Categoría: CTerapia

  • Tiempo plenamente presente

    Si no dejas de estar pendiente del pasado,
    ¿cómo esperas atender y aprovechar las oportunidades del presente?

    Si tus brazos cargan con culpas e iras del pasado,
    ¿cómo quieres abrazar las bendiciones y beneficios que están lloviendo para ti en el presente?

    Si tu corazón se angustia por fantasías del futuro,
    ¿cómo pretendes tener calma y satisfacción en este sagrado e irrepetible aquí y ahora?

    Si no es ahora,
    ¿cuándo?

  • Un pasito

    ¡Por fin, ya era hora!
    Tomaste conciencia de que era momento de hacer el gran cambio, para mejorar, por supuesto.
    Incluso pasaste ese bloqueo que hay entre lo mental y lo emocional, todo tú estás dispuesto a dar ese pasito que te separa de sentirte y estar mejor.
    Solo falta un pequeño detalle, dar el pasito.
    Y entonces, como de alguna parte misteriosa surge esa voz, supongo que ya la tienes oída, que te susurra o te ladra sugerencias para quedarte en tu cómoda (¿?) celdita mental, para no apurarte en dejar la zonita de confort, y la escuchas y entonces… entonces…

    Te preguntas y dudas si estarás tomando la decisión correcta.
    Porque siempre que abres una puerta y pasas al otro lado, estás dejando otras cosas.
    ¿Será esto lo mejor?
    ¿No habría que haber esperado un poquito más?
    ¿Y si en verdad esto que parece tan buena opción no deja de ser una ilusión, y en lugar de ascender me caigo al precipicio horrible?
    Ahí ya estamos previendo los aspectos negativos de nuestra elección, los vemos asomarse y nos detenemos llenos de miedos.
    Entonces, paralizarse parece ser la mejor alternativa… ¿no?
    Porque… ¡más vale malo conocido que bueno por conocer! dicen las doñas del barrio y se quedan en el fango hasta que se hunden sin remedio.

    Tal vez, si no optamos por nada, si no cambiamos, seguiremos con montón de oportunidades de las cuales escoger.
    Así que, en lugar de cambiar, parece más beneficioso estar quietos, mirando la vida pasar, soñando con cambiar, imaginando una vida que pudiera ser mejor, pero sin hacer nada realmente para alcanzar el paraíso.
    Porque, si no tomamos ningún camino al mantenernos en la encrucijada, seguramente que seguiremos teniendo opciones al alcance indefinidamente… ¿no? ¡NO! Las cosas se desgastan, las oportunidades se esfuman, de tanta estrechez de acción y fantasía al vuelo nos vamos encogiendo, la vida va tomando decisiones sin consultarnos y finalmente hemos perdido el tiempo, la energía, la oportunidad sagrada de estar mejor.
    Por pretender controlar todo, perdemos todo.
    Por soñar con las opciones, nos quedamos vacíos.

    La gente también pasa, bueno… algunos se quedan como nosotros, indecisos, temerosos, idealizando el mal, esperando la magia que suceda, inventando excusas, viviendo de pretextos… y así estamos, enmohecidos, amargados, confundidos, detenidos, en la zonita de confort pero con muy poca confortabilidad.
    En tanto, envejecemos y nos vamos arrugando, el mundo escoge aunque nosotros no lo hagamos… pero en verdad, cuando elegimos no dar el paso para cambiar, ya elegimos… ¿te das cuenta?

    Entonces, ya estás a un segundo de dejar todo de lado, abandonarlo como haces siempre, pero de repente sientes como un impulso irrefrenable para cambiar… hasta que te das cuenta de que no conoces la nueva realidad, que habrán cosas que desconoces, que no tienes idea de hacia dónde ir realmente.
    ¿Cómo hacer si pasa esto o aquello?
    ¿Cuál será el paso siguiente al primer paso?
    ¡Cuánta ansiedad!
    Entonces, dejemos las cosas como están que de alguna forma misteriosa se resolverán, porque… el tiempo todo lo sana… ¿no? ¡NO!
    Y así hay ira, enojo, amargura, culpa, se echan culpas, se buscan culpables, se suma violencia y represión de la misma.
    O te hundes en la inconsciencia, te haces adicto, te mareas con cosas cretinas, cada uno tiene su mecanismos para mentirse.

