Cómo ser poderoso gracias al shofar

Ayer seguíamos aprendiendo acerca del shofar, que es la mitzvá de Rosh haShaná, pues verlo aquí: https://wp.me/p3cYr1-4cU, en verdad, te lo recomiendo, es un texto breve pero intenso.

Hoy toca aprender una enseñanza más, de las cientos o miles que podemos compartir acerca de este importante asunto.

Los 3 sonidos tradicionales para estas fechas son: tekiá, shaverim y teruá.
Uno largo, tres medios, nueve cortos.
Cuando se toca una serie se cierra con una repetición de la tekiá. Y, para finalizar un set de series se suele terminar con una tekiá guedolá, es decir, una tekiá más larga.

Simbolismos, hay varios y algunos muy creativos.
Este que veremos ahora dice lo siguiente.
La tekiá representa como suele ser la vida de la persona: monótona, sin muchos altibajos, dentro de una ritualidad cotidiana.
Tiene algunas variaciones, ya que no es un sonido perfectamente chato, pero nada muy notable.
Piénsalo en ti mismo, cómo estás generalmente en piloto automático siguiendo acciones ritualizadas. Suena el despertador, te demoras cinco minutos, te pones las pantuflas, vas al baño, desayunas, vas al baño, te vas al trabajo, haces lo de siempre, regresas como siempre, preparas algo de comer y la vianda para mañana, ves un poco de tele o te metes en redes sociales, conversas un par de palabras con la gente en casa, vas al baño, te sacas las pantuflas, te acuestas, a dormir.
Así transcurre, como te digo, sin muchos sobresaltos, sin picos extremos ni para arriba ni para abajo.
Rompe un poco el tedio el fin de semana, quizás. Algún día feriado nacional que sea no laborable.
Algún cumpleaños, o lo que fuera. Anhelas que lleguen por fin las vacaciones.
Tratas de llenarte de cosas que te sorprendan, alegren, diviertan, distraigan, quiebren el monopolio de lo habitual; pero, básicamente, la vida es como muy estable. Como el sonido de la tekiá. Y está bueno que así sea.

Pero de repente, puede aparecer el quebrantamiento. Ya no un día de licencia bienvenida, un franco que te da el empleador; sino un tema de salud, más o menos grave. Una crisis que te pone en entredicho y rompe con esos rituales aburridos pero cómodos a los que estás acostumbrados. El mundo entero vivió esto con el imperio del coronavirus del 2020.
Algo viene para quebrar la regularidad de tu vida, partir esa tekiá tan segura y común.
Son los shevarim, que en hebreo están derivados directamente de «lishvor», que es quebrar o romper.
Ha venido la crisis y te hace trastabillar.
Ojo, la crisis puede ser un momento de oportunidades favorables impresionante, pero a menudo no sabemos como reaccionar; estamos desorientados.
O, directamente, puede ser una rotura de lo habitual y no precisamente por causas negativas, ni desempleo, ni ruina económica, ni muerte, ni enfermedad; podría ser ganar la lotería, enamorarse nuevamente, casarse, divorciarse, un embarazo, ascender en el trabajo, o lo que fuera que ha venido como un impacto que demuele la estructura anterior.

Entonces, viene el tiempo de la teruá. Estamos exaltados, confundidos, entrecortados.
Lo que dábamos por seguro, ya no lo vemos tan claro.
La vida dejó de ser una rutina y pasó a ser algo que se vive momento a momento. Como una aventura, sea de las lindas y divertidas, o de las otras…
No sabemos cómo será el segundo siguiente, porque ya nada es como era.
Hay que acomodarse, pero mientras tanto, salidos de la zonita de confort nos cuesta adaptarnos.

Nos viene a enseñar el shofar que no temamos al cambio, que luego de la zozobra llega la calma nuevamente.
Aprendemos a reestructurar una nueva monotonía, para bien esperemos, aunque muchas veces no aprendimos la lección anterior y volvemos a malos hábitos.

La idea es aprovechar las crisis, todas ellas, para aprender a ser más poderosos; con las condiciones que salgamos luego de ellas, pero siempre más poderosos.

https://serjudio.com/apoyo

https://youtube.com/yehudaribco

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