Voluntad y deseo

En la enseñanza cabalística, la voluntad se encuentra por encima de la esfera del pensamiento.
Es decir, la mente de manera natural no genera voluntad, sino que ésta toma su energía y presencia de otra fuente.
¿Cuál es esa fuente?
La NESHAMÁ, nuestra esencia espiritual en su faceta de KETER, la sefirá (esfera) más alta en el árbol de las vidas.
De otro plano de realidad se impone su marca en nuestra existencia terrenal.

Obviamente, debido a su origen y naturaleza, la voluntad siempre impulsa al crecimiento de la persona.
La fortifica en la senda de la conciencia, la amplifica.
La impulsa a que recorra los tramos que llevan a la senda sagrada de la construcción de SHALOM.
Por tanto, impone acciones de bondad y justicia, tanto en pensamiento, palabra y actos.

Pero, como todo en este mundo, debe atravesar diferentes capas, lo cual va debilitando su LUZ y opacando la conciencia de su proceder.
Es bueno que existan estas cortinas que velan la energía, puesto que si tuviéramos que percibirla en su pureza perderíamos toda capacidad de existencia terrenal.
No estamos capacitados, no tenemos los instrumentos, ni el poder físico para recibir en su plenitud la LUZ.
Es necesario saberlo, tenerlo presente y no recordarlo.

Sin embargo, otros encubrimientos no están al servicio de la LUZ, sino para su apocamiento.
Es cuando va quedando atrapada entre cáscaras y máscaras, olvidada, silenciada por los trabajos del EGO.
Pareciera que vencen otras fuerzas, o quizás debiéramos decir impotencias.

Así sentimos diluir la voluntad.
Ejemplo práctico. Nos admitimos estar mal físicamente, el lunes arrancamos la dieta saludable así como un programa de entrenamiento físico.
El martes por ahí estamos todavía convencidos de nuestra tarea y de su finalidad.
El miércoles ya encontramos una excusa para romper un poquito el plan de comidas. No importa, lo recuperaremos, o elaboraremos alguna excusa convincente.
El jueves ya de voluntad no queda ni el nombre.
El viernes volvimos a las comilonas y el sedentarismo.
Enojados con aquellos que nos recuerdan que prometimos cambiar.
Enojados con nosotros mismos.

La voluntad, su energía, su meta, su idea, sigue tan clara y firme como en el primer instante que nos hicimos consciente de ella.
Pero, en los hechos pareciera haberse esfumado, diluido entre tanta excusa y pereza.

Si el pensamiento no estuviera usurpado por el EGO, secuestrado y puesto a trabajar a su servicio; entonces quizás veríamos maneras para aprovechar el influjo siempre vitalizador de la voluntad.
Pero, tristemente esta poderosa herramienta queda en manos de un mal patrón, puesto que es solamente un mandadero encargado de una pequeña pero importante sección de la empresa.
Entonces, la mente divaga, o elude, o achaca culpas, o encuentra justificaciones, o promete… siendo todo ello solamente parte del jueguito del EGO.

Es posible hacer algo diferente.
La voluntad está ahí, la veamos o no.
La orientación para lo bueno también, pues la NESHAMÁ es lo que en verdad somos y nunca dejamos de ser, por más que estemos revestidos por el Yo Vivido y sus mil máscaras.

Por el otro lado, tenemos/somos el cuerpo que es limitado y dependiente.
A cada instante requiere del medio para sostenerse y funcionar.
En su naturaleza se encuentra el deseo de recibir.
Éste no es negativo, puesto que sin él es imposible la existencia material.
Sin embargo, cuando en el ser predomina el deseo de recibir, se asemeja a un agujero negro que devora y no reintegra nada, ni siquiera permite escapar un poquito de luz para beneficiar fuera de sí.
Lo cierto es que tampoco se beneficia a sí mismo, pues en tanto caos originado por este deseo, nada tiene valor ni sentido.
Es el caos en sí mismo.
La negación del bien.

El deseo de recibir debe equilibrarse con el deseo de beneficiar, para así lograr un funcionamiento dinámico y que hace buen uso de los recursos a disposición.
En lo interno como en lo externo.
En lo micro como en lo macro.
Cuando se puede funcionar en el equilibrio de recibir/dar, se está en plenitud.