    Ok, ya lo sabemos.
    ¿Entonces?
    Yo no puedo dar el paso por ti, ni tú por mí.

  • El arte de preguntar y la ciencia de responder

    Muchas de nuestras lecciones han sido acerca de la importancia del preguntar.
    Lo seguimos sosteniendo, es imprescindible aprender a preguntar.
    Hacerlo con profundidad, sin por ello ahogarse en complejidades innecesarias.
    Evidenciar el anhelo por conocer a través de sinceras interrogantes.
    No paralizarse ante la fascinación de lo que se cree.
    Atreverse a avanzar allí en donde solo se ve una muralla infranqueable.
    No quedarse con las “verdades” que son tales solamente por haber sido repetidas innumerables veces.
    Preguntar y volver a hacerlo, sin timidez, sin agresión, simplemente deseando aprender.
    Des-correr los velos para que atraviese la luz de la sabiduría, por intermedio de la herramienta poderosa de la pregunta.
    Sí, es altamente necesario aprender a preguntar, entrenarse en ello, intentar variaciones creativas que intensifiquen la habilidad investigativa.

    Pero luego, no basta con quedarse satisfecho consigo mismo, a causa del ingenio demostrado.
    Es tiempo de hacer una pausa silenciosa y dejar que las respuestas emerjan, a su debido tiempo, en su apropiado compás.
    Que florezca el entendimiento, o se aproveche para reiniciar el trabajo de investigación, pero sin apurar el momento.
    Atender, con atención sincera.
    Admitir lo que  se obtiene, aunque no se esté de acuerdo ni se comparta, sin embargo admitir que esa es la respuesta recibida.
    Luego, ya veremos de continuar analizando, de diseccionar para luego reensamblar, de mantenernos alertas construyendo conocimiento.

    Y recuerda, ser simple incluso en los temas complejos. Ser concreto, para no desviarse inútilmente. Ser claro, para evitar confusiones. Estar atento al feedback, e incluso provocarlo para confirmar la recepción. Ser humilde, en su real sentido. Ser agradecido. Evitar las agresiones. Ser respetuoso.

    Porque al final, todo esto debe ser parte del instrumental del constructor de SHALOM.

  • Salidos del paraíso

    «Tomó, pues, el Eterno Elohim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
    Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.’
    Dijo además el Eterno Elohim: ‘No es bueno que el humano esté solo; le haré una ayuda idónea.’
    El Eterno Elohim, pues, formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Lo que el humano llamó a los animales, ése es su nombre.
    El humano puso nombres a todo el ganado, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Pero para Adam / Adán no halló ayuda que le fuera idónea.
    Entonces el Eterno Elohim hizo que sobre el humano cayera un sueño profundo; y mientras dormía, tomó uno de sus costados y cerró la carne en su lugar.
    Y del costado que el Eterno Elohim tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre.»
    (Bereshit / Génesis 2:15-22)

    Dios dio los árboles del huerto del Edén para alimentación del humano, aunque le prohibió comer del árbol del conocimiento, del bien y del mal.
    Había comida “kosher”, apta, permitida, lícita para el humano y otra que no lo era. Lo prohibido para él, quizás serviría para alimento de otro ser vivo, pero para el hombre no era admisible servirse de ese producto no kosher, porque esa era Voluntad de Dios.
    ¿Por qué?
    Porque esa era la Voluntad del Eterno.

