La verdadera Tradición

El sabio Maimónides servía a su comunidad como rabino y al rey de Egipto como su médico principal.
En cierta ocasión el Kadi, el clérigo de los musulmanes, quiso imponer el Corán a los judíos, para lo cual presionó religiosamente a su rey.
El rey que conocía profundamente la bondad, justicia y sabiduría de Maimónides le dio la oportunidad para que el defendiera la posición judía.
El Rambam pidio que tanto el Kadi como el rey hicieran lo que él pidiera en los próximos dos días y que recién entonces el rey decidiera si los judíos merecían ser maltratados e impuesta sobre ellos la religión ajena.
El rey aceptó y así también el Kadi, aunque a regañadientes. 
Maimónides pidió que el Kadi le permitiera impartir una conferencia en la mezquita el viernes, cuando los musulmanes se congregan en su día de recogimiento semanal. El Kadi protestó, pero Maimónides le recordó la promesa que había hecho. Por tanto, ese viernes al rey y el Kadi acompañaron a Maimónides vestido de Kadi. En determinado momento del servicio Maimónides comenzó su conferencia acerca de espiritualidad, los asistentes creían que era un clérigo de su fe. Cada tanto asentían con la cabeza, aplaudían, sonreían fascinados por la profundidad, claridad y veracidad de las palabras del rabino disfrazado de clérigo musulmán. Cada palabra que decía el rabino era de Torá, de los Sabios de Israel, del Talmud, en fin, de la Tradición judía. Y los musulmanes congragados lo aceptaban y admitían. Al finalizar la jornada agradecieron encarecidamente a su Kadi por esa visita inmensa que habían recibido, que les había enseñado "el Corán" como nunca nadie antes.
El Kadi sonrió mordiéndose los labios.
Luego en privado gritó y vociferó, reclamó ane el rey por este sacrilegio, por esta ofensa que había perpetrado Maimónides, que había enseñado Torá, cultura judía a los musulmanes.
Maimónides solamente respondó que tenían un pacto y que él quería continuar con la demostración.
El rey, que era musulmán, aceptó las palabras del rabino.
Éste pidio que al día siguiente, en Shabbat, lo acompañaran a la sinagoga,
Fueron el rey y el Kadi vestidos a la usanza judía y permanecieron allí a la espera.
Llegó el momento de la lectura de la Torá, y le correspondía a Maimónides hacerla.
Empezó y cada dos palabras cometía adrede un error de pronunciación. Solamente de pronunciación, no cambiaba palabras, ni sentidos, ni omitía ni agregaba, solo variaba un poco los sonidos.
Y como una jauría la congregación vociferaba y protestaba, corregían inmediatamente al rabino, sin vergüenza aunque con respeto.
Cuando terminó la primera de las siete porciones de lectura de Torá, se acerco el administrador de la sinagoga al rabino y le dijo con total seriedad y circunspección: "Rabino, parece que tuvo una semana ajetreada en la cual no pudo preparar la lectura. No se ofenda pero permita que sea otro el que lea el resto de la parashá el día de hoy".
Maimónides aceptó sin dudarlo.
Al terminar el servicio se encontraron afuera el rabino, el Kadi y el rey.
Entonces Maimónides dijo: "¿Vieron? ¡Esto es una verdadera fidelidad y respeto a la Tradición! Todos los congregados, del primero al último me corregían de inmediato cuando cometía leves errores. No temían mi reacción ni dejaban pasar errores o tergiversaciones. Pues, ellos son poseedores de la Tradición tal como yo. En cambio, en la mezquita yo les dije palabras totalmente ajenas a su cultura, y ellos las aceptaron sin chistar, como si fuera propia. ¿Y el Kadi quiere que seamos de su religión? ¡Qué alimento espiritual es ese que cualquiera puede añadir, cambiar o hacer lo que quiera! El verdadero alimento espiritual está en la Torá y mantenido con fidelidad por los judíos apegados a la Tradición. ¿No cree rey que sería infame extirpar una verdadera conexión con Dios por una religión de hombres?"
El rey aceptó la demostración de Maimónides y preservó durante su reinado a los judíos de persecuciones.

Que esta historia verídica nos sirva de aliento y alimento.

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