Bases para una sociedad ética

Actuar éticamente es comportarse de acuerdo a la NESHAMÁ, es decir el espíritu, el Yo Esencial.
Por su parte, corresponde a la moral aquello que la sociedad impone como conducta apropiada.

La moral se aprende ya que es de origen social.
Nadie nace poseyendo la idea moral que es acorde a su tiempo y lugar.

Pero, todo ser humano contiene en sí mismo el código de ética, porque somos espirituales sin necesidad de ninguna confesión, ni alguna fe, ni compartir algún ritual o ser miembro de sectas o agrupaciones.
De manera natural tenemos la brújula para orientarnos correctamente en correspondencia con el llamado del espíritu.

Pero, al estar  encarnados en este mundo la voz de la NESHAMÁ queda mitigada, casi silenciada, por los incontables mensajes, mandatos, componendas, instintos, jaleos, ocultaciones, a los que nos vemos sometidos o de los que somos co-creadores.
Por lo cual, la ética natural trastabilla y está a merced de todo tipo de engaños, confusiones, alteraciones.

Esto significa que es sumamente difícil que tengamos a alguna persona que se pueda comportar éticamente siguiendo exclusivamente los dictados de su Yo Esencial.
Es posible, sin embargo está fuera de lo esperable.

Por supuesto que la voz de la NESHAMÁ nos guiará, incluso en la noche más oscura y en los laberintos más complejos a los que ingresamos.
Pero, no podemos estar seguros, al menos no por ahora; no en tanto el imperio del EGO siga dominando nuestra realidad.

Por ello el Creador, el Mismo que nos creó siendo Yo Esencial e hizo que formáramos un Yo Vivido durante nuestro paso por la tierra, nos proveyó de un código de ética externo.
Es la concreción del código de la NESHAMÁ.

Así, la persona ya no depende de adivinar si ha oído correctamente la voz de su Conciencia, ni siquiera de esperar a oírla.
Porque, la Divina Gracia y Sabiduría nos otorgó un código para cotejar nuestras acciones.

El código para la humanidad casi en su totalidad, para el 99% de la misma, es el noájico.
Compuesto por las Siete Leyes Universales, aquellas que fueron entregadas por el Creador a Adam y posteriormente reafirmadas a Noaj/Noé.

Es el código espiritual, para los gentiles no hay otro.
No depende de la voluntad personal ni de la elección popular, ni de la fe ni de la entrega emocional.

Es la ley de la NESHAMÁ que el Creador ha otorgado para que sea visible y cognoscible, comprensible y compartido.
Es la referencia con la cual el gentil puede/debe evaluar su accionar en este mundo.

Si está viviendo en concordancia con los Mandamientos Noájicos, está siendo espiritual/ético.
Está haciendo lo que es bueno y apropiado según la Divina Voluntad.

El otro 1% de la humanidad tienen una responsabilidad mayor, por tanto más trabajo para hacer.
Por lo cual no alcanza con siete mandamientos, sino que son necesarios 613 para el conjunto de ese grupo.

Son los 613 mandamientos que el Creador ordenó a la nación judía para que cumpliera.
Ese es el código de ética acorde a la espiritualidad de la persona judía, no para la del gentil.

Ni los 7 ni los 613 son inventos del intelecto humano, aunque algunos de ellos pudieran parecerlo puesto que son eco del código ético original de nuestro espíritu.
Es decir, no son algo lejano y que se nos impone, sino lo que nos suena como viejo conocido, pues somos parte de ello desde el origen, mucho antes de haber nacido en este mundo.

Pero, a veces y en especial entre los 613 mandamientos, puede resultar una carga pesada y poco deseada su cumplimiento.
A pesar de ser lo que sintoniza nuestra existencia con la eternidad, pueden sentirse como innecesarios, extraños, etc.

¿Cómo puede ser que se sienta eso si son el código que nos forma?
¿Acaso no debieran darnos paz y descanso porque nos hacen reencontrar con nosotros mismos?

Sí, en un mundo ideal así sería.
Pero, en este mundo seguimos sometidos a la multidimensionalidad, a la limitación, a la impotencia.

No somos espíritu, sino que somos una combinación inarmónica de varias dimensiones.
Por tanto, cuesta montón madrugar para ponerse tefilín y rezar.

Aunque la NESHAMÁ salte de alegría con esas acciones,
no así el cuerpo, y quizás tampoco el sistema de creencias basado en los inputs sociales.

Está bien admitirlo y no sufrir por ello.
Sino trabajar para perfeccionarnos cada día un poquito más.

La LUZ está en nosotros, es cuestión de des-cubrirla.
Por medio del estudio del Código externo (Leyes noájicas y Torá judía) y la realización de la TESHUVÁ.

Sin acongojarnos ni ahogarnos en culpas ni angustias.
Más bien, andar confiados pero con humildad.

Construir SHALOM en cada momento, por medio de acciones de bondad y justicia.
Tanto en pensamiento, palabra como actos.

Así, de a poco, cada uno a su ritmo y de acuerdo a sus circunstancias, llevaremos el Yo Vivido a estar sintonizado con el Yo Esencial.
Sentiremos dicha y estaremos en armonía.

No precisamos de fe, ni de mediadores, ni de santos, ni de crucificados, ni de magia, ni de mecanismos místicos.
Sí precisamos paciencia, amor, constancia, labor, humildad.

Es el camino del constructor de SHALOM,
el que lleva a la santidad y plenitud.

No nos abandonamos a la moral ni cavamos la tumba de la fe,
por el contrario crecemos en conciencia por abrirnos a la Conciencia.

Llegará el día en el cual la moral será idéntica a la ética,
cuando los rostros reflejen la LUZ de la NESHAMÁ.

A ese tiempo los llamamos Era Mesiánica,
la cual dicen los que saben ya estamos avanzando firmemente en ella.

Puedes ser parte de los que construyen el bienestar propio y colectivo,
depende de ti.

Para saber si estás en la senda, para mejorar tu andar, para disfrutar de mayores bendiciones te espero el 6 de febrero próximo, del 2017, en el fabuloso encuentro de Cabalá que tendremos en ciudad de México.
Estoy seguro que quieres ir y podrás encontrar la manera de hacerlo.
Hay mucho para obtener de esta ocasión única y quizás irrepetible.

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