Parasha Jaiei Sara 5766

Ver lo positivo… ¡siempre!

En el comienzo de nuestra parashá nos encontramos con el siguiente enunciado:

"Fueron las vidas de Sara: 100 años y 20 años y 7 años; éstos fueron los años de vidas de Sara."
(Bereshit / Génesis 23:1)

Una de las preguntas clásicas ante este versículo es: ¿Qué necesidad tenía la Torá de reiterar la voz "años" luego de cada cifra? ¿No bastaba con decir "127 años" sin más rodeos?

El gran sabio Rashi, famoso por sus comentarios concisos y generalmente esclarecedores, in situ nos explica que todos los años de la vida de la matriarca Sará fueron buenos.

Ahora bien, tal pareciera que esta explicación en realidad viene a oscurecernos el entendimiento en lugar de aclararlo, pues es bien sabido que la vida de la primera matriarca judía fue abundante en días tormentosos y de profunda angustia y dolor.

Por ejemplo, durante décadas no pudo concebir hijos; fue despreciada por su propia criada; debió emigrar a causa de hambrunas; abandonó su tierra natal; fue tomada cautiva por reyes nefastos… y tantas miserias y situaciones agobiantes más que no enumeramos o que ni siquiera imaginamos…

¿Cómo entonces asumir que su vida estuvo colmada al tope de días buenos?

Rabí Zushe de Anipoli nos brinda una explicación.
Él nos ilustra acerca de una cualidad positiva de nuestra matriarca, quien era virtuoso en el arte de decir con convicción ante cualquier circunstancia: "esto también es para bien".

Como podemos ver, Sará estaba consciente de que cada suceso encerraba una llave para abrir las puertas de las fuentes del Bien.
Esto incluso en aquellos hechos considerados oscuros y pesarosos por el común de las personas.
Tal confianza y serenidad provenían de reconocer que nada acontece en el universo sin el consentimiento del Todopoderoso.
Si Él es Bueno y Misericordioso, entonces, cada evento ha de ser para bien, aunque uno no se percate de ello, o aunque se sufra algún padecimiento puntual.
Llegar a este nivel de consciencia de la Presencia del Eterno y de Su bondad, es muy difícil, pero verdaderamente al alcance de aquellos que se aboquen con decisión y autenticidad.

¿Cómo se hace?
Pues, despacio, con paciencia y gradualmente.
Se comienza con un ánimo positivo, que tiende a valorar los acontecimientos en su justa medida.
Esto significa no recargar las tintas ni sobre lo agradable, no sobre lo que no lo es.

También implica no descorazonarse ante las adversidades, aunque se esté padeciendo hondamente por ellas y no se encuentre ni siquiera una pizca de positividad en esto.
Al no perder el ánimo, ya se está andando por el camino de lo constructivo.

El ánimo positivo también brinda perspectiva como para comprender que uno es el amo del sentido que proporciona a sus circunstancias.

La calidad de la vida no depende realmente de situaciones externas.

El ideal de la Torá es que prestemos atención a los objetivos de nuestra existencia terrenal:

  • Servir al Eterno,

  • Gozar de lo permitido y

  • Perfeccionar nuestro carácter a través de la guía que el Eterno nos ha dado.

Si mantenemos esto presente, sabremos que cada suceso es una oportunidad para crecer, un trampolín hacia la trascendencia.

Es en esto que Sará, nuestra matriarca, se especializó.

Así pues, cuando alcanzó el final de su vida terrena se pudo decir que cada instante de su existencia fue auténticamente vivido, y cada uno fue para bien.

Pero nosotros, personas que por lo general no estamos habituados a comportarnos al nivel de nuestros patriarcas, ¿cómo podemos hacer para reconocer que estamos escogiendo por el sentido positivo y no estamos dando excusas para resignarnos y no esforzarnos en verdad para crecer?

Tenemos que observar nuestro acto o actitud mientras la comparamos con la siguiente lista de criterios que identifican una postura positiva y con sentido:

  1. Lo que contiene la oportunidad segura de que se produzca algo bueno. Si luego de hacer nuestro mejor intento no se obtiene el resultado esperado, no por eso puede decaer nuestro ánimo, ya que el sentido y el intento era constructivo, como tal lo son sus frutos.

  2. Lo que no perjudica a sí mismo ni al prójimo.

  3. Lo que no está basado en el egoísmo negativo.

  4. Lo que es concreto, en el aquí y ahora, pero que siembra frutos para el Más Allá.

  5. Lo que se mantiene en el justo término medio.

  6. Lo que un erudito grande en verdadera espiritualidad podría convenir que es un acto bueno.

  7. Lo que no fatiga el ánimo, ya que no trae dudas irrelevantes, obsesiones fútiles o pasiones enfermizas.

Si nuestro acto o actitud entra en contradicción con más de un enunciado en esta lista, entonces es muy probable que estemos dando una excusa para no actuar positivamente1.

En nosotros está el poder para crecer, para alcanzar la luz incluso en la más tenebrosa de las noches… es cuestión de querer hacerlo y de entrenarse para lograrlo.

¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Cuídense y gocen de lo permitido para qué sepamos construir shalom!

Moré Yehuda Ribco

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"La persona generosa será prosperada, y el que sacia a otros también será saciado."
(Mishlei / Proverbios 11:25)


Notas:

1 Aquel que respeta las mitzvot con apego a las halajot difícilmente estará en contradicción con esta lista.

Otras interpretaciones de este pasaje de la Torá, y más estudios los hallan HACIENDO CLIC AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ.

Preguntas y datos para meditar y profundizar:

  • El acento

Un comerciante, que hacía poco había llegado al país, recibió un telegrama de su hijo. Éste se encontraba en una prestigiosa escuela fuera de la ciudad.
El comerciante no leía con facilidad el idioma del país, por lo que pidió a su secretaria que le leyera el mensaje.
La secretaría de mala gana tomo el telegrama, y con tono demandante, entre aburrido y agresivo, comenzó la lectura: "Zapatos rotos. Charcos y mucho frío. Sin abrigo decente. No hay suficiente comida. Enviar dinero!".

Cuando la mujer terminó la lectura con su tono desagradable el padre vociferó: "¿Con quién se piensa que está hablando? ¿Cómo me trata de esta manera? ¿Qué, acaso sólo me escribe para demandarme cosas? ¡Ni una moneda va a recibir de mí! ¡Ya le enseñaré yo a tratarme correctamente!"

Esa noche, a la hora de la cena, puso el telegrama ante los ojos de su esposa, y agriamente le dijo: "Lee esto, ¿puedes creer que tu hijo sea tan rudo y despreciativo?"

La madre alterada tomó el papel y comenzó a leer con voz maternal y ojos comprensivos: "Zapatos rotos" dijo en un sollozo. "Charcos y mucho frío. Sin abrigo decente." su tono de voz quebrado podría quebrar una roca. Cuando llego a las palabras "No hay suficiente comida. Enviar dinero!", ella realmente sentía y veía a su hijo famélico, desesperado, al borde del quebrantamiento, por lo que un llanto inconsolable manó de su garganta, pecho y rostro.

El comerciante, mientras abría la libreta de cheques compungido mencionó: "Ahora es diferente, ahora lo está pidiendo como un verdadero gentleman".

  • El ojo
    "El sabio tiene sus ojos en su cabeza, pero el necio anda en tinieblas."
    (Kohelet / Predicador 2:14)

    • ¿Cuál es el sentido de esta frase?

    • ¿Cómo entrenar al ojo para ver lo positivo, la luz en las tinieblas?

http://serjudio.com/bereshit/jaiesara66.htm

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