Categoría: Opiniones e ideas

  • El Deseo, Ego y Razon

    Cuando tenemos un deseo, pocas veces lo reflexionamos o medimos como bueno, justo/malo,injusto.

    Si tenemos un deseo, de manera irreflexiva y con voluntad buscamos su satisfacción; pues como no lo pensamos, lo elevamos al rango de «necesidad».

    Algunos deseos irreflexivos elevados a «necesidad» se logran satisfacer. El resultado de esa satisfacción es el placer, poder y sentido.

    Otros deseos irreflexivos elevados a «necesidad» no se logran satisfacer. El resultado es el displacer, la impotencia, el sinsentido.

    Como los deseos surgen del oscuro inconsciente humano, solo los filtros de la consciencia son capaces de regular dicha fuerzas motoras. Pero como el ego forma parte de los elemento de la consciencia que filtran los deseos, resulta mas evidente que el deseo se justifique a que se limite.

    Otros de los filtros, la razón, no solamente auxilia para descubrir el origen de esas fuerzas, sino que al descubrirlas se podrían manipular hacia actos que dignifiquen la existencia del hombre.

    El arte, la literatura, la música, la cultura son ejemplos de esas sublimación.

    Estudiando el artículo «La Alegria Verdadera» (1) se puede ver varias cosas respecto al deseo, el ego y la razon:

    1. Había más deseo en Moises por saber la verdad para existir en la realidad, que por el liderazgo.
    2. Filtraba su deseo por el filtro del Ego, pero tambien por La Razon (2).
    3. Tenía algo que la mayoría carecemos y que lo ayudaba en ser reflexivo en cuanto a su deseo: otro alguien con quien discutir razonablemente, su hermano Aarón.

    Como conclusiones finales podría decir que es un bienaventurado quien concientiza su deseo, y sin justificarlo lo razona, y así transforma esa fuerza en otra que genere equilibrio y armonía, dicha y felicidad.

    Pero es un hombre aún más bendito el que tiene un alguien con quien razonarlo y cumplir con esa misión humana.

     

     


    (1) http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/alegra-verdadera

    (2) «…él mismo había razonado incorrectamente y su hermano Aarón era el que estaba en lo cierto…él no tenía que poner excusas ni rodeos para reconocer su error y el acierto ajeno..»

  • Líneas generales

    1. Hay un Creador.
    2. Éste es infinito, por tanto ilimitado en sus cualidades.
    3. Creó el universo como un acto de Amor total.
    4. Por tanto, Su Voluntad es que Sus criaturas alcancen la plenitud en todo aquello que les sea posible.
    5. Para que la creación tenga sentido y conciencia, Él creó –al menos- una especie que pudiera comprender, razonar, trascender.
    6. Esos somos nosotros, los seres humanos, sin ninguna distinción étnica, social, ideológica, de creencias, de género.
    7. Todos los humanos tenemos ese puesto especial en la creación.
    8. Saber este hecho y contar con las herramientas adecuadas nos permite desarrollar nuestro potencial al máximo.
    9. Él no nos dejó abandonados, sino que nos dio reglas de cómo lograrlo.
    10. Desde el primer humano contamos con esa sabiduría, pues ha sido Adam el receptor original de la misma.
    11. Al estar en posesión de la sabiduría y entrenarnos para llevarla a la práctica, conseguimos mejorar en nuestra realidad.
    12. Lo que nos permite disfrutar, estar en paz, ser felices, vivir en coherencia y no en conflicto innecesario.
    13. Las reglas son accesibles para todos los humanos, siempre y cuando abran su mente y corazón y no permanezcan atrapados en sus celdas mentales.
    14. Sin embargo, existen algunas dificultades, que deben ser reconocidas y admitidas, para que se transformen así en trampolines para el crecimiento y no en trabas.
    15. El Amor es también el motivo del Creador para poner tales obstáculos en nuestro camino, aunque pudiera parecer lo contrario.
    16. Por tanto, los problemas, las crisis, las contrariedades, las debilidades tienen una carga positiva para ser rescatada y empleada en nuestro bienestar.
    17. Dentro de lo limitado que es el ser humano, tenemos la opción para deleitarnos con la eternidad.
    18. Todo esto encuentra aplicación práctica y concreta en todos los aspectos de nuestra existencia, en lo personal, familiar, de pareja, social,  profesional, laboral, educativo, etc.
    19. No es necesario ningún acto de fe, ni pertenecer a ninguna congregación religiosa.
    20. No se requieren rituales religiosos, ni encerrarse en grupos de condición sectaria.
    21. Por el contrario, la libertad de pensamiento está en la base, así como la franqueza en los sentimientos y opiniones.
    22. Cuando se cuenta con el conocimiento y el entrenamiento en la sabiduría de la Kabbalah, se vive positivamente y se influencia favorablemente al entorno.
    23. Se destraban poderes ocultos en nuestro interior y se afianzan vínculos saludables con el entorno.
    24. Así, se planifica con claridad y firmeza, se adquiere la confianza para tomar decisiones, se disfruta del compromiso y la responsabilidad.
    25. Todo ello es posible, porque es un don que nos corresponde a cada uno de nosotros por derecho natural.
    26. Estamos en este mundo para hacer realidad el paraíso terrenal y gozar de él.

    CabalaTerapia para ti y los tuyos.

  • Fundamentos de la Composición Musical

    Fundamentos de la Composición Musical

    He aquí un par de citas que encontré interesantes para compartir.

    Las citas son del libro Fundamentos de la Composición Musical de Arnord Schoenberg.

