todo esto, y algunas cosas más que no hemos mencionado aquí, se resumen alegóricamente en los derechos de las esposas “alimento, ropa y unión conyugal”; aquel que comprende no precisa de más explicaciones.
El resumen del resumen: construir SHALOM en todo momento.
Como verás, partimos de unas reglas muy antiguas, bastante extrañas para nuestro mundo actual, (al menos en gran parte de la cultura occidental), pero que eran perfectamente comprensibles en el mundo donde fueron entregadas.
Y llegamos a descubrir secretos eternos, de salud integral, de crecimiento, que empoderan nuestra actividad de CABALATERAPIA, en procura de un mundo interno y externo mejor.
En donde reine el AMOR, y no el EGO.
Al dar un vistazo a las noticias del día, parece difícil conseguir un mundo de SHALOM, una Era Mesiánica, con tanta injusticia, maldad, arbitrariedad, corrupción, desespero, etc.; tanto en lo micro como en lo macro.
Sin embargo, ahí sigue presente la NESHAMÁ, con su vocecita, con su LUZ, con su perpetua conexión al Padre.
Podemos ser nosotros el granito de arena que falta para doblar la historia, llevar a que el platillo de la balanza cósmica esté del lado del Bien.
Así pues, construye SHALOM, aunque parezca que es inútil, aunque tengas contratiempos, aunque tropieces, aunque a menudo sientas que sigue siendo el EGO el señor en tu comarca. Tú sigue haciendo tu tarea, la TUYA, que nadie más puede hacer.
Sigue adelante, aprendiendo y desaprendiendo, construyendo SHALOM.
El resultado final no depende de ti, ni de mí; pero el proceso sí.
Ni bien se termina de leer el Decálogo (los mal llamados “Diez Mandamientos”, puesto que son 14) en la parashá Itró, nos encontramos con un versículo que podría resultar curioso si nos detuviéramos a contemplarlo:
«Y el Eterno dijo a Moshé [Moisés]: ‘Así dirás a los Hijos de Israel: ‘Vosotros habéis visto que Yo he hablado desde los cielos con vosotros.»
(Shemot / Éxodo 20:19)
Recién concluyó el imponente espectáculo de la Revelación del Eterno para todo el pueblo de Israel en la zona de Sinai.
Todavía arden sus almas por el contacto con la Presencia.
Vibran aún por la conmoción de ser atravesados por las voces celestiales convertidas en ondas energéticas visibles.
No pasó inadvertida la Revelación, el mundo entero se estremeció hasta sus raíces, ¡cuánto más aquellos judíos allí presentes!
Ellos, nosotros, un pueblo entero, de unos tres millones de individuos, que testimonian haber experimentado la Divina manifestación.
No como un cuento, no por tradición, no por habladurías, no por fe; sino ellos mismos estaban allí presentes, nuestros espíritus también, en contacto directo y cierto con la expresión de Dios en la tierra.
No hubo, ni habrá, otra circunstancia parecida, única, de unificación de lo celestial con lo terrenal de manera tan masiva e incontrovertible.
Entonces… ¿a qué viene este versículo?
Pues, pareciera estar demás.
¿No?
¿Acaso ellos no sabían al 100% que era Dios el que se había manifestado allí, ante ellos, en ellos?
¿Podrían quedar dudas?
¿Dependerían de la vanidad de la fe, o de esclavizarse a ideologías, habiendo tenido recién esa única e irrebatible experiencia?
¿A qué viene esa frase entonces?
Sabemos que un concepto básico de la Torá es que no contiene nada extra, decorativo, carente de sentido.
Por ahí, nosotros no alcanzamos a comprender o desvelar algunos misterios. Está bien que así sea, pues cada uno alcanza al nivel que le corresponde.
Pero, una frase tan obvia, evidente, redundante, ¿cómo explicarla?
Una de las maneras es muy simple, a la vez que profunda.
La Torá la dio Dios al pueblo judío, Él es su autor, Él su codificador, Él quien decretó que tal fuera el texto.
Por consiguiente, solamente Él puede modificarla o anularla.
