Compartir la realidad del Divino

Está «La Realidad»,
pero cada uno de nosotros
construye
«mi realidad»
a la cual  se aferra como si fuera «la realidad»
solamente cuando pasamos la línea del razonamiento
y llegamos a la intuición pura (*),
aquella voz que proviene de la NESHAMÁ,
entonces podemos comenzar a tomar consciencia de la unidad en el espíritu,
la conexión  inquebrantable entre todos y todo con El Todo.

Esta enseñanza del Rav Kook está yehudizada, es decir, pasada por el tamiz creativo de este autor, el Moré Yehuda Ribco.
No es un intento de presumir, mucho menos de usurpar la idea del maestro, y menos que menos pretender mejorar lo que el sabio ha enseñado.
Es, simplemente, mi modesto aporte a que algo de su espléndida luz llegue a aquellos que no tienen a su alcance sus magníficas enseñanzas. Lo hago desde mi estrecho conocimiento, mi superficial profundidad, por eso la idea esta yehudizada. Lo siento, quien quiera conocer al maestro de primera mano, que adquiera sus obras y las estudie con algún maestro que lo único que haga sea explicarlas (lo cual ya se convierte en otra enseñanzas, no la directa del Rav Kook. Me estoy yendo por las ramas, aunque en realidad es solamente ejemplificar lo que el mensaje de este post es. Quien comprende, lo hace.).

La única realidad objetiva, es la Divina.
Su óptica incompartible es La Realidad, La Verdad.
Lo que es, sin más.
Él es el único que accede a toda la información, y cuando digo toda, es TODA.
De todas las épocas, todos los lugares, todas las circunstancias y perspectivas.
Él Todo es un concepto tan irrazonable como la Nada o el Infinito.
Simplemente son palabras que usamos, que sentimos que comprendemos, pero que no llegamos a percibir realmente.
Como sea, forma La Realidad la inteligencia Divina, aquel que ve cada árbol y cada bosque, con todo lo que lo rodea en tiempo y espacio.

Si crees que no entendiste nada, está bien.
Si crees haber entendido, está bien.
Si crees que tienes algo para corregirme, está bien.
No voy a luchar contra tu “mi realidad”, ni pretender imponerte “mi realidad”.
A no ser que la tuya y la mía se hayan formado de la intuición pura, y por tanto no sea tu inteligencia o la mía, sino la consciencia espiritual de las cosas.

Entonces, tienes tu “mi realidad”, aquella que construyes como puedes, de acuerdo a como fuiste armando eso que crees que eres tú, al que yo llamo “Yo Vivido”.
Como verás, por todas partes construcciones, obras que no se terminan de procesar en tanto seguimos en este mundo (aunque hay personas que por diversas circunstancias son tan tercos, tan inflexibles, tan petrificados, que pareciera que su Yo Vivido es un monolito sin posibilidad de modificación. Es solo un “pareciera”, porque hasta la roca más dura, también varía).
Algunos tienen la capacidad de ser flexibles, de abrirse y de recibir la “mi realidad” de otros.
Con ello reciben insumos para deconstruir su “mi realidad” y posteriormente volver a armarla.
Quizás sumando algo de lo recibido, quizás engrosando lo que ya tenía, quizás reconstruyendo algo mucho más virulento en contra de esa “mi realidad” del otro.
Cada uno hace lo que puede y le dejan, según está siendo en este mundo.

Por supuesto que los sabios de verdad tienen procesos mucho más tendientes a una construcción eficiente.
Por eso, en el idioma de la Tradición no se les dice sabios, sino “estudiantes de sabios”, porque no paran de estar en constante tarea de aprender, desaprender, reconstruir, volver a construir.
Esa cualidad superior los acerca a la visión espiritual, a la que es certera.

Resumiendo: no vemos lo que ve el otro, jamás de los jamases; ni siquiera podemos entender como entiende el otro, aunque pudiéramos hacer un esfuerzo para dejar de estar encerrados en la celdita mental en la que habitamos; pero seguramente no podemos siquiera rasguñar una milésima de la óptica del Dios.

Y, como resumió mi amigo Jonathan Ortiz:
1. Hay una realidad
2. Cada quien construye la propia
3. Se aferra a la propia como si fuese la Real
4. Niega las demás
5. No podemos alcanzar La Realidad
6. La Realidad no cambia ni se contamina por cada “mi realidad”.

Atención: el estudio constante no sirve de nada para llegar a desprenderse de “mi realidad”, y construir una más armoniosa, en tanto no tengamos la capacidad psicológica de estar “desnudos” y sin protección, como Adam en el Huerto de Edén antes de ingerir del árbol que tenía prohibido. Y, por supuesto, contar con el maestro que está en el mismo camino de iluminación.
O, alguien que ha superado el razonamiento y llegado por fin a la intuición pura, es decir, tomar consciencia de la voz de la NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina, Yo Esencial).
Pero de estos últimos: ¡cuidado! Porque está lleno de tramposos que se hacen pasar por espirituales y maestros de Luz, pero no son más que mercaderes de religión, piratas de la fe, estafadores que incluso quizás se estafan a sí mismos a causa de su debilidad mental/emocional.
El que entiende, lo hace.

Si llegaste hasta aquí, estoy seguro que querrás compartirlo y además darme una mano para que continúe enseñando verdades espirituales: https://serjudio.com/apoyo


  • “superar el razonamiento y llegar a la intuición pura”: esto es algo que se experimenta, no algo que se comprenda intelectualmente.
    Es una experiencia post-intelectual, por lo cual, primero hay que esforzarse en pensar, razonar, investigar, educarse, aprender, meditar, reflexionar, desaprender, conversar, negociar, seguir pensando, crear pensamiento y cuando todo eso se traspasa, se llega a la intuición pura. Pero, ¡alto! Si piensas que se trata de algo solamente “mental”, pues, tampoco es así. Requiere de un trabajo extenuante para librarse, en la medida de lo posible, de las trampas del EGO, entre las cuales se encuentra el secuestro emocional.
    Como verás, no en vano solo unos pocos eran aptos para una verdadera profecía, cuando el canal de ésta estaba funcionando con mayor plenitud que actualmente.
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