    En este capítulo explica el concepto de «forma» aplicado a la composición musical. Ya que es ella la que hace que los elementos funcionen como un «organismo» vivo.

    <<Sin organización la música sería una masa amorfa, tan ininteligible como un ensayo sin signos de puntuación, o tan inconexa como una conversación que salta sin propósito alguno de un tema a otro>> (*)

    <<Los requisitos fundamentales para la creación de una forma inteligible son la «lógica» y la «coherencia». >>(**)

    <<Es más, uno sólo puede entender lo que puede guardar en la mente. Las limitaciones mentales del hombre le impiden aferrarse a cualquier cosa demasiado extensa.>>(***)

    Entre algunas otras ideas. Honestamente quise compartirla por si alguno de los lectores pueda sacar algo para aprendizaje.

    ¿Se puede aprender algo para la vida práctica a partir de estos enunciados?

    Si es así,

    ¿Podría compartir sus ideas o conocimientos  para ampliar o expandir o incluso refutarlos?

    • y **  Pág. 11, El concepto de «Forma».

    (***) Pag. 12, El concepto de «Forma».

    (Artículo originalmente publicado en Fulvida.com y compartido en este hogar para difusión)

  • Nunca se aparte el mensaje de la Torá

    «Nunca se aparte de tu boca este libro de la Torá; más bien, medita en él de día y de noche, para que guardes y cumplas todo lo que está escrito en él. Así tendrás éxito, y todo te saldrá bien.»
    (Ieoshúa/Josué 1:8) Ver Masejet Berajot 35b.

    Un grupo sabio dice que hay que vivir de acuerdo al principio de Torá im derej eretz, es decir, que la Torá sea acompañada de todo lo que refiere a las actividades terrenales. El hombre común no tiene obligación de dedicar su vida a estudiar Torá exclusivamente, encerrado en una academia (ieshivá o cualquier otra) dedicada a tal fin. Cada uno de acuerdo a su capacidad y oportunidad. Teniendo el estudio de Torá como central y el resto como lo accesorio. No por ser secundario deja de ser importante, pero debe quedar claro el orden de prioridades: primero Torá y luego el resto de las cosas.

    Un grupo sabio dice que la Torá y solo Torá, ya Dios se ocupará de dar lo que el hombre necesite para sus necesidades esenciales.

    Un grupo sabio dice que el hombre dedique un rato mínimo para obtener lo suficiente para su sustento terrenal y luego dedicado a lleno al estudio de Torá. ¿En qué se diferencia del primer grupo? En que este último lleva el trabajo material al mínimo indispensable, casi al borde del ascetismo, es decir una vida austera y de renuncia a placeres materiales, solamente permitidos en ocasiones particulares tales como shabat y festividades. Porque, el placer obtenido en este mundo restaría al placer que se cosecha en la eternidad.

    Un grupo sabio dice que toda actividad, cualquiera sea ella, ha de ser realizada con el mensaje de la Torá en la boca, en el pensamiento y en las manos.
    Como dice el versículo, tal cual.
    Llevar a la práctica la Torá en todos los niveles, en cada dimensión, permitiendo así que el espíritu de la Torá se encarne en nuestras vidas y se difunda de la mejor manera: no a través de prédicas desde el púlpito, sino como consecuencia de nuestros acciones corrientes y habituales.
    Que todo lo que hagamos sea Torá. Estudiándola y viviéndola.
    La Torá de los judíos para los judíos; la Torá noájica (los Siete Mandamientos Universales) para los noájidas.
    Siendo así, podemos disfrutar de los bienes de este mundo y transferir ese gozo a la eternidad, porque estamos rescatando chispas sagradas de cada objeto, momento y lugar. Esa redención de santidad nos llena de placer mundanal y nos aumenta en el recuerdo benéfico para el más allá.

    Puedes tomar tu camino, los sabios lo proponen y cada uno lo anda.
    El mío, que puedes compartir o no, es el de la construcción de SHALOM, acciones (pensamiento, palabra, acto) de bondad y justicia.

  • Lo Bueno y el Bien segun el Racionalismo

    Le he llegado a perder credibilidad a las corrientes conductistas, y a las explicaciones sobre el comportamiento humano que dan sus “especialistas”.

    Su método para explicar las conductas se basa en el análisis experimental. Concluyen que si una determinada acción produce cierta reacción, necesariamente esa misma reacción se verá en cualquiera en que se aplique la misma acción.

    En el campo humano, podría entonces suponerse que cualquier reacción del hombre ante una acción, va a ser la misma de cualquier otro hombre si se repite el experimento.

    Si el humano dirigiera su existencia de acuerdo a los (casi superados) instintos básicos, como cualquier otro animal, el conductismo potenciaría el desarrollo humano hacia toda su dimensión; que sería la dimensión animal, y no la dimensión humana.

    Esa corriente es la que actualmente siguen la mayoría de profesionales en ciencias de comportamiento humano, y la que la mayoría de nosotros creemos como la más acertada explicación a lo que nos pasa como individuos y como sociedad.

    Careciendo de profundidad sus explicaciones (pues no considera al humano como ser ecológico, multidimensional, polifacético, multi-constitutivo, con consciencia e inconsciencia) las aceptamos cual chimpancé  acepta una banana alegremente.

    Ejemplos sobran, pero no quiero abundar en ellos, solo mencionar algunos: la explicación de que el delincuente delinque por su pasado tormentoso, el del depresivo cuyo sentimiento se debe a su pérdida y al mes de diciembre, el del comprador compulsivo que se endeuda para tener más porque en su pasado tuvo poco o nada, etc.