Pero, Él mismo se ha encargado de cancelar tales opciones, ya que fue Él quien declaró:
«No está en el cielo»
(Devarim / Deuteronomio 30:12)
Ya no depende más de Dios la Torá, ahora es del pueblo judío, el depositario, quien se encarga de preservarla, de estudiarla, de vivirla. De interpretarla y llevarla a la práctica de acuerdo a los parámetros acordados y consagrados.
Uno de los elementos claves es que la propia Torá se encarga de negar su posibilidad de cambio:
«Tendréis cuidado de hacer todo lo que Yo os mando; no añadiréis a ello, ni quitaréis de ello.»
(Devarim / Deuteronomio 13:1)
Así pues, ni Dios puede anular o cambiar la Torá; ni tampoco sus verdaderos dueños, que son el pueblo judío.
La Torá de Israel, es y será.
Pero entonces, ¿cómo entender la famosa profecía del profeta Irmiá/Jeremías?
«‘He aquí vienen días, dice el Eterno, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Yehudá [Judá].
No será como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, Mi pacto que ellos invalidaron, a pesar de ser Yo su señor, dice el Eterno.
Porque éste será el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Eterno: Pondré mi Torá en su interior y la escribiré en su corazón. Yo seré su Elohim, y ellos serán Mi pueblo.
Ya nadie enseñará a su prójimo, ni nadie a su hermano, diciendo: ‘Conoce al Eterno.’ Pues todos ellos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Eterno. Porque Yo perdonaré su iniquidad y no Me acordaré más de su pecado.’»
(Irmiá / Jeremías 31:30-33)
La respuesta es bastante simple, a la vez que profunda.
En la Era Mesiánica, el EGO (conocido en la Tradición como Ietzer haRá) estará sometido al AMOR.
Ya no dominará el miedo, ni la falsedad, ni la amargura, ni la malicia, ni la violencia, ni todo lo que afea nuestro hermoso mundo.
Por el contario, la LUZ de la NESHAMÁ irradiará y colmará los confines de la existencia individual y colectiva.
No viviremos en sombras, apartados de la LUZ, en tristeza y agonía, sometidos al EGO.
Ya no sentiremos la Torá y sus mandamientos como algo externo, que se nos impone desde fuera.
En la Era Mesiánica será comprendido que el camino de todo ser humano es el cumplimiento de los mandamientos que le corresponden de acuerdo a su identidad espiritual, los Siete Universales para la mayoría de la humanidad, los gentiles; los 613 de la Torá para el pueblo judío en exclusiva.
No será necesario apartar la idolatría, ni demostrar la mentira de las religiones, ni la torpeza de las supersticiones; puesto que será el espíritu quien comandará y no una pequeña porción de nuestro cuerpo (el EGO). Estaremos libres, y por tanto en sumisión a Dios, en armonía con Sus preceptos, aquellos que nos pertenecen por derecho de identidad espiritual.
Ciertamente será un nuevo pacto, aunque NO un “nuevo testamento”.
Será el pacto renovado, tanto para los noájidas como para los judíos.
La alianza eterna que se respetará por AMOR, por el deseo de cumplir la Voluntad, y no para obtener beneficios o codiciar librarse de castigos.
El conocimiento del Eterno será evidente, puesto que será la LUZ de la NESHAMÁ la que alumbrará, y no más los espejismos del EGO.
No será necesario que se nos tome de la mano para arrancarnos de las angustias, de los Egiptos, porque ya habremos madurado nuestra espiritualidad en la experiencia humana.
Seremos partícipes activos de nuestra tarea sagrada, de construir SHALOM en el mundo.
No se cambiará la Torá, se mantendrá vigente como el primer día.
No se reemplazará, tal como tampoco otra nación desplazará a Israel de su misión específica en este mundo, de su relación particular con el Padre y Rey.
Cada uno vivirá a plenitud, en bendición, disfrutando de su propia porción, en paz.
¿Cómo lo sé?
Porque nosotros, los judíos, hemos visto personalmente que desde los Cielos Dios nos ha hablado y nos ha ordenado Su Torá.
No es un cuento, no es una tradición sostenida en la fe, no es un mito, no es una creencia.
Es un hecho.
