Entre AMOR y receptividad pasiva

Hace un tiempo escribimos, basándonos en nuestros maestros: “El AMOR actúa para beneficiar al prójimo, sin perjudicarse a sí mismo, sin esperar nada a cambio.”

Tengamos en cuenta que cuando damos y el otro es un receptor pasivo, no estamos beneficiando realmente a nadie.
Nosotros nos desgastamos sin retorno.
El que recibe pasivamente, se queda en una posición de dependencia y a la vez de impotencia, aunque obtenga bienes materiales y su EGO le engañe haciéndole suponer que está en ventaja. En verdad se ahoga en su inoperancia, además de aumentar su sentimiento de vergüenza y en cierto modo de envidia. Pero además el otro no se esfuerza, ni se hace responsable, ni se compromete, está transformado en un recipiente y no en una persona completa.
Porque el recibir sin retribuir de alguna manera, en un grado mínimo es positivo, pero luego solamente se destaca por su negatividad.
Por lo cual, para no corroer nuestro ser, ni perjudicar la relación, ni ayudar a cohibir al otro, actuemos con AMOR, es decir para beneficiar ciertamente al prójimo y que con ello no nos perjudiquemos.
Y para que sea AMOR no debe faltar que no hemos de esperar nada a cambio, ni siquiera el sencillo y valioso “gracias”.
Pero si surge espontáneamente del otro, tiene un valor inmenso, incalculable.
Es por ello que el hombre tiene una gran ventaja por sobre las otras criaturas, ya que puede ser consciente de lo que recibe del Creador y agradecerlo. Por lo cual, el hecho de obtener deja de ser meramente pasivo para convertirse en un acto creativo, de asociación con el Creador.

Por tanto, actuemos con AMOR, porque así nos conectamos y extendemos la vida.
Construyamos SHALOM en todo momento, especialmente en aquellos que más nos cuesta.

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