    Pero, debo de aclarar que no soy ni filósofo ni psicólogo, así que mi opinión no deja de ser muy limitada; los conductistas tendrán sus puntos a favor con sus aportes sociales.

    Personalmente prefiero las corriente humanista, que analiza al humano como individuo y como ser social; cuya estructura de carácter individual es la misma estructura de carácter que esta impuesta su sociedad; haciendo dinámica su existencia.

    Así, por ejemplo, nuestra estructura de carácter actual es consumista porque la estructura de nuestra sociedad es de la misma forma: producir sin ningún objetivo más que el de consumir. La racionalización de producir para el consumo y mantener la subsistencia no es válida en nuestro tiempo: el producto del que se consume no necesariamente es para subsistir sino para el placer o el poder.

    Según los estudiosos, dicha estructura de carácter no siempre fue así, sino que han variado. Por ejemplo, señalan que la estructura de carácter social (y por ende el individual) medieval era el ahorrativo-acumulativo, el de la era de la industrialización era el acumulativo-productor, entre los que recuerdo.

    Y esta estructura de carácter social reflejada en el individual, dinamiza también lo moral. Es decir, lo que va a ser bueno o malo para la sociedad (y por ende para el individuo) dependerá siempre de la estructura de carácter a que se tienda.

    Si, por ejemplo, hoy es buena la producción para el consumo, es bueno estar ocupado, aunque no se evidencie un para que, ni un objetivo claro. También sería bueno el consumo de lo último o novedoso, aunque no se necesite realmente como un elemento vital.

    Sobre esas ideas, sería malo, entonces, la desocupación; aunque fuese en periodo de vacaciones hay que hacer algo, aunque sea pasear para comprar algo en el mall. Es malo no comprar para consumir, por ende, para hacerlo hay que estudiar las profesiones y los idiomas que demande el mercado (y no la habilidad personal), porque individualmente también hay que mercadearse para poder emplearse.

    Todo se produce, todo se vende, todo se compra, todo se consume, pues hasta el hombre mismo es una cosa mercadeable, y eso es lo bueno y sinónimo de lo exitoso.

    Pero como la estructura de carácter individual y social no son estáticas, sino que con el tiempo cambian, así también lo bueno y lo malo será variable. Lo que para la sociedad victoriana era malo, hoy no lo es, por ejemplo en el campo sexual. Lo que ayer era censurado por la Tradición, hoy es aprobado por el Derecho.

    Así, lo que nos hace actualmente hombres buenos o malos es nuestro acondicionamiento a la estructura de carácter social que esté privando en la sociedad en que existimos. De esa forma, juzgar las acciones como buenas o malas dependerá mucho del tipo de sociedad en que ocurran; pero dichas acciones no serán buenas o malas por los siglos de los siglos.

    Lo bueno o malo es un relativo.

    Pero el pensamiento humanista racional no solamente aventaja al conductismo por la profundidad de su análisis al demostrar que lo bueno y lo malo son relativismos temporales, sino que además lo aventaja por mucho al demostrar, también, que el Bien es un Absoluto que ha superado las eras, y que se ha mantenido incólume en la historia humana.

    Es decir, que la Ética no depende de la estructura individual o social, y por ende, ni de la moral que impera en la era en que se existe. La ética no varía ni se adecúa a la modernidad, sino que es atemporal o eterna.

    Lo ideal, entonces, sería que la moral (y por ende la estructura de carácter social e individual) se formara según la norma Ética.

    Sobre ese pensamiento, y siendo que la Ética es atemporal o eterna, su fuente lo es también; y por lo tanto, el humano nunca agotará la norma ética plenamente, sino que tendrá con su vida que irla re-descubriendo, haciendo de ese modo su existencia aún más dinámica, y no estática como propone el conductismo.

    Sin embargo, el racionalismo humanista señala que conocer la normativa Ética no necesariamente signifique que se logre estructurar el carácter hacia ella; sino que el conocimiento debe implicar la acción y la voluntad.

    Si la Ética es el Bien Absoluto, la estructuración del carácter individual y social de acuerdo a sus normas, produciría hombres del Bien Absoluto. Pero por no ser así siempre, no quiere decir que existen hombres del mal, sino hombres distanciados del Bien.

    Siguiendo ese pensamiento, se podría concluir que si los hombres siguieran la normativa Ética, estructurarían un carácter individual y social en el Bien; y no simplemente lo que se conoce como buenos.

    Ahí estaría la diferencia entre un hombre bueno y un hombre de Bien.

    Seguir creyendo que con el amaestramiento del hombre éste encotrará las respuestas a sus problemas es un caro error a que nos está llevando el pensamiento conductista. Apostar por el pensamiento analítico del racionalismo humanista es una invitación abierta a descubrir, un poquito más, nuestra propia esencia.

    Y ese es el fin del presente, una incitación a leer, comentar, preguntar y repasar las lecturas de este sitio, con la única finalidad de derribar los hábitos y las creencias que nos limitan impidiendo descubrir un poco más la esencia que todos compartimos.

    (En merito de la señora Luz Montiel, que a dos años de su muerte la sigo recordando.)

    Luis D. Perez Ch.[1]

    [1] El autor del artículo no es judío. Las ideas cuenta con autorización y revisión previa de Serjudio.com

  • Bases para una sociedad ética

    Actuar éticamente es comportarse de acuerdo a la NESHAMÁ, es decir el espíritu, el Yo Esencial.
    Por su parte, corresponde a la moral aquello que la sociedad impone como conducta apropiada.

    La moral se aprende ya que es de origen social.
    Nadie nace poseyendo la idea moral que es acorde a su tiempo y lugar.

