Cada patriarca con su tema

Queda la impresión, cuando no se estudia cabalmente, que el patriarca Itzjac queda a la sombra de su enorme padre Avraham.
Como que es muy difícil tener su propia luz ante la imponente presencia radiante del primer patriarca.
De hecho, son escasas las narraciones acerca del patriarca intermedio, generalmente opacado por su padre y su hijo.
Al respecto, si tomamos un párrafo parecerá confirmarse:

«Itzjac volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Avraham su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Avraham. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado.»
(Bereshit/Génesis 26:18)

Cava en los mismos lugares, encuentra los mismos pozos, los llama de la misma manera.
Es decir, un calco insulso de lo que ya había sido y dejó de ser.
Como si no hubiera otra iniciativa que la de ser un repetidor, sin agregar, sin innovar.
Y ahí se queda la mayoría de los superficiales eruditos bíblicos.

Sin embargo:

«Después los siervos de Itzjac cavaron en el valle y descubrieron un pozo de aguas vivas. Y los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Itzjac, diciendo: –El agua es nuestra. Por eso llamó al pozo Esec, porque allí riñeron con él.
Abrieron otro pozo, y también contendieron por él. Y llamó su nombre Sitna.
Se alejó de allí y abrió otro pozo, y no contendieron por él. Él llamó su nombre Rejobot diciendo: –Porque ahora el Eterno nos ha hecho ensanchar, y seremos fecundos en la tierra.
De allí fue a Beer Sheva.  Y aquella noche se le apareció el Eterno y le dijo: –Yo soy el Elohim de tu padre Avraham; no temas, porque Yo estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de Mi siervo Avraham.
Él edificó allí un altar, invocó el nombre del Eterno e instaló allí su tienda. También allí los siervos de Itzjac excavaron un pozo.»
(Bereshit/Génesis 26:19-25)

Itzjac siguió su propio camino y en él iba abriendo nuevos pozos que contenían “aguas vivas”.
Es decir, aguas de vida, aguas nuevas, aguas que no habían sido conocidas anteriormente.
Usando a su padre como plataforma de lanzamiento el segundo patriarca inauguraba otras maneras de comprender el mundo y de relacionarse con él.

Avraham era el gran disertante, el conferencista que motivaba con su genialidad, el promotor de ideas y palabras de liberación.
Cuando falleció la idea se fue marchitando, los allegados devolviéndose a la confusión.
Por su parte Itzjac estaba más a gusto con el diálogo entre pares y especialmente con la acción concreta, sin tanta doctrina vociferada.
Su obra iba por ese lado, pasito a paso, haciendo pequeños adelantos que permitirían consolidar un cambio verdadero.

No luchaba contra la figura poderosa de su antecesor, sino que la superaba siguiendo su propio estilo.
Por lo pronto, para los eruditos escasos de saber, la presencia de Itzjac es tímida y apocada. Pero para los que han bebido de las fuentes sagradas y ricas de la Tradición, queda bien claro su rol fundamental en la creación de la nación de Israel.

Ambos patriarcas, así como el tercero del cual Dios mediante ya hablaremos, son excelentes modelos de vida para quien quiera atender.

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