Ética

La ética depende completamente de la NESHAMÁ que es el espíritu, es decir nuestra conexión permanente y sagrada con el Creador y Sostén del universo.
Desde este Yo Esencial que somos se nos señala constantemente la dirección del bien, de allí nos surge la necesidad de hacer lo bueno, es como el instinto por realizar aquello que está en consonancia con la Divina Voluntad.
No debe nada a los genes, ni a los imperativos sociales, ni especula con ventajas o promociones, no se fundamenta en razonamientos, ni es orientado por la pasión, sino simplemente es el mandato del Eterno inscrito en nuestra identidad, es el puro ser que somos más allá de cualquier acción, deseo, omisión, creencia, etc.

Aunque se confunda con la moral, no lo es, puesto que la moral tiene su asiento en las veleidades sociales, marcha al ritmo del mandato comunal; a veces es un emergente de contratos grupales o una determinación  personal.
No así la ética que, como mencionamos, su legislador es el Eterno y su anhelo está más allá de las combinaciones terrenales.
Y sin embargo, se plasma en nuestra acciones en Este Mundo.
Porque, si quedara como mera teoría, en estado de pureza apartada de la vida cotidiana, pierde todo sentido. Está en su realización práctica su sentido de existencia.

Por lo cual, nos damos cuenta de que al entrar en conflicto con los modos del EGO es cuando mayor oportunidad tiene de relucir y fortalecer nuestro Yo Vivido.
Pues, sin pulsiones instintivas, sin trampas del EGO, sin bajezas, sin oportunidad de pecar (desviarse del camino correcto) el hombre no tiene ocasión de manifestar el esplendor de su espiritualidad.
Sería un hacedor de bien, sin pretensiones, como un robot que meramente cumple su programa sin encrucijadas.
Además, sería un hacedor de bien pero sin vincularlo con la imperiosa presencia de la justicia, puesto que no habría torturas de la injusticia productos del EGO.

Es hora de conocernos más, de despabilarnos, de aprender de nosotros mismos, de abandonar las creencias supersticiosas de toda religión para abrazar la senda de la espiritualidad.
Es tiempo de manifestar el proceder ético, en este mundo tan carcomido por la corrupción a todo nivel.

Por tanto, conoce y aplica los principios del noajismo si eres gentil; similarmente con el judaísmo en caso que seas judío.

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