    Pero, todo ser humano contiene en sí mismo el código de ética, porque somos espirituales sin necesidad de ninguna confesión, ni alguna fe, ni compartir algún ritual o ser miembro de sectas o agrupaciones.
    De manera natural tenemos la brújula para orientarnos correctamente en correspondencia con el llamado del espíritu.

    Pero, al estar  encarnados en este mundo la voz de la NESHAMÁ queda mitigada, casi silenciada, por los incontables mensajes, mandatos, componendas, instintos, jaleos, ocultaciones, a los que nos vemos sometidos o de los que somos co-creadores.
    Por lo cual, la ética natural trastabilla y está a merced de todo tipo de engaños, confusiones, alteraciones.

    Esto significa que es sumamente difícil que tengamos a alguna persona que se pueda comportar éticamente siguiendo exclusivamente los dictados de su Yo Esencial.
    Es posible, sin embargo está fuera de lo esperable.

    Por supuesto que la voz de la NESHAMÁ nos guiará, incluso en la noche más oscura y en los laberintos más complejos a los que ingresamos.
    Pero, no podemos estar seguros, al menos no por ahora; no en tanto el imperio del EGO siga dominando nuestra realidad.

    Por ello el Creador, el Mismo que nos creó siendo Yo Esencial e hizo que formáramos un Yo Vivido durante nuestro paso por la tierra, nos proveyó de un código de ética externo.
    Es la concreción del código de la NESHAMÁ.

    Así, la persona ya no depende de adivinar si ha oído correctamente la voz de su Conciencia, ni siquiera de esperar a oírla.
    Porque, la Divina Gracia y Sabiduría nos otorgó un código para cotejar nuestras acciones.

    El código para la humanidad casi en su totalidad, para el 99% de la misma, es el noájico.
    Compuesto por las Siete Leyes Universales, aquellas que fueron entregadas por el Creador a Adam y posteriormente reafirmadas a Noaj/Noé.

    Es el código espiritual, para los gentiles no hay otro.
    No depende de la voluntad personal ni de la elección popular, ni de la fe ni de la entrega emocional.

    Es la ley de la NESHAMÁ que el Creador ha otorgado para que sea visible y cognoscible, comprensible y compartido.
    Es la referencia con la cual el gentil puede/debe evaluar su accionar en este mundo.

    Si está viviendo en concordancia con los Mandamientos Noájicos, está siendo espiritual/ético.
    Está haciendo lo que es bueno y apropiado según la Divina Voluntad.

    El otro 1% de la humanidad tienen una responsabilidad mayor, por tanto más trabajo para hacer.
    Por lo cual no alcanza con siete mandamientos, sino que son necesarios 613 para el conjunto de ese grupo.

    Son los 613 mandamientos que el Creador ordenó a la nación judía para que cumpliera.
    Ese es el código de ética acorde a la espiritualidad de la persona judía, no para la del gentil.

    Ni los 7 ni los 613 son inventos del intelecto humano, aunque algunos de ellos pudieran parecerlo puesto que son eco del código ético original de nuestro espíritu.
    Es decir, no son algo lejano y que se nos impone, sino lo que nos suena como viejo conocido, pues somos parte de ello desde el origen, mucho antes de haber nacido en este mundo.

    Pero, a veces y en especial entre los 613 mandamientos, puede resultar una carga pesada y poco deseada su cumplimiento.
    A pesar de ser lo que sintoniza nuestra existencia con la eternidad, pueden sentirse como innecesarios, extraños, etc.

    ¿Cómo puede ser que se sienta eso si son el código que nos forma?
    ¿Acaso no debieran darnos paz y descanso porque nos hacen reencontrar con nosotros mismos?

    Sí, en un mundo ideal así sería.
    Pero, en este mundo seguimos sometidos a la multidimensionalidad, a la limitación, a la impotencia.

    No somos espíritu, sino que somos una combinación inarmónica de varias dimensiones.
    Por tanto, cuesta montón madrugar para ponerse tefilín y rezar.

    Aunque la NESHAMÁ salte de alegría con esas acciones,
    no así el cuerpo, y quizás tampoco el sistema de creencias basado en los inputs sociales.

    Está bien admitirlo y no sufrir por ello.
    Sino trabajar para perfeccionarnos cada día un poquito más.

    La LUZ está en nosotros, es cuestión de des-cubrirla.
    Por medio del estudio del Código externo (Leyes noájicas y Torá judía) y la realización de la TESHUVÁ.

    Sin acongojarnos ni ahogarnos en culpas ni angustias.
    Más bien, andar confiados pero con humildad.

    Construir SHALOM en cada momento, por medio de acciones de bondad y justicia.
    Tanto en pensamiento, palabra como actos.

    Así, de a poco, cada uno a su ritmo y de acuerdo a sus circunstancias, llevaremos el Yo Vivido a estar sintonizado con el Yo Esencial.
    Sentiremos dicha y estaremos en armonía.

    No precisamos de fe, ni de mediadores, ni de santos, ni de crucificados, ni de magia, ni de mecanismos místicos.
    Sí precisamos paciencia, amor, constancia, labor, humildad.

    Es el camino del constructor de SHALOM,
    el que lleva a la santidad y plenitud.

    No nos abandonamos a la moral ni cavamos la tumba de la fe,
    por el contrario crecemos en conciencia por abrirnos a la Conciencia.

    Llegará el día en el cual la moral será idéntica a la ética,
    cuando los rostros reflejen la LUZ de la NESHAMÁ.

    A ese tiempo los llamamos Era Mesiánica,
    la cual dicen los que saben ya estamos avanzando firmemente en ella.