    Dios anunció que no es bueno que el humano esté solo, sino que precisa vivir acompañado por la persona que es idónea, que es aquella que funge como contraparte efectiva.
    Había a su alrededor multitud de otros seres vivos, de variadas formas y colores, atractivos o repulsivos, amistosos o lo contrario; ninguno de ellos era el adecuado para ser su pareja.
    Estaban por fuera de su límite permitido, en lo que a relación “romántica” (en todo su amplio espectro) se refiere. El humano podía estudiar las especies vivas, hacer uso de ellas, darles finalidades que le fueran provechosas y no lastimaran innecesariamente el ecosistema, pero… no, esos seres vivos no eran kosher para ser su pareja.
    Había una que era la adecuada, aquella que lo completaba como persona, esa que podía ser vivida como “mi media naranja”. No como una cuestión mística o mágica, sin rocambolescos cuentos cabalísticos o cabalisteros, sino simplemente porque hacía surgir en cada uno de los dos lazos de unión con el otro, les brotaban ideas y sentimientos únicos que los vinculaban con ese otro especial.

    Sí, al menos estas dos funciones vitales de toda especie estaban contemplados por el Eterno en este párrafo.
    Al rato, cuando comieron lo que no debían (¿seguro que fue asi?), huyeron de su responsabilidad, inventaron excusas, faltaron a la verdad, fueron indolentes en sus obligaciones, no comunicaron auténticamente con el Eterno Elohim, y otras cositas más, debieron hacerse cargo de las consecuencias de sus actos:

    «A la mujer dijo: -Muchísimo sufrirás en el embarazo; con dolor parirás hijos. A tu hombre será tu deseo y por esto él te dominará.
    Y al hombre dijo: -Porque obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé diciendo: ‘No comas de él’, sea maldita la tierra por tu causa. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.
    Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás.»
    (Bereshit / Génesis 3:16-19)

    Aquello que era idílico, propio del paraíso, se corrompió.
    Ya la relación especial con la pareja estaba teñida por otras cuestiones, donde entraban a jugar pulseadas de poder, jugarretas manipulativas, dolor, angustia, soledad, dudas, indecisión, pérdidas, entre otras cosas no tan maravillosas.
    Y el comer ya tampoco sería sencillo, armonioso, saludable, agradable y otro montón de cosas negativas en torno a la satisfacción de esta necesidad básica.

    Entonces, ¿qué aprendes para tu vida cotidiana de esa lección?

  • Dar <-> recibir

    Los niños pequeños se comportan bajo el principio de recibir para recibir, sin más variaciones que las que les impone su egoísmo natural.

    Cuando crecen un poco, aprenden y se dan cuenta de que tienen una ventaja si cambian su modalidad de relacionamiento, por ello pasan a dar con la intención de recibir a cambio.

    Luego, ya siendo jóvenes brota la típica rebelión contra el sistema de los adultos, cosa que es saludable siempre y cuando esté dentro de sus límites; por ello se impulsan a dar por el mero hecho de dar; con una total irresponsabilidad por su bienestar, la justicia o lo que es la verdadera bondad. Pero, su inexperiencia sumada a la necesidad de encontrar su lugar e identidad nos lleva a pensar y hacer cosas que con otra cabeza y edad no solemos aceptar.
    (Observación: solamente el Eterno es capaz de dar siempre, sin recibir nada. El motivo es obvio, pero a veces lo olvidamos y nos desvivimos por agradar, satisfacer, complacer, ayudar, hacer por otros mientras nos vamos desgastando, agonizando, malogrando en esa conducta lesiva para uno y el otro).

    Por último, si las cosas van bien, se pasa a la siguiente modalidad, cuando se comprende que la bondad debe ser acompañada por la justicia, siempre. Por lo cual uno recibe para dar. Midiendo con la mayor objetividad las necesidades, posibilidades, dificultades, etc. De este modo se actúa construyendo SHALOM.

    Por supuesto que esta cuatro fases también representan puntos de anclaje, pues hay gente de cualquier edad que se comporta de cualquiera de las cuatro maneras.
    Vemos gente “grande” actuando patéticamente como niñitos, avariciosamente como jovencitos, revoltosamente como adolescentes y adecuadamente como adultos. Así, con todas las variaciones posibles.

