Parashat Ajaré Mot 5767

Shabbat: Iyar 10, 5767; 28/4/07

 

 

Un comentario de la Parashá Ajaré Mot (Vaikrá 16:1 – 18:30)
*Para que el hombre viva*¡Bienvenidos amigos queridos!
Les propongo que disfrutemos juntos de un breve estudio de Torá a partir de nuestra parashá semanal.
Quiera el Eterno que nos sea de gran iluminación y edificación.

Nuevamente esta semana corresponde la lectura de dos parashot consecutivas, Ajaré Mot y Kedoshim.
Nosotros comentaremos brevemente un pasaje correspondiente a la primera de las mencionadas.

Escrito está, y es testimonio fiel e imperecedero:

«El Eterno habló a Moshé [Moisés] diciendo:
Habla a los Hijos de Israel y diles que Yo soy el Eterno, vuestro Elokim.
No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual habéis habitado. Tampoco haréis como hacen en la tierra de Canaán a la cual os llevo. No seguiréis sus costumbres.
Pondréis por obra Mis decretos y guardaréis Mis estatutos para andar en ellos. Porque Yo soy el Eterno vuestro Elokim.
Por tanto, guardaréis Mis estatutos y Mis decretos, los cuales el hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Yo soy el Eterno.
»
(Vaikrá / Levítico 18:1-5)

El Eterno, por ser el Creador y Amo del universo tiene pleno derecho a imponer Sus reglas y marcar Sus leyes, y nosotros, como criaturas y siervos debemos acatarlas.
Pero además, Él es nuestro Padre celestial, por tanto, además de cumplir con sumisión y reverencia con Sus preceptos, debemos tener un ánimo de gozo y regocijo, pues todos sus preceptos son buenos y tienen como finalidad central el beneficiarnos a nosotros.
Esto es un hecho cierto para todos los seres humanos, todos sin excepción somos Sus hijos, pues Él es nuestro Padre celestial que nos ha creado, y también somos Sus siervos.
Sin embargo, los judíos tenemos un deber mayor que el resto de los mortales, tenemos 613 mandamientos en lugar de los 7 que competen a toda la raza humana.
Es que, entre otros motivos, nosotros le debemos un eterno agradecimiento a nuestro Redentor, pues Él nos salvó de la esclavitud terrorífica de Egipto, nos condujo por el desierto, realizó sinnúmero de proezas y maravillas para nuestro beneficio, nos entregó la tierra de Israel y nos asentó en ella. Por si esto fuera poco nos entregó la Torá e hizo un pacto perpetuo con nosotros, por medio del cual sabemos que jamás desapareceremos como nación y mantendremos hasta el final de los tiempos nuestro lazo especial con Él.
Por tanto, nuestra gratitud debiera ser inmensa, cada día sin falta debemos tener presente esto y conducirnos de acuerdo a la magnanimidad con que Él nos ha bendecido.

En este estilo de pensamiento es lo que especifica el pasaje que hemos citado. Debemos dedicarnos con amor y reverencia, además de gratitud, a vivir de acuerdo a los dictados que Él expresó en Su perfecta e inmutable Torá.

Precisamente, la persona que cumple con los mandamientos de la Torá es la que realmente está viva. Tanto en Este Mundo como por supuesto en el Venidero.
Si bien todos respiramos, comemos, procreamos, etc. y ya por eso podríamos considerarnos como «vivos», en la realidad solamente está vivo aquel que anda por la senda de los mandamientos.
Pues, el sostener la vida del cuerpo o propagar la especie humana, solamente atañe a una pequeña porción de lo que significa el término «vida».
La «vida» es lo corporal, pero especialmente lo espiritual, que es la energía que dota de vida al cuerpo, y es la parte de nuestra personalidad que subsiste a la corrupción material y a la muerte.

Por tanto, la persona leal al Eterno, que además es agradecida, que además desea tener una vida verdadera, es aquella que se aboca con sinceridad e integridad a estudiar Torá para de esa manera cumplir cabalmente con aquellos mandamientos que le competen.

La Torá es eterna, lo sabemos.
sus palabras no se modifican ni por las modas, ni por los conocimientos científicos, ni por las pasiones personales.
La Torá es inmutable, porque así Dios lo ha decretado.
Y en esta Torá perfecta e inmodificable se ha declarado con exacta claridad que el único modo de obtener verdadera vida, en Este Mundo y en el Venidero, es por medio del cumplimiento de los mandamientos que Dios ordena.
Esta afirmación tan rotunda, no es cuestión de complicadas argumentaciones, ni de delirios teológicos, ni de ceguera de la fe, ni de cualquier otra cosa. Es lisa y llanamente lo que el Mismo Dios ha declarado en Su Torá.
El camino de la vida, es el cumplir cabalmente con los mandamientos de la Torá.
Negar esta afirmación, es oponerse tercamente a lo que Dios ha expuesto:

«Por tanto, guardaréis Mis estatutos y Mis decretos, los cuales el hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Yo soy el Eterno.»

Pero, además de aprender los mandamientos, a través del estudio de Torá, además de conocer las halajot -normas legales- que son el mecanismo de aplicación de los mandamientos, tenemos también los judíos la obligación de no perder nuestra identidad. Es nuestro sagrado deber fortalecer nuestro «ser judío», de manera tal que no se produzca la asimilación, ni de individuos ni de colectivos.
Es otro de los mandatos que está claramente expresado en el párrafo que hemos citado al comienzo.
Tenemos prohibido actuar a semejanza de los egipcios, es decir, negando la condición humana de las personas, recurriendo a las brujerías, adivinaciones y supersticiones, sometiendo al ser a las pasiones y adicciones, siendo ovejas que siguen sin crítica los mandatos de algún líder, endiosando cualquier cosa.
Y tenemos prohibido actuar como los cananeos, es decir, con estilos de vida pervertidos, adiestrando a nuestros hijos en engaños e inmoralidades, adorando animales y otros seres mientras asesinamos a nuestro prójimo.
En la actualidad aquel Egipto ha desaparecido, tal como ha pasado con los cananeos. Sin embargo, algunas de sus sucias y malignas prácticas siguen proliferando.
Por tanto, es deber del judío andar con mucho cuidado para no introducir esas creencias y costumbres perjudiciales en su vida o en su comunidad.
Por ejemplo, cuando se endiosa a un humano, se está haciendo como los egipcios.
Cuando se permite la lujuria e inmoralidad sexual, se está actuando como cananeo.
Cuando se rechaza la Torá y los mandamientos para satisfacer bajas pasiones, se está haciendo como ambos.

Entonces, la enseñanza de este día es que si queremos vivir en verdad, estudiemos Torá, especialmente que nos adentremos en el mundo de la halajá; y que nos apartemos con esmero de todas aquellas costumbres que son ajenas y que corrompen el cuerpo, el ánimo, la sociedad, el pensamiento, las creencias y nuestra confianza en el Eterno.

¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Qué sepamos construir shalom!

 

Moré Yehuda Ribco

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