    Puedes ser parte de los que construyen el bienestar propio y colectivo,
    depende de ti.

    Para saber si estás en la senda, para mejorar tu andar, para disfrutar de mayores bendiciones te espero el 6 de febrero próximo, del 2017, en el fabuloso encuentro de Cabalá que tendremos en ciudad de México.
    Estoy seguro que quieres ir y podrás encontrar la manera de hacerlo.
    Hay mucho para obtener de esta ocasión única y quizás irrepetible.

  • El infierno tan cercano

    El infierno puede ser descrito como
    todos los árboles del paraíso a tu disposición para comer,
    tanto como quieras,
    sin preocuparte por absolutamente nada;
    pero…
    nunca jamás sientes apetito,
    ni la más pequeña tentación por satisfacer el placer.

    No es un lugar
    sino un estado del alma.

  • Ropas del espíritu y estar alegre

    La NESHAMÁ, nuestro Yo Esencial, el espíritu, se reviste con tres vestimentas diferentes en este mundo: pensamientos, palabras, actos físicos.
    Cada uno de ellos puede estar en armonía con ella y por tanto manifestar la Divina Presencia en nuestra vida.
    O, puede estar en desequilibrio, por tanto en perplejidad, sumida en sombras tras los dictados del EGO.

    Es decir, las ropas reflejan la verdadera personalidad o la distorsionan.
    Cuando aprendemos a vestirnos de acuerdo a nuestra esencia, entonces estamos en SHALOM (paz, completitud, plenitud).
    En lo interno y lo externo. Por tanto, disfrutamos de lo que está permitido y a nuestro alcance.

    Pero, si lo que nos arropa son mandatos sociales, productos del EGO, delirios del momento, la moda que incomoda, distorsiones, emociones alteradas, apego al error, religiosidad, extremismo, odio, altercado, desavenencia, entre otras producciones equívocas, ciertamente que estamos poniendo en exilio nuestra existencia. Postergados de la LUZ, en sombras, penando aunque se escuchen nuestras risotadas y pretendamos estar pasándola bien. No hay SHALOM, aunque la boca lo grite y sea un lema que se repita a modo de auto convencimiento.

    Para escoger la ropa apropiada, la que es espejo del espíritu, es imprescindible ir haciendo luz en cada rincón de nuestro ser, descubriendo las formaciones del Yo Vivido que están en disonancia.
    Es un trabajo lento y a veces complicado, para el cual nos ayudamos con la Cabalaterapia.
    Podemos ir desarticulando las ficciones que asumimos como guion de vida y de esa manera reescribir nuestra historia, con lo que vale.

    También es imprescindible ir ampliando la conciencia, tanto adquiriendo conocimiento teórico como llevándolo a la práctica.
    Hacer vivo el mensaje de construir SHALOM en todo  momento, por medio de acciones de bondad y justicia.
    Aunque cometamos errores, aunque seamos torpes, aunque nos creamos en el tope y ya incapaces de aprender algo; siempre estar en la onda de construir SHALOM.

    Como la acción requiere el equilibrio entre bondad y justicia,  no nos sirve la reacción automática, impensada.
    Sin bien la espontaneidad es saludable, en su correspondiente medida, la reflexión y la mesura deben estar sosteniendo con firmeza el volante de nuestro vehículo.
    Así evitaremos torpezas, confusiones, malos momentos.

    Para ello, el ropaje pensamiento ha de estar entrenado para responder de manera eficiente, eficaz, proactiva, resiliente, concentrado, etc.
    En modo no automático, sino despierto y enfocado.
    Dispuesto para la construcción creativa y no la mera repetición, o al servicio del EGO.

    Una de las conductas que fortifican el pensamiento, y por tanto mejora la vida, es llevarlo a reconocer la Divina Presencia en todo momento.
    Como hiciera el salmista inspirado: Shiviti Ad-onai lenegdi tamid – «pongo al Eterno ante mí de continuo» (Tehilim/Salmos 16:8).
    Ésta es una excelente herramienta, que redunda en:«Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa» (Tehilim/Salmos 16:9).

    Dice el párrafo “samaj libí” – “se me alegra el corazón”; lismoaj es alegrarse, pero en el hebreo bíblico expresa estar satisfecho, a gusto, conforme.
    Entonces, el buen pensamiento lleva a una actitud de agradecimiento, de reconocimiento, de disfrute, de aprobación.
    En vez de estar pendiente de lo que falta, gozar en lo que se tiene y trabajar para obtener un continuado disfrute, ¿por qué no?

    También hay que darse cuenta de los errores, no desconocerlos ni disculparlos torpemente.
    Porque están ahí para ser corregidos, en la medida de lo posible.
    Mientras no se rectifican, energía se desperdicia en su existencia.

    Por tanto, el bien pensar también requiere de la fortaleza para decir lo que no está bien y dedicarse a mejorarlo.
    Pero, si solamente estamos cazando sombras, difícilmente podamos reposar a la luz.
    También en esto… construir SHALOM.

    Tomemos en cuenta que así como hay diferentes maneras de expresar las palabras, también ocurre con las acciones y los pensamientos.
    Lo importante es que se consiga realzar la NESHAMÁ con ellos.
    Emotivamente, racionalmente, con detalles, explayándose, de acuerdo a las maneras que maneje el Yo Auténtico a través del Yo Vivido.

    Por tanto, tomemos el compromiso y seamos responsables para descubrir lo que está tapando la LUZ de la NESHAMÁ.
    De modo que ésta alumbre las cosas más cotidianas, lo que mundanal esté energizado por lo espiritual.
    Entonces, las ropas serán también de espíritu.

