El primer mandamiento

Muchísimo daño ha hecho (y hace) a la belleza del judaísmo la introducción de ideas y pensamientos extraños, que son por completo ajenos y hasta antagónicos.
Como por ejemplo el asociar judaísmo con religión, o mucho peor como ser identificarlo con una.
El hablar de “fe”, como si fuera una creencia propia judía, siendo que es absolutamente extranjera y falta de toda vinculación.
El mencionar los “diez mandamientos”, cuando sabemos que aquellos son catorce en diez frases.
O el suponer que todo el código legal divino se reduce a esos diez, y que además es para toda la humanidad.
O mencionar al patriarca Abraham como “el padre del monoteísmo”.
O tener en mente “ley” cuando se habla de Torá.
Entre multitud de otros errores y horrores que han sido introducidos y perjudican la propia existencia del judaísmo.

Probablemente yo haya caído también en ellos alguna vez, y lo vuelva a hacer.
Nadie está libre de haber sido confundido en alguna etapa de su vida, o habérsele enseñado algún equívoco, o haber comprendido incorrectamente, entre otras posibilidades.
Somos limitados y por ello es que el esfuerzo, la atención, el estudio, el cuidado, el cumplimiento razonable entre otros factores determinan que no nos sigamos apartando de la senda correcta.

Todo esto viene a colación porque hace rato comenzamos con unas personas un ciclo de clases destinadas a fortalecer y aumentar sus conocimientos en el camino que lleva a la conversión formal y legal al judaísmo.
Doblemente necesario se hace el trabajo de ir identificando dentro del sistema de creencias que traen aquellas nociones erróneas y que pueden infiltrarse en el nuevo y depurado sistema de creencias que están trabajando para construir.

Entonces, cuando en un material impreso que trajeron decía algo de los “diez mandamientos”, de inmediato hay que poner el énfasis en lo inapropiado del nombre ese.
De que en verdad son catorce aquellos mandamientos y que están en diez frases, incorrectamente traducidas en su momento por cristianos como “diez mandamientos”

Igualmente vital y urgente se hizo descubrir que el primero de esos mandamientos, en realidad no es tal en su enunciado original, sino más bien una breve y contundente presentación del Eterno a Israel.
Al tiempo que de la mano del gran Maimónides (RaMBaM) se nos aclaró que el mandamiento es el de saber/tener conocimiento/ser conscientes de que Dios existe y opera en el mundo.
Y absolutamente NO ES “tener fe en Hashem”, porque en modo alguno tal es la aseveración que está en el marco conceptual judío.
Tener fe es un invento extraño, hasta donde sé que proviene para nosotros del cristianismo y a su vez de raíces paganas previas.
Por tanto, si el material impreso decía que el primero de los “diez mandamientos” es “tener fe en Hashem”, ¡cuánto hay para corregir y enderezar y así poder reconstruir un Yo Vivido (personalidad) que esté en armonía con el Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu)!

Porque recordemos que el exilio del hombre es al divergir el Yo Vivido (que son máscaras y cáscaras) de su Yo Esencial (que es su real rostro).
Por tanto, sea el judío natural como aquel que viene de fuera y pasa a integrar la Gran Familia, es indispensable tomar conocimiento y conciencia para ser la mejor versión que de sí mismo puede llegar a ser.

Asimismo esto es un buen método para el gentil, aunque no con los catorce mandamientos, sino con los Siete Universales que le corresponde a cada ser humano como derecho y obligación de origen divino.
Pero también para mitigar tanto drama y angustia que vivimos a causa de las erróneas creencias que nos forman, sean en el plano de lo “religioso”, como en cualquier otro.

En resumen, ni fe, ni religión, ni cualquier otra falsa atribución con respecto a las cosas judías y noájidas; así como tampoco permitir que las creencias equivocadas nos aparten de nuestra real identidad sagrada.
Entonces la presentación:

«[Haz de saber que] Yo soy, el Eterno tu Elohim que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud:»
(Shemot/Éxodo 20:2)

Toma un sentido práctico a la vez que trascendente/eterno.
Porque llegamos a conocer a Dios a través de reconocernos como NESHAMÁ.
Por tanto, nos liberamos de la tierra de Egipto, es decir, de la cultura que nos invadió y adoctrinó.
Y nos quitamos de encima la esclavitud de servir al EGO en vez de vivir de acuerdo a la ley del AMOR, que es el lenguaje de la NESHAMÁ.
Esa misma esclavitud que nos lleva a decodificar el mundo desde perspectivas religiosas, de fe, de obstrucción mental y opacamiento emocional.

Para terminar, te sugiero que si no entiendes alguna cosa de lo que traté de explicar aquí, vuelvas a leer hasta comprender.
Pero, toma en consideración que tal vez algunos de los conceptos no te sean conocidos, o que sigas enmarcado en el sistema de creencias que confunde.
Por lo cual, habrás de realizar un trabajo de descubrimiento y erradicación de lo que perturba tu bienestar.
También te invito a preguntar, puedes hacerlo, siempre y cuando antes te hayas tomado el tiempo y trabajo de tratar de encontrar las respuestas por tu parte ayudándote con los miles de textos gratuitos y accesibles que tienes para ti en este sagrado hogar: SERJUDIO.com.

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