Yo, el enfermo

Hay ocasiones en que las personas se presentan con alguna enfermedad o trastorno que padecen.
Ante sí mismos y ante los demás se asumen como: el esquizofrénico, el sicótico, el canceroso, el sidoso, el obsesivo-compulsivo, el depresivo, el obeso mórbido, etc.
Podría ser que no recurran a padecimientos de ominosa presencia, pero igualmente usan su defecto/contratiempo/trastorno como carta de presentación: el gangoso, el sordo, el nervioso, el olvidadizo, el distraído, el manco, el mal estudiante, el peleador, el rebelde, el opositor, el disléxico, etc.

Podemos imaginar que es poco frecuente ésta manera de exhibirse, pero hemos visto que es más habitual de lo que pudiera suponerse a primera vista. No tenemos estudios al respecto, por lo cual nos valemos de nuestra modesta experiencia.
Quizás tal vez recuerdes a alguna persona conocida que lo hace o hizo.
¿Quieres compartir con nosotros alguna anécdota al respecto? Será bienvenida, pero por favor, no des datos que permitan que conozcamos la identidad de la persona. Gracias.

¿Por qué ocurre esto?
Motivos podríamos mencionar varios, los que resultan más o menos atinados de acuerdo a la situación:

  • incorrecta comprensión de lo que es la enfermedad, por lo cual se considera que la persona es la enfermedad;
  • deseos de llamar la atención, aunque fuera por la negativa;
  • beneficios secundarios (ventajas) que se obtienen por la compasión/lástima (ser mantenido, que se le hagan los mandados, no trabajar, drogarse, etc.);
  • generar repulsión/rechazo por un tema puntual y específico –la enfermedad- salvando así de sentirse rechazado por otros motivos más “personales”;
  • mantenerse en un estado de pasividad, dependencia, no resolución, sin responsabilidad, como si de un niño pequeño se tratara;
  • etc.

Por ahí llega el momento en que la angustia es mayor que la supuesta ganancia, o tal vez se ha logrado un poquito de conciencia de que no es así la mejor manera para vivir.
O, quizás se perciba que las condiciones actuales pueden variar y de pronto verse privado de las ventajas supuestas para quedar a merced solamente de las desventajas.

¿Qué podemos aconsejarle a una persona en esta situación?