    Éstas y otras enseñanzas para dar gozo a tu vida y eternidad a tu existencia en el gran encuentro en la ciudad de México.

    Te espero allí, ven con tu familia y amigos.

    Este 6 de febrero 2017.

    Muchas cosas buenas están esperando para ser compartidas.

  • El descendiente esperado

    ¿Te diste cuenta de que si las hijas de Lot no lo emborrachaban y tenían relaciones íntimas con él no hubiera venido al mundo David, rey de Israel, y por tanto no existiría simiente del Mashiaj?

    Tal vez te percataste de que si Labán no engañaba a Iaacov éste no hubiera desposado a Lea, ni hubiera tenido hijos con ella y probablemente tampoco con las dos concubinas (Bilaá y Zilpá). ¿Cómo habría nacido el gran Yehudá, semilla del linaje mesiánico de Israel?

    Cosas que tiene la vida… lo positivo que podemos aprender es…

  • La primogenitura del otro hijo

    En el kidush de ayer al mediodía, mientras conversábamos de importantes temas de la parashá Toledot, un apreciado mitpalel y amigo del minián del Centro Maimónides de Montevideo lanzó una interesante pregunta. Le dije que trataríamos de analizarlo luego, en la charla que se establece en la seudat shelishit, pero hubo que posponerlo ya que apareció un inesperado huésped, el muy querido rav Mijael Rubinstein que estaba de visita de Israel en Uruguay por estos días. Fue el rav Mijael quien nos disertó y compartió de su sabiduría en esos sagrados momentos de despedida del Shabat. Valió la pena mantener la respuesta para obtener el afecto y conocimiento del rabino.

    La pregunta que está pendiente de respuesta es: ¿Cómo sabían de la importancia de la primogenitura? Ya que tanto estaba en juego con ella según relata la parashá. El amigo Marcos quería saber dónde estaba establecido esto en la Torá, porque no lo recordaba de las narraciones anteriores.

    Primera respuesta.
    La Torá no cuenta, ni pretende hacerlo, todos los detalles de los acontecimientos.
    Nos aporta los datos que quiere el divino autor, el resto queda en el conocimiento de los Sabios que lo compartirán eventualmente, o en registros de la época, o en las explicaciones que surgirán a su debido tiempo, etc.
    Por tanto, si no encontramos una descripción en la Torá, ni se dilucida un tema… ¡no es para desesperar!
    Habrá forma de llenar el bache, de manera más acertada o no.

    Segunda.
    Los patriarcas no nacieron de repollos en mitad de una isla desierta, sino que era personas insertas en sociedades con determinadas culturas, costumbres, tradiciones, etc.
    Que sean asuntos de hace tres o cuatro mil años no quita un gramo a la importancia del contexto socio-cultural.
    La realidad que ellos estaban haciendo nacer, la de una espiritualidad saludable y comprometida con el materialismo, no era obstáculo para conocer y compartir los usos habituales de su tiempo y lugar.
    Por tanto, probablemente era un hecho social aceptado que el hijo primogénito tenía alguna preferencia a la hora de obtener beneficios familiares. Sea en vida de los padres o tras sus partidas de este mundo.
    No debemos sorprendernos de que así fuera, ni suponer que es una cuestión elaborada en el seno de la familia de los hebreos. Por lo visto, podría ser una costumbre compartida.

    Tercero.
    La semana que viene leeremos la parashá Vaietze, en la cual Iaacov se enamora de Rajel y trabaja por ella siete años, para desposarla. Pero, el padre de la novia hace un cambio, y engañosamente casa a su hija Lea con nuestro patriarca. Cuando Iaacov le increpa, Labán le retruca: «-No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor.» (Bereshit / Génesis 29:26).
    Por lo visto no solamente los varones tenían privilegios familiares de acuerdo a su edad, sino también las mujeres.
    Por lo cual, en la familia de Itzjac era conocida la costumbre de favorecer al primogénito, sin necesidad de que la Torá abunde en anécdotas al respecto ni nos refiera todos los usos y hábitos de la época.
    Era un hecho establecido socialmente, el mayor tiene mayores derechos que sus hermanos.
    ¿No nos gusta? Ciertamente no, pero los antiguos tuvieron sus motivos, tontos o valiosos, para inventar esta cuestión.
    ¿Podemos cambiarlo? Algunas cosas sí, otras no lo permite la ley.

    Cuarto.
    La Torá esboza un motivo para esta predilección del primogénito y la remonta al primer nacimiento de un ser humano.
    Atendamos con atención: «El hombre conoció a Java [Eva] su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín. Entonces ella dijo: ‘¡He creado un varón, como el Eterno!‘» (Bereshit / Génesis 4:1).
    Sí, la impresión que tuvo la primer mujer con NESHAMÁ fue que concebir y parir un hijo era una acción que asemejaba a la mujer al Creador.
    Ella era como Dios por el hecho de traer una vida al mundo.
    ¿Estaba muy errada? Dejo para ti que filosofes al respecto.
    El hecho cierto es que el acto natural de parir de pronto cobró dimensión sagrada cuando la conciencia espiritual atravesó la mente de nuestra original matriarca.
    Desde ese día Caín era diferente al resto, no solo por ser el primer humano concebido por humanos, sino porque manifestaba la divinidad de la mujer… según ellos creían.
    No en vano al segundo hijo le llamó Ebel/Abel y no hizo proclamas de motivos. ¿Sabes lo que quiere decir Ebel? Si no, busca en serjudio.com que algún texto de nuestra autoría lo explica. Comparte luego el link en los comentarios, aquí debajo de este post (el publicado en serjudio.com no los reproducidos en redes sociales y otros medios).
    Comprobando los acontecimientos posteriores, ¿tenía razón Javá/Eva con esta presunción de la importancia espiritual del primogénito?
    Sería interesante que reflexionaras tu respuesta.

