Parashat Shelaj Lejá 5772 – שלח לך

Te contaré el tema predominante en la cuarta parashá del cuarto libro de la Torá, Bemidbar/Números. Ante la incertidumbre e insistencia del pueblo y con permiso de Dios, Moshé envía líderes tribales, uno por tribu, aquellos que contaban con el apoyo de sus hermanos. Les encarga explorar la Tierra Prometida durante cuarenta días. Regresan cargados de frutas inmensas que demuestran lo descomunal que brinda aquella tierra. Diez de los exploradores aprovechan el impacto visual para afirmar que los habitantes también son gigantes y por tanto, ellos creen, que será imposible la conquista. Se ven como langostas delante de los poderosos canaaneos. Pronto se esparce un ánimo de desesperación y sospecha entre el pueblo, descreen de su poder para triunfar, ni aun con la promesa de Dios de estar con ellos. Se sienten infinitamente más débiles que sus enemigos, ¿pero lo son realmente? ¿La fortaleza está en las armas, las murallas, los músculos, el tamaño del ejército, en qué radica el poder? ¿Alguien con potencia física pero que se siente frágil, es efectivamente poderoso? ¿La belleza de la rosa, está en ella, o en el ojo que la ve, o en el cerebro de quien interpreta su imagen?
Tal parece que Calev y Ieoshúa, los dos exploradores que confían en Dios, sabían una respuesta a estas dudas, pues tratan que el pueblo recuerde que si Dios está con ellos, nada hay para temer. Él no es hombre para hacer promesas y no cumplirlas y Él había pactado que la tierra sería propiedad de los israelitas. La empresa puede parecer imposible, pero no lo es.

El pueblo se deja esclavizar por sus miedos, parecen sordos y necios a razones y evidencias, se cierran alrededor de lo que ellos sienten y creen, por lo que no permiten que se les ayude a ser libres. Al contario, claman que es preferible morir allí mismo o retornar a Mitzraim (Egipto). Lloran entre quejidos y postración. Como consecuencia, obtienen lo que desean y temen. Se decreta que no entrarán a la tierra, sino que los varones de entre 20 y 70 años morirán en el desierto, tal como ellos habían pedido. Permanecerán hasta completar 40 años en el desierto, al cabo de lo cual se permitirá que entren a la tierra de Israel.
A pesar de la orden de Dios, un grupo (los llamados “mapilim”) decide emprender la conquista de la tierra. Al contrario de sus hermanos israelitas, ellos se consideran con poder como para conquistar aquí y ahora, aunque Dios no los acompañe. Son advertidos por Moshé para que así no hagan, no tienen autorización ni la protección de Arriba. Ellos no lo oyen y rápidamente son exterminados por los hostiles y vigorosos habitantes de esa región.

Desde el dubitativo pedido de enviar expedicionarios hasta las reacciones revoltosas del final, todo fue muy grave, por lo que hubo que implorar al Eterno para que brille con Sus atributos de misericordia y mitigue Su estricta justicia. Dios respondió con la famosa frase, tantas veces repetida en los rezos de Iom Kipur: "Yo lo he perdonado, conforme a tu palabra." (Bemidbar / Números 14:20).

Hasta aquí mi narración de los hechos que suelen considerase centrales en la parashá.
Ahora, te dejo una frase, del filólogo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), para que encuentres cómo se relaciona con lo que hemos aprendido hoy:" Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti."

Un par de preguntas para ayudarte: 1- ¿Mintió alguno de los dos grupos de expedicionarios?
2- ¿Cuál es el error en común del pueblo en general y luego el de los “mapilim”?

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