Ser socio del Socio

El árbol se encuentra potencialmente en la semilla, sin embargo, la semilla debe de morir como tal para que pueda surgir el árbol.
Pero no es una ecuación automática, puesto que solamente ocurrirá cuando se den las condiciones mínimas y necesarias para que suceda.

Al final de la parashá anterior (Noaj) encontramos que en la familia humana había nacido Avram hijo de Téraj, décima generación desde Noaj.
Ya de pequeño fue un disruptor, un rebelde, un generador de cambio.
No permitió que la insufrible y cómoda zona creada por el Sistema de Creencias lo dominara, sino que con firmeza y persistencia iba quebrando una tras otras las restricciones mentales que le imponían.
No se ataba a dioses ni a gobernantes. Criticaba hasta desmenuzar cada una de las creencias y lemas. Confrontaba las “verdades” y hábitos de los demás para que pudieran liberarse también y hacerse un poco más humanos y menos autómatas, primero lo hizo de forma belicosa y cuando maduró con mucha flexibilidad y compasión.
Se puso a la cabeza de un movimiento renovador, o más bien: restaurador; pues, él había redescubierto el monoteísmo y a viva voz lo proclamaba y ofrecía a quien estuviera al alcance de su influencia.

Era una semilla que estaba tratando de convertirse en un fuerte y espléndido árbol.
Quería que su sombra cubriera a los chamuscados por el sol y refugiara a los asfixiados por el calor. Que sus frutos alimentaran a los necesitados. Que su presencia guiara a los confundidos. Que su descendencia se multiplicara y con ellos la bendición que derramaba generosamente para los demás.
Pero para eso debía morir Avram y nacer Abraham, el que sería padre de muchas naciones: las futuras 13 tribus de Israel, herederos de su legado sagrado y material así como algunas otras naciones emparentadas con ellos, tales como los descendientes de Ishmael entre otros descendientes de segundo orden.

Avram fue la pequeña vasija que daba paso a la grande.
Un limitado contenedor de la bendición Celestial que a través de su esfuerzo, de su dedicación, de su entrega, aprendió a superar las fronteras impuestas por el EGO y secundadas por la sociedad, para ser la mejor versión de sí mismo.
Este pasaje no es gratis, la semilla debe morir para que nazca el árbol.

Pero en ese trabajo la persona se va transformando y desbloqueando aquello que reduce su capacidad de comprensión, de captación de bendición, de placer. Con el cambio crece en todo lo bueno y actúa como un imán para que la bendición espiritual atraiga otros beneficios, tales como el sustento, salud, buenas relaciones, etc.
Todo esto le estaba sucediendo a nuestro patriarca Abraham, que en su crecimiento espiritual también fue acarreando bienestar material.

Podemos hacer algo similar, cada uno a su nivel.
Podemos ir trabajando para quitarnos las cáscaras y máscaras que fueron formando nuestro Yo Vivido, podemos hacer la limpieza de hábitos y creencias que nos aprisionan, para modificar nuestra personalidad y llevarnos a estar en sincronía con nuestro Yo Esencial, también llamado NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina).
Entonces dejaremos de lado excusas, miedos, sentimientos negativos, relaciones tóxicas, conductas perjudiciales, reacciones disfuncionales y nos iremos transformando en una personalidad más luminosa, saludable, consciente, alegre, conectada con la vida y el bienestar. Destrabamos el canal de la bendición Celestial y estaremos siendo dignos receptores de ella.

Para ello es tomar conocimiento de que somos chispas de la Divinidad en tránsito por este mundo. Somos hijos del Creador y estamos aquí para experimentar todo lo que nos trae la vida, pero en especial de lo bueno.
Darnos cuenta de lo que nos une, que es lo espiritual.
Pero también ser conscientes de lo que nos separa, que es el EGO, las pequeñas torpezas del materialismo. Con esto en mente, aprender a manejarnos para desempolvar la bendición y favorecernos de ella.
Al hacer cada uno su parte, que solamente cada uno de nosotros puede hacerla, estamos aceptando nuestro rol como socios de Dios y eso lo “obliga” a Él a colaborar como nuestro Socio. ¿Habrá un poder más poderoso que éste?

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