El bienestar material

Para muchas personas de diferentes credos y creencias se toma como un hecho que lo material es enemigo de lo espiritual.
Como si existiera necesariamente un conflicto entre ambas dimensiones.
Por ello predican el desapego, el despojarse, el negar lo placentero, el limitarse incluso en aquello que está permitido y es placentero.
Con mayor o menor rigor, tal es su prédica (y para algunos hasta es su manera de vivir).
Así abominan de una u otra condición, llevando su vida a una pobreza en este mundo y también para la eternidad.

Pues, seamos bien claros que tales creencias son solamente distorsiones.
Son espejismos que produce el EGO (Ietzer haRá, Satán, tendencia negativa) para mantener a sujetos y sociedades postrados, impotentes, apartados del Creador.
Teniéndonos en este patético estado somos más fácilmente dominados, manipulados.
Con el consiguiente abandono de la construcción de SHALOM.

Es decir, cuando nos negamos del placer permitido y saludable, no estamos escalando rumbo a una mayor plenitud multidimensional,
sino que nos hacemos cómplices de nuestra miseria y el escaso gozo que percibiremos en la eternidad.
Es oponernos a la Divina Voluntad, con la excusa religiosa de que estamos siendo piadosos.
Es poner la religión, cualquiera de ellas, en el lugar de la santidad.
Es adorar al EGO y servirlo con pasión, aunque seamos inconscientes de ello; haciendo de cuenta que estamos siendo leales al Eterno… ¡pero no Le estamos siendo fieles!

El verdadero seguidor del Padre, colabora con la combinación equilibrada de lo espiritual con lo material.
Reconoce que el plano material es un vehículo para el aprendizaje, el servicio, el crecimiento; en tanto que el plano espiritual es la guía, la instrucción teórica, el que debe estar al mando.
Acepta con agrado que toda prosperidad material, por pequeña o enorme que sea, es siempre la manifestación de la bondad y justicia del Padre Celestial.
Dependiendo del uso de estos bienes, es cómo estaremos permitiendo que la Divina Voluntad sea expresada en este mundo.
Estamos aquí para convertir el mundo en el paraíso terrenal, que es lo mismo que alcanzar la redención en la Era Mesiánica.
Porque con cada paso que damos en esa dirección, estamos perfeccionando al mundo entero.
Sembramos la buena semilla, para recoger el fruto en esta vida y disfrutar de la cosecha en la eternidad.

Así pues, no caigas en la trampa del EGO de creer que la abundancia material es mala.
Lo equivocado es permitirnos ser esclavos de la materia y tener al dinero o los bienes materiales como una deidad.

Lo acertado es disfrutar de lo permitido y saludable, en tanto nos alejamos de lo prohibido e innecesariamente destructivo.
Así, podemos andar con tranquilidad por nuestros caminos gozando de cada oportunidad que se nos presenta, sin temor a estar pecando.
Experimentando placer corporal, emocional, intelectual, social que se traducirá en resplandores de satisfacción en el mundo venidero.

Llegado el momento, no hay persona que no abandone todo lo que este mundo otorga; sin embargo la memoria queda para la posteridad.
Si llenamos esos recuerdos de gozo permitido, entonces preservamos lo mejor que pudimos hacer durante nuestro pasaje por este mundo.

Así pues, deléitate con tu porción;
comparte con el prójimo, pero sin exagerar;
cuida de no derrochar;
planifica para no padecer de la angustia evitable mañana;
agradece por lo que te toca;
trabaja para engrandecer tus oportunidades de bienestar;
no dependas exclusivamente de lo material para sentirte feliz;
aprende a dejar ir;
no retengas lo que te perjudica;
nunca repudies el patrimonio, con el cual eres bendecido.

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