    Y tú, ¿estás en la fase acorde a tu edad?
    ¿Estás siendo socio del Eterno en la construcción de SHALOM?

  • Quejas y acción

    Tal vez lloras y te quejas por no estar donde crees que deberías estar,
    tener lo que deberías tener,
    estar con quien deberías estar,
    poseer lo que deberías poseer,
    etc.

    Ok, es un hecho, sí, no estás ahí, no tienes, no posees, etc.… ok, ya está, ya lo sabemos… ¿y ahora?

    Enfócate en el aquí y ahora, visualiza tu SHEM (nombre, pero también finalidad y a veces también sentido) y da un paso en esa dirección.
    Luego, ya veremos cuál será el siguiente paso, lo relevante es dejar la reacción impotente para dedicarte a construir un mejor presente.

  • Atención

    Siempre (o casi) estamos en busca de poder.
    Una de sus formas es atraer la atención de otros.

    Por ello, si quieres ser poderoso, pon tu atención en la otra persona. Que ella no precise hacerse notar por medios negativos para que sienta que existe a tus ojos.
    Así sentirá poder, y tú serás poderoso.

    ¿Exprese la idea de tal forma que es comprendida?
    ¿Quisieras comentarlas, criticarla, ejemplificarla, corregirla, ampliarla, anularla?
    Ahora estoy por completo atento a tu reacción.

  • De aplausos y críticas

    Cuando escuchas los elogios y te alegras por ello, está bien, pues también es necesario sentir esas caricias que otros te brindan.
    ¡Que no te hagan sentir culpa o vergüenza por aceptar aplausos y palabras bellas!
    Pero, por favor, no dependas de la aprobación ajena, no seas adicto a ella, no te desvivas por obtenerla. Por el contrario, vive de acuerdo a la senda del constructor de SHALOM, que tu conducta sea acorde, tanto si te aplauden de fuera como si no. Con bondad Y justicia, haya testigos o estos falten; te premien por tu acción o no. Siempre construir SHALOM.
    A veces será necesario mayor énfasis en la justicia, a veces en la bondad; todo en su apropiada medida y circunstancia.

    Y cuando te critiquen, escucha también. Admite que esa es la opinión del que la expresa, aunque no por ello tiene que ser verdad o siquiera acercarse a ella.
    Evalúa el contenido, no el tono ni el motivo; simplemente desprende el contenido para analizarlo y considerar cuanto te puede ayudar para mejorar tu andar por la senda del constructor de SHALOM.
    No es improbable que sea la crítica, incluso la que proviene de quien te detesta, la que te ayude a mejorarte, incluso más que las palabras lisonjeras de quien te aprecia.

    Por ahí aquello que no ves pero sí percibe el que te desprecia, es lo que precisas conocer para elevarte.
    Cuando así ocurra, agradece y sigue adelante; no te paralices, no te aplastes en tu zonita de confort.
    Cuando las palabras amargas solo sean vómitos destructivos, déjalas caer sin que te influyan, que desaparezcan en la nada, porque nada son.

  • Insignificantes, ¿eso dijo el Kohelet?

    Es habitual que el hombre se sienta vacío, abrumado por ser insignificante.
    Se inventaron muchas estrategias para olvidarnos de esto, hacer de cuenta que no estamos sumergidos en una duda existencial.
    Entonces, para huir de la realidad, nos hacemos religiosos, adictos, fanáticos, negadores. Nos llenamos de objetos materiales. Nos saturamos de información intrascendente, porque lo importante es estar entre-tenido, para espantar al cuco de la insignificancia.
    Nos narcotizamos, y nos anestesiamos, y nos embobamos con cualquier cosa, para no sufrir de nuestra precaria existencia.
    Nos creemos poderosos, administramos fortunas que no tenemos, y hasta nos atribuimos el poder controlar al universo y sus dioses.
    Algunos atrevidos hasta afirman dirigir a voluntad la Divina Voluntad.
    Y allí, siempre presente la impotencia, la falta de sentido.
    Desde que el hombre es hombre, desde Adam, que nos pasa esto.
    Y por más frutos de la sabiduría que ingiramos, por más que atentemos con provocaciones, por más torres de Babel que erijamos, por más opresión que apoyemos, por más dioses que nos calmen con sus inexistentes clamores; siempre estaremos indefensos, inoperantes, siento el absurdo de no poseer el poder, de estar sin sentido.