  1. no se identifique más con su enfermedad; usted es una persona completa, así como es. Padece una enfermedad/defecto/trastorno, el cual puede ser muy grave, o no. Como sea, su ser persona es una entidad mucho más preciosa y trascendente como para reducirse a ser la enfermedad.
  2. acepte que ya no es un niño y no debe vivir como tal; podrá tener necesidades que le hacen depender de otros, sin embargo, mientras pueda realizar alguna actividad, ¡hágala! Y si a causa de su enfermedad queda imposibilitado físicamente, sea activo mentalmente. Y si su pensamiento está afectado, ¡qué difícil! Tal vez encuentre rayos de conciencia, tal vez no. Usted verá.
  3. asuma que en la vida hay momentos de los buenos y de los otros, ambos son necesarios. Los momentos oscuros no son excusa para abandonarse, dejarse estar, quejarse sin probar salir. Podría ser que encuentre alguna enseñanza provechosa del tropiezo, o quizás no se aprecie ningún punto de luz entre tanta oscuridad. No importa, no se amargue por simplemente estar mal; pero no asuma que es en esa situación que tiene que quedarse el resto de sus días.
  4. tiene derecho a sufrir, por supuesto, y puede llorar si le sirve de algo. Pero no se quede en ese pantano sin vida y que malgasta sus energías y las de quienes le rodean.
  5. estar enfermo, cometer errores, fracasar, son partes normales de la vida. Saberlo y no culparse por ello es importante, como también es el no culpar injustamente a otros. Pero, está bien ser responsable y reconocer qué podría haber hecho diferente para quizás obtener una consecuencia mejor. Aprender del error, para beneficiarse y/o beneficiar a otros.
  6. plantéese una meta clara, definida, posible, y empiece desde ya a hacer todo lo que esté a su alcance para lograrla. La mejor manera de avanzar es dando pasos, uno por vez. Y si el puerto es lejano, ¡cuánto más deberá avanzar en lugar de suspirar y dejarse remolcar por las mareas sin sentido!
  7. deje de inventar excusas y comience a hacer lo que es bueno y necesario que sea hecho.
  8. tal vez el cuerpo no quiera salir de su pereza rutinaria, o podría ser que le cueste mucho por sus problemas de salud. Es comprensible, ya lo sabemos, ahora póngase en marcha.
  9. seguramente que el cerebro prefiere los hábitos, aquellos que forman la zonita de confort; es que así el cerebro ahorra energía, cosa que a él le encanta. Pero esos estrechos límites suelen esconder más displacer que gozo. Sí, costará romper la cadena del hábito, pero esto lo logrará si se pone en marcha y repite conductas alternativas y saludables, que le irán formando un nuevo y mejor hábito, al cual se acostumbrará su cerebro y escogerá por sobre el viejo hábito perjudicial.
  10. aunque cueste, deje ya mismo las ventajas secundarias que obtiene a causa de la enfermedad da ventajas. Recuerde que todo lo que disfruta lo termina pagando, de una u otra forma, tarde o temprano. Nada es gratis en la vida. Y si no cree pagarlas acá, porque se ha rebuscado muy bien su tramoya, seguramente que en la vida eterna tendrá muchas cuentas pendientes.
  11. consiga lo antes posible trabajo en su profesión, oficio, experiencia, etc. Sí, seguro que es más cómodo siendo un niño mantenido, pero ¿cuánto le está costando en felicidad?
  12. siga tomando su medicación y consultando con el especialista apropiado. No se auto medique, ni recurra a las mágicas cuestiones como piedritas, manos impuestas, agujitas, invocaciones a santos o cosas similares. Confíe en el pesado aparato científico, que por algo tiene sus mecanismos para hacerlo menos terrible que las seudo ciencias y supercherías varias.
  13. rece todos los días, hable al Padre con sinceridad, pidiendo y agradeciendo. NO hable DE ÉL, hable CON ÉL. ¿Deberá esperar un milagro? Si gusta, ¿por qué no esperarlo? Pero no se quede esperando solamente, haga lo que tiene que hacer.
  14. si teme que en su actividad profesional, que deberá retomar como mencionamos antes, podría afectar la vida, salud, patrimonio de sus clientes (u otros), encuentre una tarea que lo saque de su zonita de confort pero que no avance demasiado hacia el campo inexplorado. El ser valiente no significa ser atrevido, y el coraje no implica tontería.
  15. deje de darle vuelta a las cosas en su cabeza, o de encontrar distracciones peligrosas para no pensar. Mejor es que se enfoque en su tarea y la cumpla, paso a paso. No pretenda reconstruir Jerusalén en un día, pero empiece hoy poniendo un par de ladrillos. Pero… ¿y si el pensamiento es obstrusivo y no le permite concentrarse en otras cosas? ¡Qué buena pregunta! ¿Sabe cómo la podemos responder?
  16. recuerde, lo enfermo es el Yo Vivido, pero nunca jamás el Yo Esencial. Su espíritu permanece intocado, luminoso, saludable, ante la Divina Presencia siempre. Trate de sintonizar su NEFESH y RUAJ con su NESHAMÁ, para lo cual deberá quitar estorbos producidos por el EGO, limpiarse de máscaras/cáscaras, realizando un proceso de TESHUVÁ. Si todo esto le parece chino, es hora de ponerse a estudiar los temas que ya hemos estudiado repetidas veces en SERJUDIO.com.
  17. encuentre los ejercicios de respiración, enfoque del pensamiento y otros más que hemos ido compartiendo a lo largo de los años; encontrará alguno que le sirva.
  18. ¿entendió eso de dejar de presentarse ante usted mismo y ante los demás como su enfermedad? Si le quedó bien claro, entonces, ¿cómo es que se presentará a partir de ahora?
  19. tenga con quien conversar de sus cosas, que no juzgue, que no dé consejos que no son pedidos, que no le cierre las puertas a su pensamiento sino que le ayude a darle alas y ser creativo.
  20. el miedo tiene poder, porque usted se lo permite. Cuando hace lo necesario para tener controlada a su enfermedad, en la medida de lo posible, ¡avance!
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Jonathan Ortiz

Interesante Moré.

Se podría hablar también de quienes se adueñan de una enfermedad «mi cáncer», «mi daltonismo», «mi migraña», «mi sobrepeso»…?

Por otro lado, no solo están los que se presentan a si mismos como su enfermedad, también están los padres que presentan a sus hijos como la enfermedad, «mi hijo autista», «mi hijo el especial (down), mi hijo el hiperactivo… etc.

Jonathan Ortiz

Citaré algo que ud me dijo hace 10 años cuando pasé por el cáncer.

«Aunque la enfermedad es parte de mi vida, no es de lo que se trata toda mi vida».

aliciak

Bueno conocemos infinidad de ellos pero que tal si le damos el micrófono al enfermo jajajajaja Para algunos no,Nos es fácil aceptar una enfermedad o un síndromes como quiera que se llame el malestar Justo por eso por que odiamos la etiqueta,otros optamos por ignorar los síntomas que realmente están sucediendo y vemos a los enfermos como quejosos,que nos cansan con sus infinitas quejas y peor aun que no hacen nada por cambiar su situación ignorando así nuestros propios síntomas en fin Para mi es nuevo este síndrome de la fibromialgia a pesar de estar latente desde hace más de… Read more »

Delallel

Es cierto q mejor seguir avanzando, dentro de ciertos límites.
Q buen pan, lo compartiré en las redes por citas cortas. Con permiso.
Gracias por estos consejos.

aliciak

Que bueno fue volver a leerlo

aliciak

Que bueno fue volver a leerlo

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