La respuesta acertada

Imagínate que eres un docente, o un padre, o un líder de agrupación juvenil o similar.
Hiciste una pregunta y el niño/joven respondió pero el contenido no es correcto. Por ejemplo, capital de Israel y te contesta Tel Aviv.
Es necesario dejar constancia de que la respuesta no es acertada, porque si no lo decimos, si escondemos el fracaso, no le hacemos un favor a nadie al ocultar el error con la excusa de no lastimar el ego del aprendiz.
Pero al mismo tiempo hemos de valorar su intención de responder, su futuro como buscador de conocimiento, su valor como persona, su sentimiento que puede verse amargado innecesariamente.
Por tanto, una buena forma para dejar constancia del error conceptual pero a mismo tiempo dejar en claro la aprobación a su disposición y valor sería decirle algo así como: “Muy interesante tu respuesta. ¿Ahora, podrías decirme por favor alguna otra alternativa a esa?”. Si lo expresamos con dulzura, con sobriedad, con calidez, el niño entenderá que no estuvo acertado su intento inicial y que deberá encontrar el conocimiento, y también comprenderá que le apreciamos y valoramos, y que nos interesa su bienestar.
El bienestar real del joven está por encima del contenido acertado de su respuesta.
Pero, nuevamente, que esto no se convierta en la excusa tan progresista de perdonar cualquier cosa, alentar la pereza, fomentar la vagancia, emparejar hacia abajo, empoderar los sentimientos descartando los conocimientos.
Porque, recuerda, las buenas intenciones sin el conocimiento acertado suelen terminar en desastres.

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