Pesaj llama a tu puerta

Todos somos esclavos de nuestro EGO y por ello el anuncio de la libertad de PESAJ es vinculante para cada uno de nosotros.
No solamente los antepasados de los judíos salieron de aquella penuria, y por tanto sus descendientes deben agradecer por aquella hazaña; sino todo ser humano debe tomar el modelo y aplicarlo a su vida.
Todos tenemos la Tierra Prometida por delante, siempre y cuando podamos quebrar las cadenas de nuestro Mitzraim (EGO).

El EGO se corona como nuestro rey cuando caemos en impotencia, o porque existe o porque la sentimos.
Entonces, él acude a nuestro rescate, sea con un resultado favorable o no.
Allí está, es su trabajo, para ello fue creado por el Creador.
En la base de nuestro cerebro se encuentra siempre atento para reaccionar automáticamente ante la mínima señal de impotencia, de no poder.

Pero luego va ocupando lugares en nuestra existencia para los cuales no fue diseñado.
Se va adueñando de nuestro ser, secuestrando emociones y pensamientos.
Endureciendo su presencia en base a su repetición, así convirtiéndose en hábito; es decir, una segunda naturaleza que hemos ido aprendiendo y se endurece.

Nos conquista, desde temprana edad, cuando no tenemos consciencia ni alguna manera de evitarlo.
Se transforma de amigo y salvador eficiente, en un torturador y opresor.
Es un auténtico faraón que nos esclaviza, habiendo sido aquel que nos recogió en épocas de penurias y necesidad, y nos ofreció cobijo y seguridad.
Ahora, las cosas cambiaron.
Tal cual la historia que trae la Torá, con el descenso de los israelitas a Egipto, su asentamiento allá patrocinado por un amistoso faraón, para luego ir mutando la situación hacia la más cruel esclavitud.

Cuando somos oprimidos por el EGO, nuestras reacciones se disparan sin pensarlo ni bien sentimos impotencia.
Llanto, grito, violencia física y/o huir de la realidad, tales las respuestas básicas e instintivas. A las que se les va sumando aquellas conductas que convertimos en hábito y que adquirimos por medio del aprendizaje, del adiestramiento a los que nos vemos sometidos por el vínculo con otras personas.
Entonces, sin quererlo ni pensarlo, reaccionamos desde el EGO ni bien brota la sensación de impotencia.

A veces aprendemos a controlar la manifestación externa, aquello que puede ser socialmente rechazado.
Pero, a costo de un gran esfuerzo de contención, porque debemos dedicar energía y atención para no explotar.
La reacción del EGO está, pero no la dejemos ver… a veces.
Hasta que el dique no resiste más, y tarde o temprano explotamos, desparramando la presencia del EGO con sus colores amargos.

En otras oportunidades aprendimos mecanismos más sofisticados, y en apariencia menos terribles, pero que no dejan de ser dependientes del EGO.
Es cuando nos desesperamos por obtener apariencias de poder y así calmar ilusoriamente la sensación de impotencia.
Por ejemplo, al adquirir algo innecesario pero socialmente envidiado, afrontando para ellos costos exorbitantes.
Por ejemplo, el tipo madurito que deja a su familia para correr como adolescente en celo detrás de una mujercita joven y bella.
O aquella dama que pone en riesgo su salud para levantar su trasero y busto, o deforma su rostro buscando eliminar arrugas naturales y hermosas.
O el que se compra un auto tremendamente caro, impresionante, quedando endeudado de por vida, pero así se puede ufanar ante los que envidian.
Y ejemplos por el estilo, que puedes recordar o imaginar tú.

Esta acción del EGO no es llanto o queja, ni violencia verbal, ni agresión física, tampoco engaña o roba, ni manipula o maltrata directamente.
Es “comprensible” (nótese las comillas) y hasta amable.
Podemos encontrar alguna justificación muy plausible.
Por ejemplo, el tipo no estaba feliz con su vida familiar… ¿Acaso no tiene derecho a ser feliz con la mujer que quiere?
O, la dama estaba acomplejada por su cuerpo que se iba avejentando… ¿Acaso no puede hacer uso de los beneficios de la medicina moderna para estar feliz con su imagen corporal?
O, esa persona lleva una vida muy modesta, apenas si se da algún gusto… ¿Acaso está mal que quiera disfrutar de su vida mientras pueda y no perjudique a nadie?

Y sí, está bien.
¿Por qué no buscar la felicidad y el disfrute?
¡Eso es muy bueno!
Pero la cuestión es si se está actuando por orden del EGO o desde un lugar mejor.

No te lo responderé yo, sino que tú deberás evaluar en tu vida hasta dónde tus decisiones son motivadas por el EGO o por tu NESHAMÁ, ,o alguna otra cosa.

Sea como sea, que todas tus acciones sean de construcción de SHALOM, es decir, pensamientos, palabras y actos de bondad Y justicia.
Hacia dentro y fuera, con sinceridad y lealtad.

Que podamos ser libres en este Pesaj y todos los días.
Especialmente mi hermano Efraim, muy enfermo y atrapado por su terrible enfermedad. Quiera el Eterno darle pronta libertad, completa, sin mayores sufrimientos. Para él y toda la gente que le quiere. Con una larga y buena vida, llena de salud y bienestar.

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