La tierra no es tuya, tú eres de ella

Hay un dicho famoso que dice más o menos así: ¿Por qué te aferras tanto a la tierra si a fin de cuentas la tierra no es tuya, sino que tú eres de la tierra?

La idea es que, cuando todo termine para nosotros en esta travesía mundanal, nuestros restos mortales reposarán en ella, porque no somos dueños de nada, al menos no en lo material.
Si hubiéramos conquistado y poseído imperios, o solamente la modesta ropa que nos cubre, todo da lo mismo a la hora de la verdad.
Con nada material venimos y con nada nos quedamos.

Somos aquellos que estamos de paso, por ello la sabiduría está en hacer buen uso de lo que nos toca como porción y disfrutarlo sanamente.
Por supuesto que es de necio vivir como si no hubiera mañana, derrochando y descuidando lo que tenemos.
Pero tanto o más necio es aquel que se aferra como si siempre hubiese un mañana para él y tuviera en verdad el control sobre aquello que ahora cree poseer.
En el equilibrio está la sabiduría, salud y bienestar.

Esta idea, como tantas otras, proviene del mundo del judaísmo y más precisamente de la Torá, y con más detalle de la lectura de Torá de esta semana, en la parashá Behar.

En la Torá hay un mandamiento que se llama shemitá, conocido en español como el año sabático.
Dios ha dicho que en la tierra de Israel, y cuando la mayoría de judíos vive en ella, podemos trabajar la tierra seis años, pero al séptimo ninguna tarea podemos hacer con ella.
De hecho, queda libre para que la aproveche quien quiera venir a recoger los productos que ella siga ofreciendo.
El extraño tal como nosotros podemos disfrutar de lo que nuestra hacienda ofrece, aunque nosotros hemos puesto empeño, trabajo, dinero, etc. y el extraño no haya hecho nada, solamente llegar al séptimo año y caminar por nuestro campo recogiendo lo que desee. Tiene autorización de parte de Dios para hacerlo.
¿Suena injusto?
Pues, en la perspectiva Divina es un acto de justicia.
Si tú quieres, puedes ir al campo de otro y hacer lo mismo.
Los productos de la tierra es como si no tuvieran dueño por ese año.

Este séptimo año nos demuestra que el dueño verdadero de la tierra y de todo lo que hay en ella, es Dios, no el hombre:

«el séptimo año será para la tierra un completo descanso, shabbat consagrado al Eterno.»
(Vaikrá/Levítico 25:4)

Aunque, pareciera contradecirlo el salmista cuando afirma con alegría:

«Los cielos de los cielos son del Eterno; pero Él ha dado la tierra a los personas.»
(Tehilim/Salmos 115:16)

¿Cómo se comprende?
La duda se resuelve de manera muy sencilla.
Dios ha dado la tierra a las personas, pero no como propiedad, sino en alquiler y para usufructuarla.
Él sigue siendo el dueño, el que tiene la última palabra sobre Su pertenencia, y en el caso de la ley de shemitá lo está dejando bien en claro.

Algo parecido, pero más cercano en en el tiempo, por ser un ciclo semanal, es el día de shabat.
Mismo sentido y finalidad, otros recursos para implementarlo.
Pero, nos iríamos de tema si siguiéramos por aquí.

El mandamiento de shemitá y sus ramificaciones ha dado pie a multitud de enseñanzas de los sabios, yo quisiera compartirte ahora una de ellas.

Estamos en la tierra de paso, para disfrutarla y aprovecharnos sanamente de ella, pero no como sus amos sino como sus inquilinos, por lo cual: ¿no sería más razonable de nuestra parte no perder la vida persiguiendo lo material, que al fin de cuentas nunca va a ser nuestro realmente?
Por ello, la idea sería trabajar con empeño, pero sin obsesionarnos, sin entregar la alegría, la solidaridad, la familia, el disfrute a cambio de obtener más y más bienes materiales.
Cuidar lo que tenemos, agrandar el patrimonio: ¡claro que sí!; pero no esclavizanos a ello.

Sino que, darnos tiempo para lo espiritual, para el gozo, para pasarla bien junto a los que nos quieren.
Hacer buenas obras simplemente porque es bueno hacerlas, o porque Dios nos lo ha ordenado.
Estudiar Torá, de aquello que nos compete.
Mejorar nuestro entorno, para que cuando sea momento de devolver el cuerpo a la tierra, al despertar en el más allá podamos estar complacidos de que nuestro paso por aquí fue de añadir al bien y no su contrario.

Tenemos un período para trabajar a pleno, dedicarnos a las tareas terrenales.
Pero llega el momento de dejar todo en manos del Dueño.
Cuando el cuerpo vuelve a la tierra, ya es tarde para hacer aquello que pudimos haber hecho sabiendo que nuestra porción no es de este mundo, sino de la eternidad.

Si esta estudio te ha sido de relevancia, compártelo, agradécelo y considera de darme una mano a esta tarea enorme de difusión espiritual que vengo realizando desde hace décadas: https://serjudio.com/apoyo

Aprovecho para agradecer a Clementina, Nadia, Natalio y Daniel por su generosa contribución económica que me hicieron llegar esta semana.
Quiera Dios que tengan siempre oportunidad de ayudar y nunca precisen de dádivas de humanos.

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