Pero, el EGO interviene.
No es un ángel ni una entidad metafísica.
No es otra cosa que una zona de nuestro sistema nervioso que reacciona ante la impotencia y busca la supervivencia del ser por medio de atraer la atención de aquel que teniendo poder puede rescatarlo.
Cuando cumple su rol, es un mandadero útil y provechoso.
Pero, debido a nuestra impotencia original al momento de nacer, así como por nuestra conformación mental, contribuimos a desplazar su foco de actividad y convertirlo en el patrón de nuestras vidas.
Al EGO natural se le suma el hábito, creado por la repetición de conductas de manipulación que inconscientemente e involuntarias (al principio) realiza todo bebe saludable.

El EGO nos impulsa a acaparar, a obtener, a tomar incluso lo que no nos pertenece.
Usurpa, corre límites, violenta.
Engaña, defrauda, mueve a realizar lo que es malo para uno y el otro.

El EGO disloca el deseo de recibir, paraliza el deseo de beneficiar.
Atrapa destellos de la LUZ y los oculta.
Agobia, sume en sentimiento de impotencia con lo cual tiene mayor control.

Recordemos, todo esto es parte de procesos naturales, que no son demonios ni fuerzas ocultas misteriosas, sino lo que somos como humanos.
La voluntad se pierde, el deseo de hacer lo bueno –de manifestar el AMOR- empalidece y se oculta.
No queda voluntad, solo deseo de recibir.
Y con él, insatisfacción.
Porque no nacimos para eso.
Porque nos hace felices el sentido, entender que hay propósito y trabajar por él.

El deseo se acumula, nos pesa cada vez más.
Lo que hacemos no lo calma, por el contrario, o lo aturde por un rato y vuelve más hambriento; o simplemente engorda y crece y crece y crece.
Ocupa cada vez más regiones de nuestra vida.
Nos hace chocar con otros, quienes seguramente también padecen de esta enfermedad.

Vamos debilitándonos con conflictos internos y externos.
La insatisfacción no se satisface.
Nos prendemos al pasado y culpamos.
Nos atrapamos a fantasías del futuro y ansiamos angustiados, atemorizados por lo que no existe.

El presente se desdibuja, con las energías malgastadas.
Con la mente encerrada en la celdita mental.
Con las emociones disparándose y sin encontrar un cordel que las ate y domestique.
Las relaciones sociales son una charada, una mala obra de teatro aburrida y afectada.

Todo es perdición.
Crece la violencia, aumenta la discordia, la incomunicación atruena.
No se ve solución, por ello se delira con magia y súper poderes y poderosos.
Nos escapamos al mundo de la ilusión, reino fecundo también del EGO.

Mientras la vocecita de la NESHAMÁ sigue ofreciendo vida y satisfacción.
Ahí está la respuesta, pero preferimos oír el griterío que nos alela y aliena.
Y vamos en manada a las corridas a comprar el último smartphone, como si eso fuera la fuente de la felicidad. O comemos otro pote más de gordo helado. O metemos otro cuerno a nuestra pareja. O estafamos a otra viejita dejándola sin su pensión. O encendemos otro porro excusándonos que ahora es legal. O seguimos metidos en esa pésima de relación de pareja. O…

Mientras tanto, podemos recibir para dar.
Podemos querer para beneficiar.
Aprender para experimentar y enseñar.
Comprar para disfrutar y compartir.
Vender para ayudar y mejorar.
Competir con otros para superarnos a nosotros mismos.

Sí, podemos construir SHALOM, con acciones de bondad y justicia en pensamientos, palabras y actos.
Podemos, pero no lo hacemos…
Porque preferimos repetir oraciones religiosas, y adorar dioses, y esperar milagros, y echar culpas, y atormentar a los menesterosos, y creernos nuestras propias mentiras, y seguir inventando excusas como si con ellas estuviéramos haciéndole un bien a alguien.

Más enseñanzas, más experiencias, más felicidad y bendición te esperan en nuestro fabuloso encuentro en la ciudad de México, este 6 de febrero 2017.
¿Realmente desperdiciarás esta oportunidad de encontrarte con lo mejor de ti?
¿En verdad seguirás preso de tu EGO y dando excusas para no ser parte de este acontecimiento maravilloso?

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