    Y es normal que nos sintamos así. Lee los primeros versos del libro Kohelet/Predicador/Eclesiastés y te encontrarás con una imagen ilustrativa.
    Porque, somos NESHAMÁ (espíritu) que estamos atravesando un viaje breve por un mundo cuatridimensional.
    Estamos aquí y ahora, para aprender, para disfrutar, para experimentar, para sumar a lo teórico también lo práctico. Pero esto conlleva todo tipo de limitaciones. Lo cual tiene su aspecto positivo, pero también el negativo.
    Entonces, al introducir lo eterno en el marco estrecho del mundo, necesariamente nos sentiremos desubicados, a la búsqueda de un sentido.
    Sentido que existe, que no cambia según las creencias o las modas.
    Sentido que es conectarse con el Eterno, a través de reencontrar nuestra NESHAMÁ y permitir que su LUZ alumbre nuestras existencias.
    Entonces, estaremos conscientes de nuestro ser, podremos vislumbrar de otra forma los acontecimientos, ya el EGO no operará con eficiencia para mantenernos sometidos a celditas mentales.

    ¿Qué hacer?
    Vivir construyendo SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia.
    De esa forma, nos haremos poderosos, minimizaremos los efectos negativos de ser impotentes y pretender ser el ombligo del universo.
    Enfoquemos nuestros pensamientos en materializar el SHALOM, y no en construir barrotes invisibles que nos mantengan encarcelados a los mitos del EGO.

    Encontremos el sendero a casa, a nuestra esencia espiritual.
    Que no se hace con rituales, ni magia, ni invocaciones extrañas, ni repetición de palabras, ni religión alguna; sino con orientarnos de acuerdo a la ético/espíritu, despertar la conciencia espiritual.
    Disfrutemos de lo permitido, en tanto nos apartamos de lo prohibido.
    Fluyamos allí en donde no controlamos y no admitamos que se corrompa ni el bien ni la justicia.
    Elaboremos pensamientos creativos, divergentes, que rompan con la repetición cansina y mortal que desde el EGO nos aqueja.

    En resumen:

    «el polvo vuelve a la tierra, como era; y el espíritu vuelve a Elohim, Quien lo dio.»
    (Kohelet / Predicador 12:7)

  • La LUZ detrás de la idolatría

    Detrás de toda idolatría, de toda religión, se encuentra el deseo puro y sincero por conectarse con el Eterno.
    Por ello en la Tradición se denomina a la idolatría como AVODÁ ZARÁ, un servicio extraño; porque, se busca servir al Señor, pero de modos que son ajenos.
    Como suele ocurrir, la buena intención carente de contenido y conciencia, termina convirtiéndose más en un obstáculo que en una solución. En esto, como en cualquier otro acto humano.

    El reconocer la sincera búsqueda del Eterno como su motivación básica, NO implica que la idolatría, religión, ateísmo, sectarismo, superstición y cualquier otra manifestación similar, sean correctos, auspiciosos, adecuados; sino solamente constatamos un hecho real. Es lo que es, aunque nos parezca ilógico e incluso increíble. ¿Cómo puede ser la aparente negación de Dios el efecto de una sincera búsqueda de Él?

    Si fuera posible, al enterarse de la verdad, la persona debiera apartarse por completo de estos caminos erróneos y malditos, limpiarse de ideas extrañas, librarse del yugo perverso, para así estar en real conexión con Dios.
    SirviéndoLo completamente, con pureza, belleza, inteligencia; no de modos chanfleados y que suelen provocar distorsiones que resultan en angustias y bloqueos.
    Es decir, dejar de lado TODA religión, todo ritualismo hueco, ideologías bizarras, sectarismos y fanatismos, cualquier otra cuestión que distorsiona la existencia según es la Voluntad del Eterno para con nosotros.