    Quinto.
    Era de tal importancia social, remarco lo de social, la primogenitura que en el pretérito Israel así como en otros pueblos el sacerdocio era una tarea para los primogénitos. No había casta sacerdotal, ni una profesión de libre acceso, sino que el derecho estaba reservado por orden de aparición en el mundo en el seno de una familia.
    Sí, sin dudas que las personas tenían una fuerte creencia al respecto, elevando a alguien a un pedestal por el mero hecho de ser el primero de los engendrados en una familia.
    ¿Tiene alguna validez espiritual esta apreciación cultural?

    Sexto.
    Si tomamos en consideración la explicación del exégeta Abrabanel, el primogénito tenía una función fundamental en la continuación de las cosas del hogar en caso de faltar el padre, o de éste no poder más cumplir sus funciones de padre. Como hijo mayor se encargaba de los bienes y personas, tomaba decisiones, se hacía responsable. Más que privilegios la primogenitura representaba cargas, una mochila muy pesada para sobrellevar. Quizás por esto también se compensaba con más dinero, beneficios, etc. No porque se jugara con injustos favoritismos, sino porque era lo justo en general.
    Tomando en consideración esto, podemos comprender más cabalmente el verso: «Itzjac [Isaac] amó a Esav [Esaú], porque en su boca tenía caza; mientras Rebeca amaba a Iaacov [Jacob].» (Bereshit / Génesis 25:28).
    Itzjac amaba el hecho que Esav podía hacerse cargo de la familia, sabía cazar, tenía habilidades sociales, era un hombre de acción, podía ocupar el rol de líder en caso de ser necesario. Era, o eso parecía, un buen exponente de primogénito, capaz de hacerse cargo de los asuntos familiares en caso de hacer falta. Sabiendo esto, podemos comprender mucho mejor el siguiente pasaje, que de otra manera sería bastante confuso: «Aconteció que cuando Itzjac [Isaac] había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía ver. Entonces llamó a Esav [Esaú], su hijo mayor, y le dijo: -Hijo mío. Él respondió: -Heme aquí. Le dijo: -He aquí, yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y ve al campo a cazar algo para mí. Luego hazme manjares como a mí me gusta. Tráemelos para que coma, y yo te bendiga antes de que muera.» (Bereshit / Génesis 27:1-4).
    Le estaba poniendo a prueba, para ver si era efectivamente un buen proveedor para la familia.

    Séptimo.
    En la parashá vemos que el que proveía alimentos era Iaacov, el plato de lentejas a su hermano, el chivito asado para su padre.
    Comprobamos que tenía astucia, habilidad para negociar, inteligencia para sortear dificultades.
    Era lo que precisaba un primogénito, de acuerdo a su función culturalmente aceptada.
    Tal vez por ello compró el derecho, que de otra forma parece impensado sea objeto de compra/venta, uno nace primogénito no lo adquiere… ¿no es así?
    Pero, si la primogenitura fuera en realidad, en su contexto histórico, no un asunto meramente de orden de nacimiento sino de idoneidad para un rol… ahora comprendemos mejor esta historia y algunas otras más.

    ¿Tendrá el apreciado Marcos suficiente respuestas con estas ideas?
    ¡Esperemos que no!
    Que siga estudiando, preguntando, aprendiendo, compartiendo, creciendo.

    Ahora, una invitación muy especial.
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  • El hijo del padre, el padre del hijo

    «Éstas son las descendencias de Itzjac [Isaac] hijo de Avraham [Abraham]. Avraham [Abraham] engendró a Itzjac [Isaac].»
    (Bereshit / Génesis 25:19)

    Si nos introduce que el tema son las descendencias de Itzjac, ¿para qué inmediatamente indica que su padre lo engendró?
    Resulta redundante, innecesario, fuera de lugar y poco a tono con la presentación.
    Esperamos que nos relate de hijos, de obras realizadas por él, de lo que se entiende por TOLeDOT en el hebreo de la Torá. Tal y como en las otras ocasiones es usada esta voz.

    Lo razonable hubiera sido saltear esas palabras y pasar directamente con el siguiente versículo; pero, el divino autor escogió que fuera así como quedase plasmado en la santa Torá.
    Vemos nosotros algunas maneras de comprender esto y de paso llevarnos algunas buenas enseñanzas para nuestra vida cotidiana.

    Hubo en su momento gente mal pensada que decían que Itzjac no era hijo de Abraham, sino de Abimelej –el de Plishtim- con Sará.
    Ahora, pasado el tiempo, se pudo comprobar fehacientemente que el hijo era absolutamente parecido a su padre, en sus rasgos y no solamente en bases fundamentales de su comportamiento.
    Así pues, la Torá reafirma aquí la relación biológica entre ambos, no solamente espiritual y social.

    Hubo gente que aseguró que luego del episodio traumático en el monte Moriá el hijo se separó del padre, el padre se ausentó de presencia del hijo.
    Con este versículo el sagrado autor nos confirma que pudieron haber tenido sus contratiempos, pero que el lazo se mantenía firme y reafirmado.
    El momento de la elevación de Itzjac sirvió para que ambos se conocieran mucho más a sí mismos y al otro.

    La vida de Itzjac tenía valor por sí misma, él era quien construía su camino.
    Sin embargo, ¡cuánto le debía a su padre! Y al revés, también era cierto.
    Esto era algo que no podía evitar ser agradecido y apreciado, por tanto se precisa este énfasis especial dado en el texto sagrado de Israel.