Ahora que lo sabes, ¿cómo cambiarás tú y ayudarás a cambiar a otros, para bien?
Algunas personas, en base a ciertas creencias, viven bajo la impresión imaginativa que lo emocional de alguna forma equivale a lo espiritual.
Pero, realmente pertenecen a planos de la existencia diferentes.
Así pues,
encerrarse a canturrear melodías “místicas”,
bailotear danzas “mesiánicas” “sagrados”,
aplaudir en congregaciones exaltadas de adoradores,
adoctrinarse en ciertas fórmulas cuasi mágicas,
repetir con éxtasis reverente los lemas del líder y/o del grupo,
sentirse arrobado por emociones indescriptibles que se suponen conectan con lo infinito,
ayunar en lugares apartados,
subir a las montañas más encumbradas y sobrenaturales,
adquirir amuletos y libros exóticos,
vestirse de manera extraña,
rodearse de simbología religiosa,
ciertamente pueden tener un fuerte impacto en el plano emocional, y por consiguiente influir con potencia en el plano mental,
pero no por ello hemos de adscribirle algún valor espiritual.
Sin embargo,
cuando la chispa emocional se enciende y no provoca distorsiones,
ni altera el pensamiento,
ni radicaliza la conducta,
ni afecta la ética,
ni conduce al perjuicio,
ni atribula con creencias erróneas,
ni desvía de la construcción del shalom,
en ese caso,
a quien le sirva,
tal vez valga como una manera más para contribuir a cumplir con su tarea en el plano espiritual.
En sí mismas,
no tienen valor espiritual.
Tal vez no perjudiquen, pero tampoco ayuden.
Es cuestión de valorar con moderación y conciencia
los instrumentos que emplearemos para desarrollar nuestro potencial
y unificar nuestro ser.
Los niños y también los adolescentes en muchas oportunidades van hasta el borde… y lo cruzan.
¿Por qué?
Puede ser por varios motivos:
Probablemente puedas encontrar más motivos, con gusto los leeré si los comparte aquí debajo en la zona destinada a los comentarios.
También me encantaría leer tu comentario al respecto de la siguiente propuesta: ¿cómo seguimos actuando de esta manera aún siendo adultos y maduros –en apariencia-?
Dios escoge ocultar «Su rostro» a nuestra mirada mundanal,
para que así Lo encontremos libremente y no por imposición.
Cuando vives construyendo SHALOM,
por medio de acciones buenas Y justas, en sintonía con Sus mandamientos que te comprometen,
estás revelando la Presencia Divina en el mundo,
siendo un socio activo y leal de Él.
El alimento para nuestra dimensión espiritual es el cumplimiento de los mandamientos que nos corresponden, de acuerdo a nuestra identidad espiritual.
Si somos judíos, aquellos de los 613 que se encuentran en la Torá.
Si somos gentiles, tenemos que cumplir los siete mandamientos que Dios ha dictado para ser la Torá de las naciones, el sagrado código noájico.
En una síntesis: construir shalom en todo momento, por medio de acciones de bondad Y justicia; siendo leales al Eterno.
Pero, cuando profundizamos en el estudio, pareciera que nos topamos con una dificultad.
Porque acabamos de señalar que el cumplimiento de los mandamientos que nos corresponden nutren el plano espiritual; pero en más de una ocasión mencionamos que la NESHAMÁ (espíritu) proviene directamente del Eterno, no se modifica, no cambia, no se corrompe, no crece, es la identidad verdadera que somos aquí y en la Eternidad.
¿Entonces?
¿Sirve el cumplimiento de mandamientos para nutrir, o no sirve?
La respuesta es realmente sencilla y clara.
La NESHAMÁ no sufre ninguna variación, ni pecados ni méritos la modifican; sigue siendo esa esencia pura y divina más allá de nuestras acciones y omisiones. Por ello es el Yo Esencial.
El recuerdo de las experiencias en vida se canaliza a través de ella y queda inscripto en la “memoria universal”, lo cual será la porción que cosechará tras el pasaje por este mundo.
Aquel que sembró bondad Y justicia, que vivió en sintonía con los mandamientos que le corresponden, disfrutará del recuerdo “teórico y práctico”, en una sucesión de placer que podemos denominar “paraíso”.
Aquel que sembró lo contrario, ¿de qué podría disfrutar entonces?
Cuanto mayor es nuestra dedicación a llevar una vida comprometida con la construcción de Shalom, mayor será el beneficio. Probablemente aquí también, pero seguramente que allá.
Digo que seguramente allá, porque el Eterno es el juez perfecto, que se abstiene de prejuicios, no se guía por codicia u otros deseos, ni acepta sobornos. La justa porción es la que obtenemos. Entonces, lo que trabajamos aquí en la construcción de Shalom, será lo que recibiremos allí como frutos sin por ello perder nada.
Por supuesto que además de Juez, también es un Padre lleno de amor y misericordia; por lo cual, de acuerdo a Su Voluntad Él concede paz incluso cuando los méritos propios no lo acreditasen.
Dependiendo de Su Sabiduría será el resultado final.
Pero, también tenemos –probablemente- beneficios en este mundo a causa de nuestra conducta constructora de shalom.
Éstos ya no son tan seguros, porque en este mundo las personas contamos con libre albedrío, lo cual significa que cualquiera puede decidir tomar el mal camino y con ello perjudicarse pero también perjudicar a inocentes, quizás tú caigas en sus tramoyas y en lugar de obtener réditos por tu bondad Y justicia, solamente recibas golpes, humillación, malestar, pobreza que obviamente NO te mereces, ni hay piruetas metafísicas que tengan derecho a justificarlas. Pero, el otro haciendo uso de su libre albedrío, te ha incluido en el mal trago, el cual debes pasar como mejor puedas.
Por supuesto, el Juez también lo toma en consideración, sea para equilibrar las cosas aquí o allá; nada queda sin su consecuencia, ni Él admite que el resultado final sea desequilibrado.
Así pues, tienes tu nutrición espiritual: ¡cumple tus mandamientos!
Los tuyos, los que Dios te ha dado, NO los de tu vecino.
Esa es tu misión, esa es tu porción, ese es tu pago.
Pero, no lo hagas como el avaro y mezquino que solamente busca su ganancia. Aunque el centro de placer en tu cerebro dispare dosis estimulantes por el logro, y está bien que así sea, no te conviertas en adicto a esa emoción, sino en leal a tu esencia espiritual.
Haz tu parte, porque es lo que te corresponde hacer, porque es tu parte y solamente tuya.
Hazlo por amor, no por codicia.
Hazlo por bondad, no por miedo.
Hazlo porque es el regalo que Dios te ha dado, y no porque es la pesada carga que te ha tocado “en suerte”.
Hazlo, porque mejoras tu vida, la vida del prójimo, la del entorno en este mundo, y eso es buenísimo, porque es parte de tu tarea en esta vida.
Hazlo, para llenar tu memoria de recuerdos geniales, de luz, de plenitud, que se convierten en tu justa y merecida porción en la eternidad.
Hazlo, porque Dios te lo ha ordenado.
Hazlo, sabiendo que obtienes retribución, pero no te quedes esperándola o reclamando por ella.
No esperes ninguna recompensa, ni que el mundo sea justo contigo o con quien tú quieres.
El mundo, no es justo.
Tampoco es bueno.
El mundo es lo que es, entre lo cual se incluye, entre otras cosas, la oscuridad, la confusión, el caos, el malestar, el EGO, la impotencia, el mal.
Por ello TÚ debes ser quien haga la diferencia, construyendo SHALOM.
Si tú lo haces, yo lo hago, todos lo hacemos, entonces el mundo sigue siendo lo que es, pero las personas ya no derrumbarán las normas ni quebrarán el equilibrio de manera voluntaria.
Hazlo, no para jugar a las escondidas con Dios, o esperar algo a cambio.
No precisas, ni debes, comerciar con Dios.
Debes construir SHALOM.
¿Alguna duda?
Muchos que han estado en la idolatría, o en otras confusiones del EGO parecidas,
cuando despiertan y se mantienen un poquito despiertos,
se quejan del noajismo, y a veces del judaísmo,
porque dicen y afirman a viva voz
que ahora sienten que tienen sed de Dios.
Antes, en sus mundos de fantasías de poder delirante,
en sus cárceles oscuras decoradas como palacetes,
en sus orgías de falsa santidad y religión,
estaban en constante vaivén emocional.
Se fabricaban,
y sus pastores (ministros religiosos, gurús, rabinos, curas, líder, etc.) les fabricaban,
montañas rusas emocionales,
parques de diversión completos para sus emociones,
que luego se encargaban de denominar “energía espiritual”, “presencia de dios”, “unirse o abrazarse al Padre”,
o cosas por el estilo.
Así sentían un movimiento emocional poderoso,
que los llevaba al sótano y luego a la azotea,
con recursos de manipulación emocional,
pero que se encargaban de declarar como algo “espiritual”.
Siendo lo cierto que de espiritual tiene lo que la religión: NADA.
Creían, y les hacían creer,
que esas piruetas y malabarismos,
levantar la mano derecha,
decir amén,
recitar salmos e himnos,
ponerse de pie, hincarse, inclinarse, alabar gozoso,
encerrarse a meditar con mantras sagrados,
confesarse con el líder, bailotear, repetir lemas, disfrazarse con ropajes extraños,
creer en poderes mágicos,
hacer pactos con deidades y someterlas a la voluntad personal,
sentirse pecadores y sin reparación,
sentirse más que ganadores por la fe,
esforzarse en comprender trabalenguas sin sentido pero vendidos como lo máximo en sabiduría y profetismo,
usar talismanes, enrollarse simbología mística,
y mil cosas más,
que eran solo eso,
piruetas, cabriolas, jueguitos emocionales,
hábilmente sazonados,
y etiquetados como algo espiritual,
pero que de espiritual tienen lo que la religión: NADA.
Se sentían satisfechos,
se creían llenos de Dios,
cuando estaban totalmente muertos de hambre, sin nutrirse siquiera un poquito con el verdadero pan espiritual,
que es el estudio de lo que corresponde realmente de TORÁ para cada uno, y especialmente el cumplimiento de los mandamientos que corresponden a cada uno.
Deliraban con estar a gusto,
saciada su sed de Dios,
cuando en verdad nunca habían estado en contacto con Él,
o solamente de manera ocasional y lateral,
como una acción involuntaria que ocurriera al azar.
Pero, estaban llenos a rebosar de sus jueguitos emocionales,
de la religión en cualquiera de sus variantes,
por lo que fantaseaban con estar unidos a Dios,
satisfecha su sed de Él.
Pero, no tenían a Dios,
tenían imaginativas diversiones religiosas,
que les vendían a precio carísimo como camino de santidad.
Creían estar en armonía con Dios,
cuando el hecho es que vivían sumergidos en un fracaso constante
pero hábilmente decorado para parecer espiritual.
Ahora, cuando pudieron despertar un poquito,
alejarse de cierta forma un poquito
del parque de diversiones religioso,
obviamente que sienten un vacío.
Ya no les llenan la cabeza con el bochornoso bochinche de la religión,
no se les amenaza con infiernos,
no se les soba con fantasías paradisíacas,
no se les asegura un poder sobrenatural para operar magia y milagros,
se les inspira a ser responsables, cumplidores, trabajadores, razonables, sensibles,
llenos de sana emoción y no de esa batidora emocional que antes vivían.
Entonces, se sienten vacíos, faltos de la diversión,
alejados de Dios.
Cuando lo paradójico es que recién ahora están más cerca de Él.
Ahora, con la mayor calma, sin el apuro de la religión,
sin la afectación, sin la esclavitud, con el accionar saludable, bueno y justo, recién ahora están en la senda correcta,
pero es ahora que se sienten sedientos de Dios.
¡Es que lo que llaman dios no es DIOS!
Ese dios que anhelan es un títere, una marioneta, un monigote, una invención del EGO.
Y claro que lo extrañan, porque ahora no están en la maquina emocional que antes les estremecía y les hacían creer que era una sensación espiritual.
Tienen más cercanía con el espíritu, mayor contacto con Dios, pero dicen sentir sed de Dios.
¡Mundo extraño!
Donde se alaba y adora un espejismo,
un oasis imaginario y seco hasta la muerte,
pero se rechaza la verdadera agua refrescante y de vida.
Cuando aprendan a despojarse de las prendas del EGO,
cuando se quiten de la mente el dios falso,
entonces sabrán encontrar la calma y la satisfacción espiritual.
Mientras tanto, ahora que están un poco lejos del circo seudo espiritual y se quejan,
es que no tienen sed de Dios,
solo deseos oscuros del EGO, al que adoran como una deidad.
Hay una verdadera sed del Eterno,
pero que no suele ser la que aqueja a los que extrañan el circo religioso.
¿Lo entiendes?
Imagina el escenario.
Alguna persona de tu cercanía tiene una creencia muy profunda y errónea, que la lleva a vivir en la oscuridad, en una falsa imagen de la realidad, en conflicto, en sufrimiento, etc.
Tú quieres darle una mano, porque te duele su dolor, y más te apena que sea la misma persona la que participa en su quebranto.
Sabes, o intuyes, que es necesario que deje de lado su ideología, que lo arrastra hacia el abismo, que lo mantiene atrapado, que lo revuelca en el fango, mientras él la alaba, la defiende, lucha con desespero para sostenerla.
Tal vez ya te diste cuenta de que te será difícil ayudarle a cambiar de creencia y por tanto a ser libre.
Ser socio en su liberación y fortalecimiento se presenta como una tarea inmensa y destinada al fracaso, particularmente por la forma en que la persona se esfuerza por atarse a su ideología.
Si tú te opones abiertamente a esa creencia, el otro se aferrará aún más a ella.
Si tienes la osadía de manifestar tu oposición, aunque fuera levemente, te devolverán furia, acritud, pesadez, culpas e incluso cosas más violentas.
Si intentas señalar los evidentes errores, aquellos que siendo relativamente objetivos se pueden observar sin dificultad, chocarás contra el muro de la negación.
Si eres un poco más agudo en tus comentarios, seguramente la respuesta agresiva será mayor.
Es dudoso que a esta altura de tus intentos sigas en una posición amable, de buen ciudadano tratando de ayudar desinteresadamente. Casi te puedo asegurar que ya te has transformado en un guerrero, alguien que lucha para tener la razón, para no fracasar, para obtener la victoria. Si comenzaste siendo buena onda, con el deseo de colaborar generosamente, ahora estarás cegado por tu deseo de triunfar, aunque en el proceso te lastimes o lastimes a aquel que quieres (querías) ayudar a ser libre de la distorsión intelectual y emocional. Ahora también tú estarás en guerra. Como el otro, negarás tus acciones, reprimirás tus sentimientos, te encadenarás a tus creencias e ideas, darás excusas para lo que hagas, siempre con el lema de que lo haces por el bien del otro, que tú solamente quieres ayudar, que el otro te ha agredido, que no se deja ayudar, que…
No, no es fácil que la gente quiera o pueda cambiar su mundo interno. Peor cuando esas creencias son relativas a tener un supuesto poder sobre las cosas, a dominar dioses y elementos, a obtener salvaciones y curaciones, a evitar maldiciones y condenas, a ser librado del mal. Porque esas creencias de poder invitan a encerrarse en ellas, a bloquear todo lo que pudiera poner de manifiesto que en verdad la persona es débil, endeble, vulnerable, rompible, mortal, impotente. Así, la persona se esfuerza en rodearse de lo que la asfixia y va matando, se abriga con ello, creyendo tener poder y superioridad, pero no tiene más que miseria y muerte.
¿Qué hacer?
Unos pocos tips:
Pero… ¿entonces?
¿El otro seguirá esclavo de sus creencias y sumará más trabajos forzados a los que ya cumple?
¿Será que no tenemos nada para hacer?
¿Rezar no serviría de algo?
Como respuesta a estas preguntas te dejo con una tarea, que si la cumples y quieres nos compartes luego los datos, aquí debajo en la sección de comentarios.
Estudiar el proceso de liberación de los judíos de la esclavitud de Egipto.
Estudiar el proceso de la liberación de los judíos de la esclavitud que cargaban en su interior desde Egipto.