    ¿Cómo puede ser que teniendo el deseo puro por Dios se termina andando por las sendas oscuras de la AVODÁ ZARÁ?
    Todos los humanos somos NESHAMÁ (espíritu) encarnados en este plano dimensional.
    Esa NESHAMÁ es nuestro lazo constante y sin interrupciones con el Eterno y el universo completo.
    Ser NESHAMÁ es nuestra identidad fundamental, esencial; lo que somos antes, durante y luego de nuestro pasaje por este mundo.
    Sin embargo, la NESHAMÁ permanece oculta, revestida por las máscaras y cáscaras que vamos vistiendo durante nuestra vida.
    Vivimos en este mundo, con todas las limitaciones, con las constantes impotencias, soportando nuestra endeble existencia.
    Como recurso de supervivencia contamos con el EGO, cuya función natural e instintiva es llamar la atención y reaccionar automáticamente para preservar la vida.
    Nos llenamos de ideas y creencias, suponemos que somos tal o cual, nos adoctrinamos en esto o aquello, nos adherimos a sectas y grupos, nos abrazamos a imágenes de lo que imaginamos ser nosotros, nos abarrotamos de las imposiciones del EGO, pecamos y por ello ponemos barreras a la LUZ de la NESHAMÁ que sigue tan bella y espléndida pero no la podemos ver ni sentir.
    Es así como estamos a oscuras, a pesar de que somos una LUZ imponente.
    Nos acostumbramos a someternos al EGO, lo ubicamos a él en el lugar de amo, lo endiosamos, lo consideramos nuestro salvador, inventamos dioses que lo representan, lo adoramos, las religiones son manifestaciones sociales de su presencia.
    Porque, eso son las religiones, solamente EGO.
    (Hemos explicado con más detalle y profundidad el origen de las religiones y su base en el EGO, por lo cual te sugiero que busques en este sitio mayor conocimiento y amplitud de visión).

    Es curioso, pudiendo contactarnos con el Padre Celestial de modo directo, inventamos las religiones para hacer de cuenta que estamos en control de los dioses y con ello en realidad nos hundimos más en la impotencia y la incomunicación.
    Así, en el fondo, en su origen santo, la AVODÁ ZARÁ es un anhelo sincero por Dios; pero en su construcción se encuentra el EGO, por lo cual se desvía y tergiversa, obviando a Dios para endiosar lo que es falso.

    Ahora que sabemos esto, ¿qué podemos hacer?
    Obviamente que no promover ninguna AVODÁ ZARÁ, porque eso es antagónico a la senda del Bien.
    Pero, se podría ser paciente y tolerante con aquel que está perdido en la noche, sometido a ella. Se puede/debe ser duro, sarcástico, hiriente con la idolatría, si ello redunda en beneficios reales para los que están esclavizados por ella o en riesgo de serlo. Ya que el Eterno aborrece la idolatría y manda su desaparición. También ser completamente firmes para no permitir a los promotores del mal operar y difundir su veneno maldito.
    Pero, repito, ser amables y amorosos con los pobres extraviados que de buena fe están atrapados por las religiones, siguen a sus diositos con ingenuidad, hacen caso a sus amos adoctrinadores con simpleza; para poder darles una mano generosa y justa así tienen la ocasión de despertar a la pesadilla y librarse del EGO y todos sus cómplices.
    Llevarles amorosamente hacia el buen camino, para que puedan desprenderse de las sanguijuelas que le están chupando la vida. Mostrarles el camino de la LUZ, sea el noajismo para los gentiles así como el judaísmo para los judíos.
    Para que la AVODÁ ZARÁ sea solo un mal recuerdo del pasado, como un salvavidas maltrecho que usaron mientras no encontraron la verdadera salvación.

