Hacer la Voluntad del Padre

Al crear Dios la mente humana, lo hizo de tal modo que consumiera la menor energía posible pero que fuera lo más eficiente posible.
Aún así, el gasto energético mental es impresionante, si tomamos en consideración el pequeño tamaño de nuestro cerebro, en comparación a otros órganos de nuestro cuerpo.

Entre los mecanismos para cuidar la energía, está el hábito.
Esto es, la capacidad de generar respuestas automáticas a partir de conductas que han sido repetidas un número, no muy grande, de veces.
Luego de formado el hábito, la mente puede navegar sin atención a ese aspecto que ha sido aprendido y añadido al repertorio de conductas, por tanto, se libera del gasto enorme energético que implica el estar atento y consciente a lo que está sucediendo.

Si no lo entiendes, te pongo un ejemplo bastante sencillo.
Cuando comienzas a aprender a tocar un instrumento musical tienes que dedicar montón de tiempo, te equivocas, te cansas, te angustias, dudas si continuar, te avergüenzas, sigues teniendo que permanecer muy atento a lo que estás haciendo con cada dedo, las posiciones, etc.
Con el paso de las practicas, y más prácticas (y NO porque pasa el tiempo) todo se va simplificando aunque vas adquiriendo mayor complejidad en tus movimientos. Tu mente puede estar enfocándose en otras cosas y tus dedos saben donde posarse, como moverse, el ritmo para hacerlo, etc. ¿Ha sido magia o un don divino? Lo más probable es que simplemente sea el trabajo constante, la dedicación, la formación del hábito.
Si aprendiste una mala técnica, te costará horrores modificarla, pues deberás borrar ese hábito y generar uno que lo reemplace, cosa que es posible, pero implica montón de esfuerzo y gasto energético, cosa que detesta el cerebro, como ya hemos dicho más arriba.

Otro mecanismo de la mente para ahorrar energía es suponer, y también generalizar.
Con esto no perdemos tiempo y recursos corroborando, revisando, analizando, investigando, rearmando el pensamiento, etc.; sino simplemente adoptamos rápidamente alguna creencia, un prejuicio, un mandato social, o lo que fuera que nos sirva para tener alguna certeza (sea ésta certera o no).
A menudo recortamos los datos para que encajen en esa realidad que armamos con nuestro Sistema de Creencias. También engañamos, hasta a nosotros mismos. Echamos culpas. Disfrazamos la mentira. Aplaudimos la ignorancia. Adoramos maestros, que poco saben pero nos sirven para la causa de seguir siendo ignorantes pero aprobados por «la autoridad». Nos fanatizamos. Y un largo etcétera que nos aleja del razonamiento, del debate para encontrar la luz, del conocimiento, de la superación, etc.
Preferimos esa pereza mental, esa cómoda celdita mental, ser adoctrinados por el Sistema de Creencias y no salirnos de allí.

Con ello nos sentimos mejor, pero quizás nos estamos hundiendo más en lo que realmente nos hace peor.
En otras palabras, fantaseamos con ser sabios, entendidos, poderosos, conocedores, dominantes, libres, confiados, confiables, honestos y otro largo etcétera de epítetos positivos; cuando en los hechos somos gente con miedo, con tanto miedo que no nos atrevemos a confesarlo.

En realidad, el poderoso no teme a la pregunta, a la verdadera pregunta.
Se anima a decir no sé, pero no para terminar allí su excursión, sino para comenzarla.
El poderoso no se acomoda en el sillón de la zonita de comfort, ni llama hogar a la celdita mental. Prefiere la angustia de la incertidumbre a la parálisis del engaño.
Es valiente y se enfrenta con los fanáticos portadores de la oscuridad, a los que ellos declaran luz.
Aunque, a veces el poderoso es además de valiente práctico, y entonces opta por no enfrentarse a nadie, porque sabe que no tendrá mucho éxito en ayudar a los otros a salir de su celdita mental, y lo más probable es que lo destraten, maltraten o algo peor.
Entonces, se queda en su lugar, sufriendo por no poder ser plenamente ni ayudar a los demás a serlo.

Además, nadie es tan poderoso como para haber vencido a su EGO.
Por tanto, hasta aquel que tiene ventaja en su habilidad para salir de la celdita mental, también padece de miedos e impotencias. Por tanto, se recubre con sus propias suposiciones y falsedades.
No sé si se entiende el punto…

Para peor, en esta época parece que todos somos sabios, todos expertos, todos entendidos, todos conocedores, todos opinamos y creemos que por hacerlo ya nuestra opinión tiene el valor de un saber.
Es una época en donde el científico que ha dedicado multitud de recursos, de todo tipo, para hacer avanzar el conocimiento, puede ser refutado por un chiflado que desde el celular tuitea sus pavadas conspiranoicas. Lo más probable es que sea éste el último el que obtenga más adhesiones y difusión.
No sería nada extraño que así esté sucediendo, de hecho, en las cosas de judaísmo lo veo a diario.
Gente que dice disparates supuestamente místicos, decididamente supersticiosos y ultrajantes de nuestra Tradición, pero que son elogiados y difundidos con pasión y fanatismo por miles. Es que tienen un mensaje llegador, que se nutre a full en el EGO y desprecia la NESHAMÁ. Habla el idioma de la emoción, de la manipulación, y por eso tiene efectos inmediatos en obtener likes y aplausos.
Es que, la ignorancia vende.
La magia capta corazones, aunque la magia no exista…

En resumen, el camino para coordinar nuestra vida con nuestra espiritualidad está al alcance de la mano, pero debemos hacer el camino del piadoso para lograr esa sintonía sagrada.
Todos tenemos el poder para hacerlo y la ayuda de nuestro Socio Celestial.
Pero, tenemos que querer realmente y dejar de pretender imponer nuestra voluntad para permitir que sea la Voluntad de Dios la que guíe nuestros pasos.

Pero, habrá que bajar nuestra soberbia, nuestra egolatría, nuestro fanatismo, nuestro aplauso estúpido a esos maestros de perdición, nuestra suposición perezosa de que sabemos lo que tenemos que hacer porque nos parece que sabemos que lo sabemos.

Ahí te lo dejo planteado, yo vuelvo a estudiar para seguir desaprendiendo y aprendiendo a hacer la Voluntad de mi Padre.
Salud y bendición.

https://youtube.com/yehudaribco

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