    Hay gente que pareciera ser conocida solamente por sus vínculos familiares: el hijo de tal, el padre de cual, el hermano de aquel, etc.
    En este caso la Torá nos viene a contar que ambos tenían su renombre, cada uno valía en y por sí mismo. Con famas bien ganadas y mantenidas.
    Uno no vivía y se presentaba en función del otro, sino que por sus propios méritos.

    Además de lo anterior, el padre estaba sanamente orgulloso de su hijo; y el hijo sin dudas lo estaba de su padre.
    Para cada uno de ellos era un placer que los identificaran con el otro, que les hicieran notar las glorias y obras del otro.
    Así como Abraham era apreciado, lo era su hijo; y sus famas repercutían favorablemente en ambos.

    Dichosas las familias en las cuales el afecto y respeto se sostiene en el tiempo.
    Donde los acontecimientos amargos, así como los dichosos, no rompen las ligaduras.
    Que pueden seguir andando juntos, sobrellevando los altibajos con dignidad y certero amor.
    Esto se encuentra en el pasaje que estamos comentando, de manera implícita, a la espera de ser revelado por el atento lector.

    En ningún momento la Torá relata: “Estas son las descendencias de Avraham”, tal vez para no dar atributos especiales a los hijos biológicos que no obtuvieron los dotes materiales ni la estatura espiritual de Itzjac.
    Entonces, en este lugar el texto santo indica la descendencia de Avraham, indirectamente.
    Haciéndose énfasis en la estirpe de Itzjac, la heredera del patriarca, la que recibió la antorcha sagrada y la sigue sosteniendo en alto, para lumbrera generosa de las naciones.

    El versículo quizás nos indica que Avraham estaba presente, de diversas maneras, al momento de nacer sus nietos, hijos de su hijo.
    No era un abuelo lejano e indiferente, sino que marcaba su presencia y estaba ahí en caso de ser necesario.
    Puso su parte también en la crianza de los retoños y con decidido cariño en fortalecer y orientar al que sería el continuador de la saga sagrada, Iaacov.

    Pudiera ser que el patriarca Itzjac no tuviera capacidad reproductiva y que las dificultades para el embarazo junto a su esposa fueran suyas también.
    Si no fuera el hijo de Abraham y el heredero, si solamente estuviera librado a las condiciones naturales, ahí habría finalizado el linaje. O por su infertilidad, o por la de ella, o por la de ambos.
    Pero, el primer patriarca recibió la promesa de una gran descendencia y por tanto el hijo obtuvo ayuda de Arriba para vencer los obstáculos de otra forma insalvables.

    En ocasiones uno vive prendido del pasado, recordando viejas glorias, atrincherándose en recuerdos, o lamentando culpas asfixiantes que no permiten disfrutar del presente.
    Otras veces están los que se agotan ansiando lo que no tienen, proyectando el mañana sin construirlo, esperando y esperanzados, poniendo su fe en fantasías.
    Cuando el secreto de la dicha y bendición está en vivir plenamente el aquí y ahora, a pleno. Apreciando el pasado, corrigiendo sus errores, dejando correr lo irreparable. Valorando las oportunidades para el futuro, trabajando por ellas, cuidando de no desperdiciar en el presente los recursos posteriores.
    El versículo nos enseña que la vida de Itzjac tenía valor ahora, porque apreciaba su pasado y aportaba al mañana, pero siendo hoy todo lo mejor que podía estar siendo ahora.

    Avraham llegó a ser en plenitud cuando pudo convertir la esperanza y promesa de descendencia concretada en su hijo Itzjac.
    Así, aunque suene paradójico, el padre es producto del hijo. Es como uno de sus descendientes también.
    Es la extrañeza que produce el  mundo espiritual cuando se lo quiere comprender con la limitación sensorial y mental del mundo cuatridimensional.

    Avraham es el símbolo de JESED, bondad, generosidad, entrega.
    Itzjac de DIN, justicia, limitaciones, rigor.
    Ambos deben estar en complemento, porque entonces se genera SHALOM.
    Si se manifiestan descompensados, se produce el caos.

  • Házlo!

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    ¿Nos gusta recibir órdenes?

    Sinceramente, por mi parte, admito que siento la incomodidad al recibirlas. No sé si será porque desde pequeño puedo arrastrar ciertos traumas, pero de que está ahí, está. A veces, ha sido necesaria, como en casos de enseñanza o trabajo o incluso de vida. A veces a estado de más, cual consejo sin ser pedido.

    Aunque a veces utilizo la frase «a sus órdenes», no me gustaría que literalmente se lo tomen como que prefiero el trato autoritario.

    Entiendo que es un tema complejo y de muchas aristas. Me admito ignorante en temas de psicología o filosofía frente a esta situación. Sin embargo, también entiendo que parte de la vida cotidiana y el EGO está el mandar o actuar con impotencia frente a una orden.

    Ahora ¿Nos gusta dar órdenes?

    Si es así ¿Por qué? ¿Lo crees mejor que pedir o peor?

    O ¿Cuál es la manera en que lo hacemos? ¿Es como lo hicieron contigo? ¿o como nos fijamos que otros lo hacían?

    ¿Acaso nos gustaría-o nos gusta- recibirlas de la misma manera en que las damos?

     

    Si no es así ¿podrías igualmente pensar en el por qué?

    Y siendo honestos ¿Alguna vez la  haz sentido necesario dar o recibir alguna?

     

    Sería genial leer tus ideas al respecto.

     

    (Por la salud de Daniel hijo de Ilse Monroy)