    Ten presente que todos, hasta los más perdidos difusores del mal en su esencia también son NESHAMÁ. Ellos también pudieran ser rescatados de las garras del mal, si lo permitieran.
    ¡Cuánto más la buena gente que de manera torpe y sin conciencia están en la casa de la idolatría queriendo estar en la Casa de Dios!

    Por lo cual, te ruego que sigas aprendiendo y viviendo a pleno tu identidad espiritual. El noajismo si eres gentil; el judaísmo si eres judío.
    Difunde el camino correcto, por medio de tus acciones y por las prédicas de palabra.
    Construye SHALOM a cada instante con obras de bondad Y justicia.
    Sigue aprendiendo, sigue compartiendo, sigue siendo un motivo para que otros despierten y se fortalezcan en su identidad.
    Seguramente tropezarás cientos de veces por día, ¡¿y eso qué?!
    Tú eres NESHAMÁ, una chispa de Dios y puedes estar feliz y ayudar a otros a estarlo realmente.

    Te deseo para ti y los tuyos un excelente año 5776.

  • Resp. 5977 – Dios envía espíritus malos?

    En primera de Samule 16, luego de que Saúl es desechado, dice la biblia que le fue enviado un espíritu malo de parte de Jehová, Dios envía espiritus malos a personas? es esto posible? y que implica que esto suceda?
    Mauricio Téllez, 31 años, árbitro de fútbol, Santiago de Chile

    (más…)

  • Elohai ad shelo notzarti

    Estiman los científicos que el universo tiene unos quince mil millones de años, un 15 seguido por nueve ceros.
    Es una cifra enorme, inmensa.
    Nuestra modesta humanidad, esta que somos con NESHAMÁ (espíritu) apenas si roza los seis mil añitos. Es como una puntita de arena en una gigante montaña inabarcable.

    Este universo no tiene vistas de acabarse en los próximos miles de millones de años. Por ahí nuestro modesto y casi invisible sistema solar tiene unos dos mil millones años más de vida, milloncito más o menos. Pero el universo, esa impensada infinitud (al menos a nuestra escala), puede seguir existiendo hasta tiempos que no tenemos capacidad de razonar o siquiera soñar.

    Es imponente en tamaño, es impensado en dimensiones, es como si fuera eterno en años.
    Y aquí estamos, pequeñitos, como subpartículas atómicas de esta ilimitada realidad.
    Y aquí está nuestro Padre Celestial, tan incomprensible que ni siquiera el universo completo es capaz de abarcarlo o servirle de residencia temporal/habitacional.

    Y sin embargo, estamos aquí y ahora, a pocas horas de comenzar otro IOM KIPUR, listos para el encuentro sagrado con nuestro Padre.
    Desde la NESHAMÁ alumbrando con Su LUZ todos los rincones de nuestra minúscula existencia.
    Para dotarnos de humildad, que es el reconocimiento de nuestros poderes y nuestras impotencias, nuestros hechos y nuestros potenciales, nuestros errores y nuestras opciones de reparación.
    Estamos preparados para sentirnos con importancia, puesto que en esta infinitud de tiempo y espacio Él ha querido dotarnos de existencia, hacernos llegar y vivir. Tan rápido como llegamos nos iremos. Somos como sombras de pequeños pajaritos que van pasando. Somos como la nada. Polvo. Pero sin embargo, adquirimos consciencia y estamos dotados de la llave de la NESHAMÁ. Él quiere que estemos vivos, tenemos un sentido para estar aquí y ahora.
    ¡Es espectacular este regalo y el saber que Él nos lo dio!

    Podemos aprovecharlo, y dar sentido a nuestra existencia. Convertirnos en parte de la trascendencia. Ser constructores de SHALOM, con toda la metafísica que ello también implica y no hemos explicado hasta ahora.
    O podemos desperdiciar la chance, y sumergirnos prontamente nuevamente en el anonimato de la nada infinita del universo.

    Está en nosotros poder elegir entre ambas opciones y realizar una vida o solo pasar por ella.

    Para quien quiera reflexionar más al respecto le dejo este video: